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El Premio Nobel y sus novelerías

Para el gobierno, la consideración de los premios se refiere a embolsarse diez millones de coronas suecas con los que está dotado el Premio Nobel de la Paz

El año 2020 ha traído a Cuba, mediando la COVID-19, el rumor de la posibilidad de agenciarse dos premios Nobel: el de la Paz y el de Literatura. El Premio Nobel de la Paz llegaría por el contingente de médicos internacionalistas “Henry Reeve” (Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias “Henry Reeve”) . El de Literatura, más discreto y nada prodigado por la prensa (oficialista) cubana, sería del escritor Leonardo Padura. Para este último será difícil, pues tiene que lidiar con nominados que poseen una obra más vasta. Un largo camino hasta finales del 2021, esperemos que sin pandemia.

La nominación de los médicos cubanos ya es tema de controversia por el integrismo ideológico que se les achaca. Dentro de Cuba, en sentido general, las personas apoyan la candidatura. Se trata de un prejuicio subyacente, cultural primero, rabiosamente político después. La opinión que se tiene de los galenos es similar a la que se tiene de Dios: mejor no entrar en polémicas y preservar las garantías por el inevitable acaso de las enfermedades y la decrepitud.

Sucede que en Cuba las gratuidades han preservado los chantajes, porque toda gratuidad impide la gestión personal de los propios límites. Tal y como la educación en las escuelas estatales (no hay otras), la salud se ha dejado en manos de los médicos formados por el gobierno y con su perspectiva. Y avances hay siempre que se experimenta. Lo mejor que tiene una cobaya es su gratuidad. Y lo peor que tiene un hospital docente en Cuba es su vertiente de laboratorio gratuito. O como dice la voz popular: “Si te matan, no te pagan”.

El número no hace la calidad y las estadísticas siempre son confusas. Es cierto que en Cuba se gradúa anualmente un número ingente de trabajadores de la salud, médicos entre ellos. Y sin dudas han garantizado la atención primaria, con sus más y con sus menos. Pero también ha sido política de la Revolución utilizarlos para sus propósitos con el burdo chantaje de “¡Con todo lo que he hecho por ti!”.

Desde luego, a pesar del infantilismo social imperante ser médico implica un mínimo de adultez. Y también cierta predisposición al adulterio si cada cual acepta las normas e imposiciones por conveniencia circunstancial. Trabajar por conveniencia donde siempre se ha hablado de honor y dignidad, sugiere un alto grado de desfachatez que solo no pasa por tal cuando es ignorante en grado sumo.

El gobierno cubano niega que sus médicos internacionalistas sean exportadores de ideología. La cuestión es más simple si se tiene en cuenta la formación que han recibido desde sus estudios primarios. No es que sean exportadores de ideología; es que no pueden ser otra cosa atendiendo a su bagaje de médicos “forjados por la Revolución” y moviéndose bajo su bandera. Los médicos son inocentes en ese sentido. Son el hard drive donde está grabada la información.

La generalización siempre es ambigua. No existe calidad que pueda masificarse. Se masifica un concepto que solo tiene en cuenta ovaciones y silencios. Aunque no se lo proponga, la calidad es disidente por naturaleza, no puede ser sistémica, si acaso sistemática cuando no la presionan. Lo sistémico no avanza: da tumbos. Sin embargo, esto no significa que toda disidencia goce de calidad. Toda disidencia debería verificar si sus acciones no hacen otra cosa que afianzar el sistema contra el que pretende luchar. Los relojes de péndulo funcionan solo si el péndulo se mueve. Mejor cambiar de reloj.

Desde la perspectiva del Gobierno de Cuba, la consideración de los premios se refiere a embolsarse los diez millones de coronas suecas con los que está dotado el Premio Nobel de la Paz. Pero estos premios no se conceden en referendos al estilo cubano. Nadie sabe lo que pueda suceder en el 2021. Con los florilegios argumentales que ya se están desenvolviendo, quizás pueda entonces Leonardo Padura acceder al codiciado Premio Nobel de Literatura.

Foto: Publicada en el sitio oficial del MINSAP

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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