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El regreso del iddé

El iddé es una manilla que alterna cuentas verdes y amarillas. Es uno de los atributos de los hijos de Orula. Orula u Orunmila, es una deidad yoruba que sincretiza a San Francisco de Asís. Es el dueño de los oráculos, el encargado de escudriñar los destinos de los hombres y ofrecer una lectura de futuro, una guía para encaminar la vida. Los cubanos de cualquier edad usan el iddé.

Como muchos símbolos religiosos, no solo del sistema yoruba, el iddéfue relegado lejos del alcance de la vista del condicionamiento político. Actualmente es común encontrarse a personas vestidas de blanco con sus collares de cuentas de colores y escuchar en cualquier barrio un “toque de tambor” o bembé, donde se reúnen los adeptos al culto y los adictos al ron, que siempre corre profusamente en tales ceremonias religiosas. Sería pintoresco si no llevara consigo una triste historia de represión.

La religión, considerada “opio del pueblo” por la doctrina marxista-leninista, fue una de las primeras amputaciones sociales de la Revolución cubana. Bajo pretexto del comunismo científico enseñado por los soviéticos, la religión fue tachada de superstición y los templos de todas las denominaciones se consideraron refugios contrarrevolucionarios. Se estableció una curiosa sinonimia: la religión era cuestión de homosexuales y desafectos al Gobierno revolucionario (gusanos); la homosexualidad, era cuestión de creyentes y gusanos; y la gusanería, era cuestión de homosexuales y creyentes. Dicho así, parece una reducción caricaturesca. Los campamentos de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), fueron campos de trabajo entre 1965 y 1968, dijeron otra cosa.

No obstante, en la privacidad inaccesible de sus mansiones, los líderes de la Revolución mantuvieron sus creencias. Cercenar la práctica religiosa no fue más que una estrategia política, quizás por la similitud que poseen la religión y el comunismo en su manera de gobernar. Ninguno de los dos sistemas es democrático, de manera que se trataba de una lucha de poder más que de una cuestión ideológica.

Aunque algunos creyentes desmemoriados insistan en repetir que la Revolución nunca los persiguió, lo cierto es que las iglesias y cabildos volvieron a llenarse después de la caída del muro de Berlín y el derrumbe del campo socialista. La escasez invadió Cuba con el llamado período especial, y fue necesario recurrir a lo que hiciera falta para que la gente mantuviera sus instintos a raya. La religión era un as bajo la manga. Nada mejor para el hambre que pedir el maná del cielo, y nada mejor para las enfermedades que la medicina verde recomendada por orishas y babalaos. Después, Juan Pablo II visitó Cuba en 1998, precedido por su fama de haber contribuido al derrumbe del campo socialista. En Cuba se logró que el 25 de diciembre volviera a ser feriado y que se autorizaran las procesiones en las fiestas patronales.

Fueron demasiados años de silencio en una época de conmoción universal. A la iglesia católica cubana, por ejemplo, le coincidió la Revolución con la celebración del Concilio Vaticano II, un concilio que pretendía modernizar la institución o, como dijo Juan XXIII, “abrir las ventanas para que entre un poco de aire fresco”. Esa modernización tardó años en hacerse efectiva en Cuba. También fueron los años del auge de la teología de la liberación, una vertiente católica que simpatizaba con el comunismo y alentaba las guerrillas y la lucha armada como “opción por los pobres”. Muchos seminaristas cubanos, después de la represión de las UMAP, fueron conquistados con el romanticismo de la teología de la liberación y se convirtieron en militantes activos y convencidos.

Primero los crucifijos y después los iddés(o ambos al mismo tiempo), lo cierto es que la religión terminó regresando por la ventana. Los cubanos recordarán aquellos debates en los que se admitió a los creyentes en las filas del Partido Comunista, algo muy criticado por los religiosos que se mantuvieron activos no obstante las presiones. No podían ser compatibles una doctrina atea y una teísta. Ambas tenían que dejar muchas cosas esenciales para conciliarse; por lo tanto, ni una cosa ni la otra. Los creyentes que fueron admitidos en el Partido, fueron exhibidos como un show. Los que se revelaron como militantes dentro de la religión, fueron observados con suspicacia. Pero desde entonces, ya todos se colgaban el crucifijo al cuello o se ceñían la muñeca con el iddé. Por si acaso. Quizás sea esta la peor consecuencia de la avalancha religiosa después del muermo revolucionario de las primeras tres décadas: la comercialización de un sentimiento.

Con crucifijos o con iddé, todos buscan protección y se guardan de lo incierto que no proviene, precisamente, de la impredecible divinidad de turno. Todos se sienten inseguros. Todos se sienten observados, susceptibles de daño o de mal, sujetos de envidia, objetos de manipulación. El iddées un reguardo. Su proliferación es la muestra de una sociedad quebrada e insegura. Cuando todos buscan desesperadamente la protección de cualquier deidad, significa que hace mucho tiempo han sido abandonados. La ideología comunista intentó llenar ese vacío inherente al ser humano sacralizándose a sí misma, y solo ha logrado personas más vacías e inseguras. Al fin y al cabo, es lo que pretendía.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

1 Comentario

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  • Es verdad la religion es un metodo de refugio y de fe. Sin fe no tenemos nada. En fin los santos son dentro de sus soperas o casas piedras y caracoles, es de lo que esta conformado el santo. Solo que a lo que le pongamos fe sera devuelto en buena forma a nuestras vidas. No veo la religion como algo malo, cada cual profesa la suya en distinta manera siempre siguiendo las doctrinas por las que se rigen cada cual. Que existan personas que se hagan llamar profetas no significa que todos los que practicamos la religion seamos unos falsos profetas.

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