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Exiliarnos: una decisión que estremeció a mi familia

El pasado 28 de enero un sismo de gran intensidad sacudió la tierra en Cuba pero una difícil decisión estremeció los cimientos de nuestra familia. 

Tres días antes, las fuerzas represivas del Ministerio del Interior habían rodeado mi vivienda, y solo nos dio tiempo a publicar un twit antes que detuvieran a mi esposo Carlos Amel Oliva e irrumpieran para asaltarnos y robarnos. 

Les dije a mis dos hijitos de 5 y 8 años: “los policías entrarán a la casa, no sientan miedo, mamá estará aquí con ustedes.”

Comenzaron por la vivienda de mi madre que vive en la planta baja, luego subieron a la mía, y se extendieron por casi seis horas. Registraron desde las plantillas de los zapatos, mi ropa interior y las ollas de cocinar hasta el árbol de navidad. Robaron alimentos, medicinas, medios tecnológicos, sin dejar siquiera acta de objetos confiscados.

Al finalizar, el que supuse estaba al mando y luego confirmé que es el Jefe de la Unidad de Enfrentamiento de la provincia, dejó su número de teléfono, por si luego quería yo saber de Amel. Aunque nunca llamé, fue suficiente para comprender que no era una detención más, y algo mayor iba a suceder.

La vigilancia y el acoso directo contra mí y mis niños se mantuvo después del asalto. Y trasncurrió un día, dos y tres y Amel no llegaba a la casa. 

El día 28, en horas de la noche, mientras decidía si permanecíamos o no dentro de la vivienda, por temor a las réplicas del fuerte sismo, sentimos una voz: “Familia tráiganme 20 pesos”, era mi esposo pidiendo dinero para pagar la motocicleta en la que vino desde la primera Unidad policial de la provincia.

Lo ví deteriorado. Con ojeras, hombros caídos y algo delgado. Lo abracé, sentí tranquilidad, no lo dejé hablar, quería contarle todo lo que había ocurrido y él desconocía. 

Llegó un momento en el que me preguntó: “¿Terminaste?” Y entonces comenzó a hablar. 

Fue tan duro que no me salían lágrimas y tampoco pude pronunciar una sola palabra más. Lo que me estaba contando, era muy fuerte y rompía todos nuestros planes.

El régimen se propuso obtener el control de UNPACU a través de Carlos Amel o de quien le sucediera.

Esa propuesta se traducía básicamente en mantenerse de vocero de la organización, y en medio de una cruda represión contra la oposición cubana, ser un bravucón con el beneplácito de la policía política. Darse, por momentos, golpes a pecho abierto para decir con rudeza que se mantiene firme pero en acciones realmente determinantes, bajar la cabeza y usar excusas absurdas para no llevarlas a cabo porque son molestas para el régimen. 

La respuesta de Amel fue la misma que ha dado en estos ocho años de oposición frontal contra la dictadura “No, yo no pactaré con ustedes, yo jamás le entregaría el control de la UNPACU, por encima de todo está mi conciencia, quedar bien conmigo y con Dios.”

Pero eso no era lo más grave que él iba a escuchar en esa oficina, porque la dictadura quería de sí o sí conseguir sus objetivos. “Hasta ahora a tu esposa no le hemos hecho nada” le dijo el oficial con cinismo refiriéndose a mí. 

Para esa cruel dictadura, acosarme, detenerme y robarme, atormentar a mis hijos que tan pequeños vivían con zozobra de amanecer con la casa llena de policías, no era nada comparado con el gran daño que podrían llegar a hacerme.

Mientras Amel estaba en esa pequeña sala, mi casa estaba sitiada y así permaneció por tres días, no entendía por qué si ya el allanamiento había concluido. También colocaron una cámara en la misma esquina de mi vivienda, de un tamaño lo suficientemente grande para que no quedara duda que estaríamos siendo aún más vigilados noche y día.  

Las amenazas fueron muy claras. Tanto mi suegra como yo íbamos a ser encarceladas y solo saldríamos como la Dama de Blanco y miembro de UNPACU Xiomara de las Mercedes Cruz Miranda. Las amenazas también se extendieron en dañar a mis hijos de 5 y 8 años de edad respectivamente, mi suegro y mi cuñado.

Él tenía en sus manos la integridad de su familia y en la otra la continuidad de la organización bajo su liderazgo en Cuba y en la noche del día 28, les comunicó a los agentes que él se mantenía firme en su decisión de no colaborar con ellos pera había decidio exiliarse junto a nosotros. 

Su única condición fue hablar con José Daniel antes de salir de Cuba, y los agentes se dieron por satisfechos. Estaban a punto de deshacerse de las personas que hasta ese momento, en ausencia del máximo líder, formábamos la columna vertebral de UNPACU.

La primera persona con la que Amel habló al salir del calabozo fue conmigo. Esa noche fue muy larga, amanecimos conversando en la cama, con una tristeza y un vacío solo similar a la pérdida de un ser querido. 

Al día siguiente citamos a la familia involucrada, nadie aceptaba la realidad. Recuerdo a mi suegro mover la cabeza de un lado a otro y decir, “No, no, no.” 

El peligro estaba ahí,José Daniel Ferrer llevaba cuatro meses en prisión y con el costo tan elevado que la dictadura habría asumido hasta ese momento, entendíamos perfectamente, que no eran solo amenazas.

Con aflicción y aun en estado de shock, comprendimos a mi esposo, que hasta ese momento fungía como líder juvenil de UNPACU, miembro de la dirección nacional y uno de los principales promotores de Cuba Decide.

El 7 de febrero, los agentes le comunicaron a Amel que ese día en horas de la tarde permitirían la visita. Con una duración de unos sietes u ocho minutos, en una oficina cerrada y con susurros al oído para evadir las cámaras, Amel le explicó a José Daniel la difícil situación, la necesidad de exiliarnos por el momento y le habló de cuestiones que eran cruciales en su defensa frente a la farsa judicial que estaba atravesando. 

Nuestra familia, José Daniel, activistas, líderes opositores, amigos y hermanos de lucha del exilio comprendimos que era lo mejor para todos. Para esa fecha, habíamos logrado ganar el juicio contra Ferrer al menos políticamente, todo ya estaba hecho, solo quedaba cosechar frutos. 

Lo que sí era lógico es que presos y destruidos físicamente no podríamos hacer mucho más por UNPACU, José Daniel y todos los presos políticos. 

Hace ocho años, nuestra familia ingresó a las filas de UNPACU. Tanto mi esposo, mi cuñado, mi suegro y yo hemos salido de Cuba en muchas ocasiones. Hemos estado en países de Europa, América Latina e incluso aquí en Estados Unidos. Por la labor interna y externa que realizábamos, todos fuimos regulados ininterrumpidamente desde finales de 2016.

La única condición de la dictadura para levantar esta restricción era que nosotros saliéramos definitivamente, y a eso, siempre nos negamos. 

En Cuba, no solo fuimos parte de la dirección de la mayor organización opositora dentro del país, también promovíamos activamente Cuba Decide. Trabajamos hasta el último día en conjunto con diferentes instituciones de derechos humanos como el Instituto Político para la Libertad (IPL-Perú), Observatorio Cubano para los Derechos Humanos (OCDH), Centro de Información Legal Cubalex y en mi caso, colaboraba activamente como periodista con CubaNet, sitio web a través del cual denunciaba todas acciones represivas contra los activistas de dentro de la isla. 

Nuestra decisión de exiliarnos no está separada de la decisión, tomada ya hace años, de ponerle fin a la dictadura. Salimos de Cuba precisamente porque dentro, ya nos sería imposible estar activos. Continuar la lucha es nuestro objetivo principal junto a UNPACU, Cuba Decide, las instituciones mencionadas, la sociedad civil independiente cubana y el exilio.

Ahora, luego de la liberación de José Daniel Ferrer, creo firmemente que el régimen volvió a equivocarse. Que él allá y nosotros acá somos una combinación muy fuerte y necesaria. 

Agradecemos infinitamente a este gran país por acogernos, a las tantas personas que nos respaldaron espiritualmente y confiaron en esta decisión, y a las pocas que hicieron posible que hoy, parte de mi familia esté sana y salva. 

Publicado originalmente en Cubanet: https://www.cubanet.org/destacados/carlos-amel-oliva-exiliarnos-decision-que-estremecio-a-mi-familia/

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