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Sobre traspaso de poder en Cuba

Como todos saben, el 19 de abril se designó al nuevo presidente de Cuba. Fue nombrado Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, en un proceso que no hubo elecciones. Raul Castro no permitió que hubiese ningún tipo de capacidad para elegir. Sencillamente la Comisión Nacional de Candidaturas (CNC) propuso a un solo candidato para el puesto de Presidente del Consejo de Estado y a los diputados de la Asamblea Nacional solo les quedó la posibilidad de aprobar esta candidatura. En otras palabras, la vieja maña se repite, sigue siendo el Partido Comunista de Cuba (PCC) a través de la CNC, quien elige a los funcionarios, que luego los otros miembros del PCC, en el cargo de diputados, ratifican unánimemente.

Ahora bien, la primera conclusión lógica que podemos sacar del nuevo presidente es que es un hombre del régimen, formado por el régimen y que calificó a ojos de Raul Castro como la persona más confiable para continuar con el legado de Fidel Castro y de él mismo. Visto así parecería que todo está atado y bien atado; pero la experiencia histórica ha demostrado que en regímenes dictatoriales nunca se sabe que piensan verdaderamente los funcionarios estatales, ya que generalmente estos nunca dicen lo que piensan, sino lo que es más conveniente, debido a que una opinión que no sea bien vista por sus jefes puede traerles graves problemas.

En tal sentido podemos recordar los casos de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, quienes se encontraban aún más comprometidos con el régimen que Diaz-Canel y, sin embargo, cuando se les realizó un chequeo de inteligencia quedó demostrado que cuando estaban en intimidad manifestaban gran descontento con el sistema y no concordaba su discurso público con el privado, lo que les costó que les defenestraran.

La mayoría de los miembros del PCC cuando los atacan, más aún si es en público, se atrincheran en su “ideología revolucionaria” para cuidar su imagen y su estatus malversador; pero si les hablas desde una crítica, objetiva y moderada son ellos los que se van más adentro en las críticas y las inconformidades.

Como referente histórico podemos citar el caso de la transición española donde el Rey Juan Carlos fue el sustituto elegido por Francisco Franco para continuar su legado debido a que él le había educado para tal encomienda. En 1975, a la muerte de Franco, nadie podía imaginar que su sucesor era un hombre que tenía en mente realizar una transición democrática. Pero el tiempo demostró que sí, el Rey era un hombre demócrata, solo que no podía expresarlo en ese momento debido a que existían todavía personajes con mucho poder aferrados al franquismo y le hubiese costado el puesto, ir a prisión o hasta la muerte.

Si Miguel Díaz – Canel, en teoría, tuviese esta misma mentalidad, su situación sería más difícil porque el aparato de inteligencia cubano es mucho más sofisticado que el de Franco y la lógica nos lleva a asegurar que el nuevo presidente es la persona más vigilada de Cuba, y lo seguirá siendo, al menos, hasta que muera Raul Castro.

Es muy probable que la muerte del actual líder del PCC sea el momento más adecuado para que se realicen verdaderos cambios en Cuba. En ese entonces un Díaz – Canel demócrata podría apoyarse en los cuadros de su generación que como Lage y Pérez Roque tienen mentalidad de cambio y, aunque no podemos hablar de cambios radicales, si puede haber reformas que, junto a otros factores como la presión creciente que ejerce la sociedad civil independiente, el apoyo de los demócratas del mundo, las influencias de gobiernos democráticos que tienen buenas relaciones con el Estado cubano, entre otros, desemboquen en un proceso de transición democrática.

No podemos olvidar lo complejo que resultan en la historia los procesos de cambio. Vemos cuantas variables no controladas, cuantos factores determinantes actúan y cuanta incertidumbre acompaña cada decisión. A fin de cuentas la política no es una ciencia exacta donde mediante un ensayo de laboratorio se pueden determinar los resultados de las acciones de un gobierno. En política, como en toda ciencia social, solo queda remontarse a la historia y la experiencia.

Hasta ahora solo podemos expecular. Es el tiempo quien tendrá la última palabra. Así concluimos este artículo expresando claramente que no fue su objetivo crear falsas expectativas, sino también valorar una posibilidad, que puede ser real, entre tantas que pueden ser valoradas.

Amel Oliva Torres

Joven líder y fundador del Frente Juvenil de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu). Ha representado a su organización en eventos internacionales. El 2016 sostuvo una huelga de hambre por 28 días en protesta al aumento de la represión contra la oposición pacífica.
Correo: pedrozalazar1987@gmail.com

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