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La bandera americana: discriminada por el régimen cubano

Más allá de políticas, de ideologías, de defender una sociedad comunista, socialista o capitalista las banderas, son ese hermoso objeto que te hace estremecer cuando la admiras, cuando te identificas como parte de una patria, que se hace símbolo y cultura, identidad y tradición; se impone como parte de tu historia, de tu sangre, de tus tristezas y de tus alegrías.

Vivas donde vivas, fuera o dentro del país que te vio nacer, amar a tu himno, tu tierra y tu bandera, son los que te hacen ser un verdadero patriota. Por 60 años, la bandera americana ha sufrido la discriminación por parte del Gobierno cubano, y lo peor es contar el daño que sin querer también le ha causado al que ha nacido o visitado la isla.

La palabra yanqui, tantas veces envenenada por Fidel para sembrar el odio entre dos pueblos que tienen tanta historia, mezclada con la ignorancia de los que dirigen un país al que hacen llamar “el más culto del mundo”, hacían que la hermosa bandera americana fuera expulsada de una sociedad que en todo momento ha deseado exponer su añoranza por la libertad.

Recuerdo los gritos de mi colega de estudio: Miguel Céspedes, cuando llevaba a la escuela zapatos con la bandera americana, y la maestra le decía que tenía que salir de clases, volver a su casa y ponerse otros. El llanto no era como alumno aplicado, era porque quería lucir esa bandera, y no podía.

Cuántos niños cubanos al tener familiares o amigos, vivirían el bullying, el rechazo, la exclusión en sus centros de estudios, o jóvenes en sus centros de trabajo, por llevar de muestra en una camisa, en una gorra o en una mochila, vestimenta u objetos de la bandera americana. Analizados y hasta sancionados por no ser revolucionarios, por esta simple apreciación.

Lo peor no solo es la prohibición, es todo el proceso de manipulación, de limitaciones, de temor y de discriminación. Desde que te levantas y prendes la radio para escuchar algo al amanecer y al transcurrir las calles puedes ver propaganda política comunista que repudia en sus mensajes la existencia misma de algo tan cultural como es una bandera, o el respeto y la admiración por ser de otros país.

¿Dónde estudiaron los dirigentes comunistas cubanos?, ¿quién los graduó de tan buenos ignorantes?, ¿puede acaso una bandera ser comunista o capitalista?

Un trabajador cubano por cuenta propia de 52 años, en un desfile del 2017 por el primero de mayo, fecha que se celebra en Cuba con un desfile de forma tradicional el Día del Trabajo, paseaba por delante de la presidencia en la Plaza de la Revolución en La Habana una hermosa bandera americana. El resultado de su iniciativa fue que los más revolucionarios, los más patriotas, los más cultos de los soldaditos de plomo que tiene el régimen, vestidos de civil para simular cualquier crítica, le atacaron, lo golpearon, lo patearon, lo llevaron a prisión como si lucir en una plaza una tela con colores entre sus manos significara asesinar a alguien.

Si la bandera hubiera sido de Venezuela, de Nicaragua, de Honduras o de China todo marcharía igual, pero justamente los años le han dejado al comunismo de Fidel Castro y sus vividores, el tiempo para llenar a otros ignorantes de odio, contra los propios cubanos, de generar las diferencias, de juzgar la prosperidad de un pueblo, de reprimir, limitar y hasta censurar a quien ame, admire, vista o muestre la bandera americana.

Así, el mágico comunismo hace su hechizo, aumentando sus discursos y sus historietas, buscándole siempre una justificación a sus problemas con terceros, creando el odio y discriminando algo tan universal, cultural, histórico como lo es admirar una bandera.

Juan Miguel Fernández

Coordinador del proyecto de comunicación independiente Palabras Abiertas y Cuba Comenta. Bloguero y periodista independiente. Auditor de profesión.

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