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Aves amenazadas en Cuba

Foto: Aves amenazadas_Cotorra (Amazona leucocephala)

Con sólo 110 000 km², Cuba atesora una de las cifras más elevadas de aves endémicas de las Antillas: 28 especies exclusivas de la isla. Esta simple consideración numérica indica la enorme importancia de la avifauna cubana sin importar la óptica que utilicemos. Pero también apunta hacia donde están los principales retos y los mayores problemas en el campo de su conservación.

Los  ecosistemas insulares se caracterizan por su alta fragilidad ante los impactos procedentes del exterior y, muy especialmente, ante aquellos que traen consigo la presencia y las actividades no sostenibles del hombre.

En nuestro país, los ejemplos más clásicos de esta fragilidad son los casos del Gran Guacamayo (Ara tricolor) y de la Paloma Migratoria (Ectopistes migratorius), que  se extinguieron en el siglo XIX.

Sin embargo, las transformaciones históricas y la creciente asimilación del territorio para el desarrollo de actividades socioeconómicas, ha supuesto una alteración importante de muchos ecosistemas, una disminución sensible de los hábitats naturales y una amenaza más o menos importante para varias especies de la avifauna autóctona, hasta el punto de que algunas de ellas pueden haberse extinguido o estar en una  situación crítica.

De acuerdo con la concepción moderna, la comercialización de especies de la avifauna silvestre debe resultar de la práctica zootécnica, o sea de la “cría”, y no de la toma de individuos directamente de la naturaleza. Por concepto de comercialización, Cuba exporta anualmente una cantidad considerable de ejemplares de la fauna silvestre en forma de “souvenires” elaborados por FAUNICUBA y otras empresas de artesanía. Esta actividad descansa mayormente en la explotación directa de las poblaciones naturales. En cuanto a la comercialización de aves como mascotas, NACARI, una empresa mixta cubano-española, se encarga de que el producto cubano llegue a los mercados europeos.

Por su parte, en la comercialización nacional de la fauna silvestre son frecuentes también las violaciones de los principios que deben regir esta actividad, así como la legislación establecida al efecto. Como ejemplo podemos citar la captura incontrolada de aves canoras que luego son puestas a la venta en los mercados por “jauleros” o “pajareros” profesionales. De acuerdo con datos estadísticos de CUBALSE, la merma por concepto de ornamento personal o doméstico ha sido considerable.

En Cuba, la práctica de la caza irracional se materializa de dos formas: por la insuficiencia de la legislación cinegética vigente, y por violaciones de la referida legislación, como el caso del ejercicio del deporte sin estar oficialmente acreditado  para ello, así como por su realización en áreas prohibidas o durante períodos de veda.

Aves amenazadas_Degollado (Pheocticus ludovicianus)

La depredación y el vandalismo son factores de degradación que implican la utilización espuria de los recursos faunísticos, así como su destrucción sin finalidad alguna por prejuicios e ignorancia. Dos de los casos más generalizados en el país son la sustracción habitual de huevos y pichones de diversas aves silvestres como los flamencos, cotorras y cateyes, en algunas localidades y en sus propios refugios durante la nidificación; y la práctica arraigada en la ciudadanía de aniquilar sistemáticamente determinados grupos de aves como gavilanes y lechuzas.

Cabe señalar que también la construcción de redes viales, canteras y la urbanización se convierten en agentes degradantes de la avifauna terrestre, pues causan el fraccionamiento de las poblaciones por interrupción del flujo genético (que conduce a la endogamia y ésta, a su vez, a la degeneración de los organismos). También aumentan la tasa de mortalidad por impactos con los medios de transporte. Por otro lado, utilizar las costas para el turismo ha determinado la extirpación de las aves costeras y marinas que anidan en ellas.

La contaminación de la atmósfera, el suelo, el agua y la vegetación, por pesticidas agrícolas y residuales industriales, es responsable de la modificación irreversible del hábitat y por tanto de la extinción de las especies que residen en ellos.

El complejo problema de la protección y conservación de la naturaleza es, fundamentalmente, una cuestión educativa. La falta de una política conservacionista en la formación integral del hombre desde su más temprana edad, se manifestará posteriormente como uno de los factores degradantes más generalizados. Es el espectáculo al cual estamos asistiendo en la actualidad en nuestro país.

 

Abel Hernández

Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana con máster en Ciencias de Ecología y Sistemática Aplicada por el Instituto de Ecología y Sistemática de Cuba. Ha trabajado como director del Museo de Historia Natural de Sancti Spíritus, Jefe del Área de Investigación Cultural Dirección Provincial de Cultura de Sancti Spíritus, profesor universitario con la categoría de Auxiliar. Obtuvo Premio en Divulgación Científica en los Concursos Nacionales Pinos Nuevos 1999, La Edad de Oro 2001, La Rosa Blanca 2002 y 2006, y La puerta de papel 2008; y Sendero de Luz 2009, 2010 y 2015, de la Biblioteca provincial Rubén Martínez Villena por haber sido el escritor más leído en 2008, 2009 y 2014.

Correo: pronaten2015cuba@gmail.com

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