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Aquel que cultiva la tierra pertenece a ella

En muchas partes del mundo, y en modo creciente en Cuba, también el desarrollo de la maquinaria está llegando a los campos, y el agricultor se encuentra cada vez más con las mismas ventajas que el obrero. Con un esfuerzo mucho menor puede producir mucho más y en menor tiempo.

Estas condiciones más fáciles de vida y de trabajo no sólo hacen la jornada laboral más efectiva, sino que le proporcionan más tiempo libre. Si lo desea, puede pasar cuatro horas al día contemplando la televisión y enterándose de cómo obtener mejores cosechas. Puede leer artículos publicados en los periódicos, acerca de cómo vivir más y mejor, la manera de estar más saludable, la forma más adecuada para producir mejor maíz y frijoles. Se le puede advertir de la llegada de huracanes y frentes fríos, con tiempo suficiente para que proteja sus cosechas y el ganado.

Como resultado de ese creciente entendimiento, de esa progresiva independencia de la naturaleza, el hombre ha llegado a creerse el amo de la tierra. Considera que domina la naturaleza. Aunque ha cometido muchos graves errores con los que ha pagado el precio de ese pretendido dominio, todavía se precipita entre esas fuerzas naturales como un ciudadano que ha bebido mucho ron y se aventura por entre el tráfico de La Habana.

Podría muy bien ser que, la ilusión del hombre de que domina la tierra fuese el mayor de los peligros que se le enfrenta hoy. La tierra no pertenece a aquel que la trabaja, sino que es un sentido enteramente temporal. Estaría mucho más cerca de la verdad decir que aquel que la cultiva pertenece a la tierra.

¡Todo lo que el hombre tiene, procede de la tierra! Es ésta una verdad que el individuo no debe olvidar un solo momento.

El ser humano no puede vivir sin alimentos, y ellos no se logran obtener sin la tierra. La humanidad no puede vivir sin agua, pero la mayor parte del mundo, cada vez posee menos el preciado elemento. El planeta tiene más sed cada año.

El agricultor libra una batalla perpetua contra sus enemigos, los insectos. Atacan su maíz, su arroz, los frijoles, calabazas, los bosques, sus plantaciones frutales y pierde anualmente muchos de sus alimentos debido a esas plagas. Es probable que por cada peso de fruta y legumbres que cultiva, los insectos devoren diez centavos. Es decir que, de cada billete de diez pesos, nueve nos pertenecen y uno le corresponde a los escarabajos e insectos de la finca.

Cuba tiene una gran población de roedores. Incluyen estos a ratas y ratones.  Viven escondidos y la mayoría de ellos muestra actividad solo durante las noches. Poca gente sabe que están cerca. Sin embargo, existen por millones, y la mayoría viven robando al hombre.

La humanidad ha obtenido muchas ganancias temporales por su mayor comodidad, sus medios de economizar trabajo, la mayor longevidad y mejor salud. Pero una y otra vez ha violado las leyes de la naturaleza.

En muchos lugares del mundo la civilización está violando los códigos naturales. Cuba, por desgracia no es una excepción. A menos que cambie la manera de vivir en el campo, el desastre acecha. No obstante se puede evitar si se esfuerza en entender las leyes de la naturaleza. En un mundo tan complicado como el actual, no podemos obedecer a la naturaleza sin antes entenderla.

En nuestra isla, el régimen comunista genera mucho riesgo ambiental porque se basa en las doctrinas positivistas del cientificismo kantiano, cuyos postulados son desarrollistas y utilitarios, estando identificados con la destrucción inevitable de la naturaleza y el medio ambiente.

Abel Hernández

Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana con máster en Ciencias de Ecología y Sistemática Aplicada por el Instituto de Ecología y Sistemática de Cuba. Ha trabajado como director del Museo de Historia Natural de Sancti Spíritus, Jefe del Área de Investigación Cultural Dirección Provincial de Cultura de Sancti Spíritus, profesor universitario con la categoría de Auxiliar. Obtuvo Premio en Divulgación Científica en los Concursos Nacionales Pinos Nuevos 1999, La Edad de Oro 2001, La Rosa Blanca 2002 y 2006, y La puerta de papel 2008; y Sendero de Luz 2009, 2010 y 2015, de la Biblioteca provincial Rubén Martínez Villena por haber sido el escritor más leído en 2008, 2009 y 2014.

Correo: pronaten2015cuba@gmail.com

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