Cuba te Cuenta

El apocalipsis y un cuento chino

En el principio fue el crucero británico MS Braemar. Rondaba por el Caribe cargado de pasajeros emponzoñados. Algunos países le negaron el puerto. Solo Cuba se ofreció a recibirlo para que los pasajeros fueran trasladados por avión. La operación, informaron, cumplió estrictamente los protocolos y fue un éxito. La imagen de los turistas con un cartel de “Te quiero Cuba” recorrió el mundo. Más de un corazón se encogió ante tamaña muestra de humanidad. 

Pero los corazones no permanecen en sístole. Había opiniones divididas cautelosamente. Algunos no eran capaces de oponerse a un gesto humanitario siempre y cuando no afectara a su familia. Otros decían que el error estaba en decir que se trataba de la respuesta unánime de una totalidad no concertada, eso que llaman pueblo. Y los de más allá lamentaban que las cosas no estuvieran bien en el Reino Unido, si un virus coronado hacía temblar la monarquía. En cambio coincidieron en que los gobiernos deben guardar su retórica humanista para ocasiones más propicias. Nadie vive de ser humano, mucho menos un gobierno. Lo humanos viven de parecer humanos. Los gobiernos viven de teorizar sobre parecidos, incluso cuando logran cierta humanidad borreguil.

Escucho sobre Nueva York y pienso en mi tío y en mis primas. Han vivido en esa ciudad desde que se marcharon en 1970. Nunca volvieron a Cuba. Según me contaron, mi tío se fue escamado por lo que vivió antes de irse. Mis primas son absolutamente made in USA. Un sujeto amigo de mi tío me dijo que no tenían recuerdos sobre mi persona. 

Escucho que Nueva York se ha convertido en “capital de la pandemia” y pienso en mi familia. Alguna vez los imaginé caminando a la sombra de los rascacielos. Ahora se me pierden por las avenidas desiertas. Mi tío es un anciano con achaques. No es un sin techo, pero es un viejo. Vive a la intemperie de los años. Esa tierra le dio lo que buscaba, aunque nunca he sabido si buscaba o escapaba. Son caminos que confluyen y cargan con la paradoja de no tener siempre sentido. Se puede ir al mismo lugar y no llegar al mismo sitio. Pienso en él porque yo sí lo recuerdo, como a mis primas. 

Por estos días mis sueños están llenos de rostros conocidos y muertos enfundados en sacos que los llevan a una fosa común. Me molesta el regodeo de los informativos cubanos al narrar las estadísticas de fallecidos y contagiados en los Estados Unidos. El gobierno de Cuba se suma al pedido de tregua de la ONU, pero él mismo sigue su bombardeo mediático y mediocre. La mitad de Cuba vive en los Estados Unidos. La mitad de Cuba mantiene comunicación con su familia americana. La mitad de Cuba tiene la doble preocupación de los que aman y están lejos y de los que aman y están cerca. La mitad de Cuba sufre por el virus más letal de las ideologías. Juro que he podido observar cierto regocijo malévolo cuando cantan las estadísticas mortales en los Estados Unidos como si fuera el número de la lotería millonaria.

Es evidente que los dinosaurios no se movían en automóviles. Un amigo me envió una imagen de satélite donde se observa la atmósfera terrestre gozando de una transparencia antediluviana. También leo que las aves migratorias están de plácemes en las playas de Lima, habitualmente recargadas de bañistas y vendedores. Intento sacudirme la idea de que se trata de un paraíso meramente circunstancial, el artificio de una pausa. No puedo eludir especular acerca del origen del virus, chino sin dudas, en sus cartas credenciales. Los pangolines, supuestas incubadoras del virus, han convivido con los humanos por milenios. Los humanos se han convertido en seres asépticos capaces de sofisticar su animalidad básica hasta el punto de manipular y utilizar lo que han condenado. ¿Existe gobierno aséptico con respecto a la moral? 

Al amanecer se escuchan los chillidos de un cerdo al que están sacrificando. Son inconfundibles. Termina una cadena. Un cerdo en la ciudad es alimentado con los restos que van acumulando los vecinos de sus comidas frugales. Pero ahora resulta imposible y hasta sospechoso recorrer el barrio con una cubeta maloliente en busca de sobrantes de comida. Además, es lógico que mermen los restos de comida. Sacrificar un cerdo que se reservaba para fin de año, es como sacrificar al hijo pródigo de la parábola bíblica en vez del carnero del festejo. Excepto el cerdo, algunos brindarán en el día de hoy por seguir vivos a pesar de todo.

Me gustan las noticias que hablan de la rápida limpieza del planeta en estos días de ahorro obligado. Me gustan también las que hablen de iniciativas como las de orquestas sinfónicas interpretando piezas clásicas, cada músico con su instrumento desde sus casas. Hoy hablaron de una comunidad italiana donde vive una cubana cantante lírica. Para gustos se han hecho colores, pero nadie podrá negar que nunca será lo mismo escuchar un aria que un reguetón. Me asusta que en Cuba recojan la pelota y la gente saque sus bocinas a las ventanas. 

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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