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Cuba: Remesas, improductividad y dependencia

Foto: Cuba en Miami

Desde 1902, la dependencia de Cuba a los Estados Unidos fue diana de la crítica a la que se enfrentaría, a lo largo de medio siglo, la naciente república. Ya desde 1880, Norteamérica se había convertido en la metrópolis comercial y financiera de la isla. Esta influencia se vio reforzada tras la derrota del colonialismo español en 1898, lo que le permitió a Cuba una libertad económica sin precedente en su historia.

El capital norteño comenzó a fluir, sobre todo hacia la industria azucarera, generando una rápida expansión económica y un desarrollo en la infraestructura del país, menguada en gran medida por los años de guerra.

Pero aquella mal llamada “dependencia” no tenía nada que ver con la naturaleza parasitaria de las remesas de hoy, que ya por costumbre ha pasado a verse como obligación para unos, o como derecho para otros.

Esto se percibe, principalmente, sobre los que ignoran que sus derechos terminan donde comienzan los del resto, y que “si los derechos que yo tengo no los tienen los demás, entonces no son derechos, son privilegios”.

No es secreto para nadie que buena parte de esas remesas, controladas por la empresa FINCIMEX, una de las compañías del emporio GAESA (Grupo de la Administración Estatal S.A) bajo el control de los militares, van a parar a las arcas de instituciones. Estos fondos tienen como objetivo financiar la represión contra organizaciones y activistas de la sociedad civil, que, por cuestiones políticas, de creencias, moral o de otra índole, disienten de un sistema que ha minado con odio e intolerancia las bases de la convivencia social.

Si bien es cierto que para muchos países subdesarrollados las recepciones de dinero del exterior son una importante fuente de financiamiento, para Cuba, probablemente es la principal.

Las inversiones extranjeras, que rondan los 2000 millones, no se acercan a los 3716 millones de dólares recibidos en 2019 por conceptos de remesas, lo que representa alrededor del 4 % del PIB nacional cubano (1). Según estimados, las remesas constituyen más del 50 % de los ingresos de la población, por lo que podríamos afirmar que son el motor financiero de la isla, y claro está, de su maquinaria represiva.

Pero más allá del visible fracaso económico, el régimen continúa intentando culpar a los EE.UU de las consecuencias de un mal que tiene como única causa, la improductividad y la ineficiencia del modelo socialista. El sistema que expropió más de 160 centrales en 1959 con una producción azucarera superior a los 6 millones de toneladas, y que apenas hoy llega al millón y medio.

Las nuevas medidas no son más que la ley de causa y efecto.  Aquellos que, por cuestiones de interés personal, ponen en tela de juicio la aptitud de la administración Trump, son los mismos que guardan silencio ante la proliferación de tiendas en monedas extranjeras, a la postre catalizador de las nuevas restricciones.

Es importante que analicemos lo siguiente, la mayoría de los que reciben dólares no les importa ni la suerte, ni el sufrimiento de los que no tienen el salvavidas de las remesas. Sin embargo, sí se sienten con la capacidad moral de impugnar la postura de esos cubanos que, como no tienen qué ganar o perder, apoyan las medidas o se mantienen al margen de estas, argumentando que están del lado de quienes pretenden asfixiar económicamente a la familia cubana. Como si vender los productos de primera necesidad en una moneda que el obrero no percibe, no fuera una técnica de estrangulación al sector más vulnerable de la sociedad.

Es irónico pedir apoyo y solidaridad para nuestra causa, cuando somos egoístas y desdeñamos la causa ajena. O cuando cerramos los ojos y abrimos las manos, sin apelar a la conciencia.

Eduardo Clavel Rizo

(Santiago de Cuba) Estudiante de Sociología U.O. Poeta y Narrador. Ganador del concurso de poesía intertextual sobre José Martí en EEUU (2020). Fue miembro de la UNPACU y participó en el proyecto OTRO 18 con Arco democrático.

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