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Cuba: La agricultura, el cuento de la buena pipa

Por encima de las familias cubanas, el gobierno estimula la exportación para asegurar los dólares vitales que mantienen sus políticas obsoletas

Foto: Cortesía del autor

El sector agrícola de Cuba no se puede permitir más imprecisiones e ineficiencia. Sesenta años son más que suficientes para demostrar que en un país eminentemente agropecuario, no se garantiza la alimentación de sus habitantes.

Año tras año, el Ministerio de la Agricultura se reformula cómo destrabar y estimular la productividad, mientras que el gobierno se desangra importando alimentos por un valor de dos mil millones de dólares, alimentos que bien pudieran ser producidos en la isla.

El tema de los usufructos (Ley 300 y ahora 259) y de los mercados mayoristas, con auge durante la década de Raúl Castro, terminaron por ser de las últimas reformas fracasadas que siguieron sin darle solución a los problemas alimentarios del cubano.

Chequeos, informes y proyecciones terminan siendo números inflados que se burlan de la paciencia e inteligencia de las personas que ven cómo cada día se agudiza el panorama. No obstante, el gobierno no piensa en remover estructuras, simplificar las cadenas de impagos, reducir el endeudamiento financiero, liberar las tierras y estimular la libre comercialización.

El pasado año, la situación coyuntural limitó la entrada de combustibles al país disminuyendo las áreas cultivables en la isla. Ahora resulta que la situación sanitaria y el recrudecimiento del bloqueo imposibilitaron en el 2020 la importación de fertilizantes (por un valor estimado de 50 millones de USD).  Por lo tanto, insisten en buscar soluciones en los excrementos orgánicos. Sin embargo, en las tiendas en MLC se encuentran los insumos y fertilizantes necesarios para la producción de las tierras.

Por si fuera poco, subestimando el hambre que pasa la familia cubana, el gobierno viene estimulando la exportación por medio de empresas intermediarias estatales, de algunos renglones agrícolas (cacao, aguacates, carbón, limones, etc.) pues los dólares son vitales para mantener sus políticas obsoletas, mientras que a esas empresa les paga mediante tarjetas de  crédito para gastar “los dólares” en las tiendas que ellos mismos han abierto con productos a precios exorbitantes.

Recientemente se aprobaron medidas para fortalecer la política agropecuaria, que inciden directamente en la comercialización sin atender las necesidades y carencias técnico-productivas del sector. Algunas de ellas son: flexibilidad en las contrataciones de las fuerzas productivas; incentivos fiscales para estimular la elaboración y comercialización de alimentos asociados fundamentalmente a mini industrias; comercialización a otras firmas de las producciones que por problemas logísticos y/o financieros no puedan ser compradas; e implementar diversas modalidades de arrendamientos (transporte, mercados, almacenes, equipos de refrigeración, etc.).

Las 24 medidas aprobadas y expuestas por el ministro de Economía, Alejandro Gil, incluyen otras específicas que prevén la recuperación de la ganadería bovina y una Banca de Fomento Agrícola, insistiendo en que no se tratará de un nuevo banco, sino una red del Banco de Crédito y Comercio que destinará recursos del mismo presupuesto del Estado.

Aun así, Gil reconoció que ninguna de estas medidas resolverá de por sí los problemas del campo cubano; pero cada una de ellas está encaminada a crear condiciones más favorables que permitan incrementar los niveles productivos. O sea, el azar tendrá la última palabra.

Al decir del ministro de la Agricultura, Gustavo Rollero, “estamos inconformes con los niveles actuales y reconocemos el déficit de oferta, pero estamos en un contexto extraordinario, al que debemos enfrentarnos con trabajo y medidas audaces que favorezcan su transformación. Necesitamos tiempo de maduración porque la comercialización, por sí sola, no multiplica los panes y los peces, sino que debe incentivar la producción”.

La arrogancia de la Revolución le imposibilita reconocer que el sector privado ha sido el que en 60 años ha sacado adelante el país con crecientes rendimientos que siguen siendo insuficientes, cuando más del 50% de las tierras están en manos del Estado.

Cambiar los derechos de propiedad sobre la tierra e introducir un mercado libre para la comercialización, destrabar las fuerzas productivas, así como aprobar la compra-venta y/o alquiler de las tierras, estimularían grandemente la producción. De nada sirven las políticas de comercialización si la tierra no produce. Y para ello solo hacen falta recursos y motivación.

 

Eddy Delgado

Se graduó como arquitecto del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría (CUJAE). Atiendo el tema de la divulgación de la organización Centro de Estudios Políticos y Alternativos para la Transición Democrática (CEPADT) y estoy al frente del trabajo con los jóvenes.

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