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Un réquiem por la historia cubana

Foto: El Ayuntamiento Santiago de Cuba (Cortesía del autor)

Si la primera víctima de una guerra es la verdad, la de una dictadura es la historia. No la historia que en vano intentan reescribir, y que tarde o temprano terminará por pasarle factura. Hablo de la historia como elemento identitario y cultural de un pueblo. La que forja la nacionalidad de sus ciudadanos y les recuerda de dónde vienen, quiénes son y a donde van.

El ayuntamiento de Santiago de Cuba es parte de esa historia que hoy pretenden soslayar. Pretenden, los fanáticos de este gobierno, convertirlo en un museo temático dedicado a la columna del primer frente, cuando el único hecho histórico vinculado a ese sitio es el discurso pronunciado por Fidel Castro el primero de enero de 1959. Un hecho intrascendente, si lo comparamos con la rica historia del lugar. Con acciones como esta no solo están disolviendo una parte de la memoria histórica de nuestra ciudad; también se le arrebata a la posteridad una entidad que, junto a la catedral, fueron durante siglos los símbolos de los dos poderes hegemónicos, el religioso y el civil. Algo que ni siquiera la naturaleza con sus fenómenos pudo lograr.

La historia del ayuntamiento es la de la conquista de América. Fue allí donde se discutieron y autorizaron las expediciones que tenían como objetivo colonizar el nuevo mundo. De allí se dice que salió Francisco Hernández de Córdova en 1517 al bojeo que terminó con el descubrimiento de la Península de Yucatán. Más tarde, en 1518, Hernán Cortés también hizo lo mismo respecto a la conquista de México.

En 1898 fue la antigua Plaza de Armas el escenario de uno de los hechos más trascendentales de nuestra nación cubana, la rendición del colonialismo español, que es despojado de su última posesión en América, con lo que se cierra un ciclo histórico -podríamos afirmar- en el mismo lugar en que casi 400 años atrás había comenzado.

De este modo se pretende legitimar el despojo y la barbarie, sin apelar ni a la conciencia, ni a la ciudadanía; con la complicidad del director de la oficina del conservador de la ciudad Omar López, que declaró en el semanario Sierra Maestra del 13 de noviembre de 2019 que “…los valores históricos que se expondrán en el museo del primer frente José Martí, son lo más alto en el devenir nacional”, como si la historia de nuestra nación fuera la de un caudillo y su guerrilla.

No es un inmueble lo que se busca desalojar; son los rasgos identitarios y culturales de una sociedad entera. El daño antropológico del comunismo va de lo objetivo a lo subjetivo, y busca siempre destruir todo lo que pueda conectar al individuo con el pasado. Como bien decía Václav Havel: “En el sistema pos-totalitario está inscrita la implicación de todo hombre en la estructura del poder, no porque realice ahí su identidad humana, sino para que renuncie a ella en favor de la identidad del sistema”.

 

 

 

 

Eduardo Clavel Rizo

(Santiago de Cuba) Estudiante de Sociología U.O. Poeta y Narrador. Ganador del concurso de poesía intertextual sobre José Martí en EEUU (2020). Fue miembro de la UNPACU y participó en el proyecto OTRO 18 con Arco democrático.

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