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Atropello a los cuentapropistas en tiempos de COVID-19

 

Foto: Cortesía del autor

El trabajo por cuenta propia en Cuba se ha vuelto más complejo desde la llegada del COVID-19. Primero, por las sabidas limitaciones que impone el Gobierno para ejercer las actividades aprobadas; y luego, por la escasez de insumos y materias primas con qué realizarlas.

Algunos sectores han podido navegar con suerte en medio de las turbulentas aguas, a las que se ha sumado una agravada crisis económica que el gobierno busca justificar una vez más con el recrudecimiento del bloqueo norteamericano y explicar de esa manera la apertura de tiendas en MLC* y la exportación de servicios médicos.

Sin embargo, la amplia mayoría de los cuentapropistas ha tenido que cerrar o buscar alternativas para sus negocios a la espera de mejores tiempos y facilidades. Los transportistas y los elaboradores de comida han sido de los pocos que han visto en los encargos a domicilio, por redes sociales, teléfono u otras vías no habituales, la oportunidad de ejercer su actividad.

Sin embargo, los “asistenciados” y pensionados, asociados a alguna de las modalidades de trabajo por cuenta propia que no han podido ejercer durante estos 6 meses, han visto bien limitados sus ingresos. El pago mensual que les otorga el Estado, no cubre en lo más mínimo sus gastos indispensables puesto que todos los precios en la isla se han disparado de forma alarmante.

Productos básicos como el aceite, el pollo, el detergente, el papel sanitario, el jabón de tocador y la pasta dental, por solo citar algunos, se han elevado entre un 100 y un 200 % en el mercado informal, que es donde único se pueden encontrar puesto que escasean en las tiendas recaudadoras de divisas (CUC) o se venden por ticket amparados en la mítica libreta de racionamiento.

En medio de estas adversidades, no ha habido ningún tipo de respaldo ni protección para el sector privado y sus familias. A pesar de no estar trabajando, muchos han seguido abonando los impuestos que exige el fisco e incluso han pagado la seguridad social, con tal de no verse obligados a entregar su licencia. Ni siquiera les fue valorada la posibilidad de otorgarles un estipendio al 60 % sobre la base de sus ingresos por concepto de declaración jurada, como hicieron con los miles de trabajadores presupuestados que quedaron sin trabajo durante todos estos meses.

Por si fuera poca la odisea que vive el medio millón de cuentapropistas que tiene la isla, a través de los medios de prensa oficialistas se ha desatado una feroz y malintencionada campaña de miedo, represión y persecución contra todos aquellos que de una forma u otra han buscado vías para sobrevivir, campaña que, al parecer, ha llegado para quedarse.

Cada día salen a la luz sanciones, detenciones y decomisos arbitrarios a cuentapropistas y trabajadores particulares por “acaparar” mercancías que no han podido comercializar por la pandemia, desarrollar algún tipo de actividad “ilícita” o simplemente por no disponer de la documentación que acredite la procedencia y tenencia de determinados productos que almacenan, cuando es del conocimiento de todos que una gran cantidad de mercancías es importada y que el país aún no dispone de un mercado mayorista en donde este grupo de trabajadores pueda aprovisionarse para desarrollar sus actividades.

La tensa situación que vive el país pone de manifiesto, una vez más, que el gobierno, independientemente de aceptar como una necesidad el aporte del sector privado, pone límites a su ejercicio y frena su desarrollo que, en definitiva, es el desarrollo del país. El supuesto “enriquecimiento” de estas personas es “mal visto” y resulta contraproducente para los principios socialistas que fueron ratificados en la más reciente Constitución de la República.

Por sus potencialidades y gran capacidad de cambio en la economía, los cuentapropistas representan una fractura para el sistema y una vía de cambio estructural para el país que nuestros decisores no están dispuestos a liberar. Se impone entonces buscar a través de foros, debates, eventos, publicaciones y plataformas digitales, vías para acelerar y garantizar el necesario cambio de mentalidad que se necesita para mejorar sustancialmente la vida económica del país a partir del aporte de este sector.

En medio de la oleada de escasez, miedo y especulación, no son pocos los que se plantean la impostergable unidad en la isla de este sector que se encuentra disperso, y la creación de un sindicato independiente que, alejado de las organizaciones y los intereses estatales, difunda las inquietudes y dificultades a las que están sometidos los cuentapropistas. Hasta la fecha, solo unas 300 personas se han agrupado para denunciar, de forma aislada, el maltrato y atropello al que han sido sometidos, pronunciándose a favor del reconocimiento de sus derechos.

*MLC: Moneda Libremente Convertible (USD, Libra Esterlina, Euro, Peso Mexicano, Rublo, etc.)

 

Eddy Delgado

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