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Elogio del socialismo homeopático

Recientemente se comenzó a utilizar en Cuba un nuevo medicamento homeopático, el Prevengho-Vir, que será empleado para prevenir enfermedades respiratorias. El Ministerio de Salud Pública ha aclarado que no sustituye los tratamientos indicados contra la COVID-19. El medicamento se ha suministrado en primer lugar a las personas con amplias probabilidades de contagiarse con el virus, adulos mayores y pacientes con enfermedades crónicas. Luego, su distribución se extenderá a toda la población progresivamente.

La medicina homeopática goza de popularidad en Cuba desde que las farmacias comenzaron a vaciarse en el llamado Período Especial de la década de 1990. Entonces, el gobierno tuvo que echar mano, nunca mejor dicho, a lo que tenía a mano y había sido discriminado en algún sentido. 

Volvieron a ponerse de moda los remedios de la medicina tradicional, mientras se le abrían las compuertas a cuanto método paliativo andaba rodando por el mundo. Fue la época en que la New Age entró a Cuba, proliferando los maestros de reiki y de yoga, los meditadores, los creyentes en la regresión a vidas pasadas, los espiritistas de la vieja y de la nueva escuela, la algarabía del pentecostalismo carismático que penetró incluso a las denominaciones evangélicas más arraigadas en la sobriedad litúrgica, los tarotistas, los partidarios de la bioenergía, las flores de Bach y un largo etcétera de cualquier método que ofreciera consuelo terapéutico, aunque fuera imaginado.

La homeopatía también tuvo cabida en esta vorágine de búsqueda, aunque presumía de poseer una raigambre científica mejor definida que la canalización de entidades extraterrestres con interés compasivo por los humanos, por ejemplo. 

Los tratamientos homeopáticos se elaboran a partir de una serie de diluciones sucesivas de la sustancia elegida en alcohol o agua destilada, basados en la doctrina de que “lo similar cura lo similar”. Sostiene que una sustancia que causa los síntomas de una enfermedad en personas sanas curará lo similar en personas enfermas. Se administra en gotas inocuas incapaces de provocar efectos secundarios de ningún tipo. En concreto, la homeopatía, sistema de medicina alternativa creado en 1796, es considerada hoy por hoy una pseudociencia.

El anuncio de la utilización del Prevengho-Vir provocó reacciones de todo tipo. Lógicamente, en medio de una pandemia para la cual no se tiene todavía un remedio efectivo, cualquier cosa que se anuncie como panacea es acogida con reverencia supersticiosa. Quizás la falla del Gobierno cubano fue anunciarlo con bombos y platillos. Una periodista llegó a afirmar incluso que tratamientos de este tipo “solo se hacen en Cuba”. Otro logro del sistema de salud cubano con una metodología que proviene del iglo XVIII. Cuesta creer que los médicos cubanos que parten de misión a “detener la pandemia” en otros continentes sin haber logrado detenerla en Cuba, vayan pertrechados con nasobucos y pequeños frascos de Prevengho-Vir.

Pero no se puede olvidar la naturaleza grandilocuente del socialismo, que adquiere sus matices propios en cada idiosincrasia que le ha tocado transformar. El socialismo cubano no ha sido menos que los extintos socialismos europeos y le ha aportadolo suyo, pues la idiosincrasia cubana es exagerada por cuenta propia y no tiene necesidad de que ningún sistema foráneo le aporte algarabía alguna. Muy al contrario, ha sido el socialismo cubano, a pesar de todas las restricciones impuestas, el que ha podido llegar a tener influencias en varias regiones del planeta, aunque fuera de modo efímero, pero suficientes como para reinventarse a cada paso y flotar como los corchos en un mar de contradicciones.

Cuba está entre los países que luchan a brazo partido por encontrar la codiciada vacuna que elimine de una vez y por todas la COVID-19. Independientemente de lo humanitario que significa salvar a la humanidad en cualquier circunstancia, también es cierto que empuja tras bambalinas el poder económico que significa la primicia de salvar a la humanidad con un medicamento. El que golpea primero, golpea dos veces. 

Cuba ganaría más siendo discreta y dejando de vender humo para la espera. Pero eso sería como pedirle peras al olmo, a menos que tal cosa pudiera convertirse en una nueva batalla de reafirmación revolucionaria. Si en su momento fuimos capaces de fabricar compota de plátano burro y decir que se parecía y era mejor que la compota de manzana, puede esperarse cualquier cosa. 

El socialismo está bien como referencia, como anécdota histórica de cuánto puede irle mal a un país si se empeña una y otra vez en repetir los mismos errores. El socialismo está bien si se limita a los acápites teóricos de Marx y Engels, como un capítulo de la asignatura que se llama Historia de la Filosofía. El socialismo sería perfecto si pudiera suministrarse como alternativa en gotas homeopáticas, bien diluido, hasta que no quede ni rastro de la última influencia de su influencia. Quizás el Prevengho-Vir sirva para demostrarlo, una vez más. 

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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