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Editorial: Los fusilamientos mediáticos del régimen cubano

Foto: Utilizada en las redes sociales como respuesta al fusilamiento mediático contra José Daniel Ferrer

Después de 1959, se sucedieron un sin número de detenciones arbitrarias y juicios públicos, por los llamados “revolucionarios rebeldes”. Muchos de ellos transmitidos por la televisión estatal.

Era el inicio y una forma de hacer intimidación al pueblo, además de una manera sui géneris de decir: “…yo soy el que tengo el poder ahora; cuidado con hacerme frente”. La dictadura cubana, desde el principio, hizo alardes de antivalores como: el cinismo, la crueldad y el odio hacia todos aquellos que se le opusieran.

Desde el mismo 2 de enero de 1959, Fidel Castro ordenó Ernesto Guevara de la Serna, que organizara un Comité de Depuración e Investigación en la zona de La Cabaña (La Habana). El fin era eliminar todo vestigio de personas vinculadas al gobierno anterior. De esta manera también se estaban forjando las bases para el aparato de represión y hostigamiento que vendría después en el país.

Los juicios comenzaron el 1ro de febrero y se extendieron casi hasta el 25 de mayo. Durante esos terroríficos cuatro meses, se habilitaron seis salas que funcionaban al unísono, celebrándose 346 consejos de guerra ordinarios, y resultando acusadas 77 persona a pena de muerte. También se erigió el primer “tribunal purgatorio”, abierto a todo el público, en la zona donde hoy se enclava el Coliseo de la Ciudad Deportiva.

La intención era más que evidente; intimidar a todas las personas del país para que “defendieran”, si o si, a la naciente “Revolución cubana”. Métodos como este, de evidente naturaleza maquiavélica, son los que han usado los defensores del socio-comunismo a ultranza, cada vez que se sienten en situación de desventaja, o en peligro para el logro de sus objetivos izquierdistas.

Años después, exactamente en fecha 13 de julio de 1989, otro juicio mediático vino a poner en tela de juicio la efectividad del sistema judicial cubano. Ocurrían las causas 1 y 2, en torno a las figuras del general Arnaldo Ochoa y Tony de la Guardia, respectivamente. Estos sucesos se dieron en un momento en el cual se cuestionaba la naturaleza comunista del sistema político. También se estaba poniendo en duda la naturaleza corrupta de los máximos líderes del “gobierno revolucionario”.

Era de esperarse una nueva arremetida de las autoridades militares, de procedencia salvaje y agresiva. Se terminó por silenciar a dos personas, de los más altos niveles de las Fuerzas Armadas (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT). Los mismos, supuestamente sabían del contrabando existente y la corrupción; todo ello con el parapeto del fusilamiento “por traición a la patria”.

Trayendo este análisis a la Cuba de hoy, en pleno siglo XXI, pareciera que ronda el espíritu del renacimiento de los juicios mediáticos de antaño. Vemos un sin número de cuestionamientos televisados sobre la procedencia de recursos y servicios que se prestan u ofrecen de manera clandestina.

Recordemos las puestas en “evidencia” de sucesos de la sociedad civil y la oposición pacífica. Un caso muy relevante fue el del líder opositor José Daniel Ferrer García, quien dirige una de las mayores organizaciones opositoras dentro de la isla.

Ferrer estuvo encarcelado por seis meses, acusado de un delito de lesiones. Durante ese tiempo, su grupo, Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), demostró con pruebas que todo parte de una fabricación de la Seguridad del Estado. Sin embargo, el régimen, a falta de argumentos utilizó sus medios de comunicación para intentar desacreditar la imagen del líder político, con el objetivo, incluso, de frenar infructuosamente, una resolución que firmó el Parlamento Europeo a favor del activista.

Así también podemos citar los sucesos en relación a los bustos ensangrentados del apóstol nacional José Martí, que surgieron en un momento en el cual existía un realce y un alza de las persecuciones en contra de los activistas y defensores de DD.HH.

Se vulneran así varios derechos y libertades, como el libre mercado, el derecho a la prosperidad y el desarrollo de las personas, el derecho a pensar y opinar libremente. Porque sobre todas las cosas, son manifestaciones inherentes a la vida humana y social, que de negarse, mellan el normal desarrollo de una sociedad democrática y soberana.

Foto: Cubacute.com

El comunismo es sinónimo de atraso, de tacañería, de pobreza, y por consecuencia, no se puede esperar que éste ofrezca la posibilidad de que el pueblo a su merced se autorrealice. No es un sistema que posibilite la exploración y puesta a prueba del talento humano, porque sencillamente no le rinde culto a la individualidad.

Para el comunismo solo lo que es de todos es lo que vale, y por eso hoy ofrece una sociedad decadente e inmunda a sus ciudadanos; porque cuando tomó el poder no lo hizo de manera democrática, sino a la fuerza.

Por eso le debemos al socialismo el embargo económico que hoy es la continuidad de esa generación de soñadores utópicos. No son los americanos (su gobierno) los enemigos del pueblo cubano, eso nos han hecho creer a través de manipulaciones ideológicas por años. Es el gobierno de esta isla maltratada, que vive del orgullo y la banalidad, el que le rinde honores a la prepotencia en nombre de “la libertad”.

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