Cuba te Cuenta

Metafísica del reguetón

De mis largas estancias en hospitales, aprendí que siempre hay tiempo para reflexionar sobre temas ariscos, incluida la muerte. O con más razón. Nadie (médiums aparte), ha regresado de la muerte para ilustrarnos. Son los modos de morir los que aturden, máxime cuando arrastran largas agonías y pérdida de facultades que alguna vez fueron cartas credenciales de la personalidad. Se trata de rechazar el morir de cierta manera que no es más que la consecuencia de un modo de vivir no elegido a conciencia.

Así meditaba los días de apagón en el verano. El calor hacía de las suyas y me vi  inmerso en los chismes vecinales que la gente propaga por el mero hecho de invadir el muro de tu ventana o el de tu puerta y hablar a gritos. No valen la compunción del rostro ni las respuestas hurañas. Te ignoran y punto. La calle es pública, dicen, y eso incluye fachadas y ventanas y el arbolito en la acera frente a la verja.

Días atrás, unos pintores que trabajan en la casa del frente sacaron las puertas a la calle, las montaron sobre caballetes y asperjaron el líquido a presión para darles el gris funerario de base. El olor y las partículas tóxicas encharcaron la atmósfera. En la casa vecina dormitaba un bebé de dos meses de nacido. Lo comenté con los  pintores y se encogieron de hombros. Nadie ha protestado, dijeron. Y además, la calle es pública. Al que no le guste que se vaya. Es cierto, nadie de la familia interesada discutió. Dejaron que corrieran el tiempo y la pintura.

Días más tarde, en medio del apagón retumbaba un reguetón. El ruido provenía de la casa del bebé, con el bebé presente. Al niño le gusta, dijeron. ¿Con dos meses?, pregunté. La madre es doctora: los bebés pueden escuchar desde que están en la barriga de la madre. En el útero, doctora. Y añadí: por eso es que nacen sordos, imagino. ¿Cómo así?, preguntó ella. Estuvo de misión internacionalista en algún país latinoamericano y se le pegó el dejo. ¿Se trataba de una venganza por al asunto de la pintura? En cualquiera caso, el bebé salió perdiendo. Y el resto de los vecinos con él.

Un resto entrecomillado. A estas alturas de la vida cubana, nadie protesta por algarabías. Al contrario, sirven para enajenarse. Música para todos. Alegría para todos. Una costumbre que generó el mismo Estado. De haber aplicado normas, tenía que comenzar por él mismo. Es el Estado quien atruena las calles con cualquier pretexto político, aniversarios o actos de reafirmación.

Cada cual con su campana. Cerré la puerta y me fui al fondo de la casa. Hay calor, pero al menos el ruido se atenúa. Envidié a mis gatos en el techo. El tema de la muerte revoloteó sobre mí. Pensé que lo más terrible de morirse de un infarto, sería escuchar durante el último instante de consciencia un reguetón cederista. Para ser más exacto: lo más terrible de morirme yo de un infarto. Otros, si tuvieran la oportunidad, lo elegirían.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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