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Bosques salados en peligro

En el evento clasificatorio de base de la Filial Provincial de la Sociedad Cubana de Geología en Sancti Spíritus con vista a la Convención Internacional Ciencias de la Tierra, a celebrarse en el Palacio de Convenciones de La Habana en junio del presente año, fue seleccionado un trabajo presentado por investigadores espirituanos sobre los graves peligros que amenazan a los manglares de la costa sur de esta provincia.

El manglar es un equivalente costero del bosque lluvioso tropical en tierra. Constituye un ecosistema irremplazable y único, que alberga una increíble biodiversidad, y que se cuenta entre los más productivos del mundo. Sin embargo, estudios recientes de científicos espirituanos basados en el análisis de imágenes satelitales LANDSAT nos alertan de que con la complicidad de las autoridades del régimen se están destruyendo aceleradamente las áreas de manglares del sector costero sur de la provincia de Sancti Spíritus, una de las 15 en que está dividido el país.

Al parecer, el razonamiento pragmático de los dirigentes castristas es el de permitir a las empresas, cooperativas y trabajadores por cuenta propia la tala selectiva de árboles, hacer carbón y cultivar arroz en áreas de manglar y así aprovechar todos los recursos de la franja costera que en un supuesto corto o mediano plazo será invadida por el mar como consecuencia del cambio climático.

Los bosques de mangles son de los más singulares del mundo; crecen sobre los estuarios fluviales y los litorales protegidos de las zonas costeras ecuatoriales, tropicales y subtropicales, adaptados al flujo de las mareas. Las fajas de aguas tropicales que abarcan el Mar Caribe son regiones óptimas para su desarrollo como es el caso de Cuba.

Con cada pleamar, sus copas apenas asoman del agua. Y solo durante la bajamar son visibles sus raíces respiratorias o neumatóforos, que captan el oxígeno atmosférico y lo transmiten a las raíces subterráneas. Esta adaptación les permite sobrevivir en un suelo sin oxígeno y con altas concentraciones salinas. Al igual que la de sus suculentas hojas, adaptadas a la escasez de agua dulce y capaces de eliminar el exceso de sal.

El manglar cubano se caracteriza por no presentar una estructura mixta: el entramado laberinto de árboles y raíces suele ser en realidad una masa forestal ordenada que crece en bandas según su distinto grado de resistencia a las inundaciones sistemáticas de las mareas, y por tanto, a la sal.

Las áreas boscosas de mangle rojo, prieto, yana y patabán protegen nuestras costas de los cambios provocados por las mareas y los huracanes. Durante las inundaciones provocadas por el desbordamiento de los ríos, sus raíces ayudan a retener la avalancha de aguas cargadas de cieno, con lo cual protegen a los organismos vivientes que de otro modo se dañarían en la zona cercana a la costa. También la purificación de las aguas, la formación de turba y la conservación del suelo y de las aguas subterráneas forman parte de las funciones físicas de una ciénaga de manglares. Si dichos procesos no se realizan, la costa puede deteriorarse.

Estos bosques salados ofrecen refugio a comunidades de seres vivos que pasan en este hábitat toda su vida o parte de ella. Muchas criaturas marinas vienen a desovar entre los mangles y en ellos desarrollan las primeras fases de sus ciclos de vida. En otro proceso, los descomponedores celebran festines permanentes con las hojas muertas de los mangles. Balanos, ostras, gusanos y algunos crustáceos libres se alimentan del suelo saturado en detritus del manglar. Finalmente, los organismos microscópicos concluyen la tarea de reciclar la energía y los nutrientes que se produjeron primeramente en ¨la fábrica¨ que constituyen las hojas del árbol de mangle.

Por otra parte, muchas especies de la avifauna van y vienen, de acuerdo con los ciclos migratorios o los patrones alimentarios, para aparearse y anidar. Gran cantidad de estos animales constituyen una atracción para habitantes locales y ecoturistas que disfrutan de la observación de aves en esta provincia donde tradicionalmente se ha manteniendo un perfecto equilibrio entre las personas y el manglar. Pero los manglares son ¨bosques salados¨ especiales y frágiles, y es muy lamentable que las autoridades del Gobierno cubano estén permitiendo la destrucción acelerada de sus áreas.

Abel Hernández

Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana con máster en Ciencias de Ecología y Sistemática Aplicada por el Instituto de Ecología y Sistemática de Cuba. Ha trabajado como director del Museo de Historia Natural de Sancti Spíritus, Jefe del Área de Investigación Cultural Dirección Provincial de Cultura de Sancti Spíritus, profesor universitario con la categoría de Auxiliar. Obtuvo Premio en Divulgación Científica en los Concursos Nacionales Pinos Nuevos 1999, La Edad de Oro 2001, La Rosa Blanca 2002 y 2006, y La puerta de papel 2008; y Sendero de Luz 2009, 2010 y 2015, de la Biblioteca provincial Rubén Martínez Villena por haber sido el escritor más leído en 2008, 2009 y 2014.

Correo: pronaten2015cuba@gmail.com

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