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Dagoberto Valdés: Una verdadera “Tarea Ordenamiento”

Para ordenar hay que desalambrar el alma de la nación. Hay que desalambrar no solo la economía sino la política y la sociedad civil.

Por Dagoberto Valdés Hernández

Tarea Ordenamiento: Para ordenar hay que desalambrar el alma de la nación. Hay que desalambrar no solo la economía sino la política y la sociedad civil.

Ni somos tontos ni queremos ir para atrás. Los cubanos, por lo general, somos gente noble, pacífica, aunque el daño antropológico causado durante estos últimos 60 años haya lesionado esa nobleza y haya incrementado la violencia. Pero lo que no somos es tontos, ni discapacitados mentales. Sin embargo, con frecuencia tengo la percepción de que somos tratados como si fuéramos anormales.

A medida que la situación empeora, las explicaciones son más increíbles y absurdas. Las soluciones no se parecen a las explicaciones y la realidad se aleja de ambas. Pareciera que hay una esquizofrenia, un abismo, entre la lógica y la televisión, entre los razonamientos de los cubanos normales y los que nos explican tres cosas: que ellos mismos han cometido errores que ahora, ellos mismos, los van a “ordenar”; que esa “Tarea Ordenamiento” es para más socialismo cuando son casi idénticos a los ajustes neoliberales que han criticado; y que ese enredo cantinflesco debemos entenderlo con facilidad, rápidamente y por unanimidad.

Además de llamar con otro nombre lo que cada cubano comprende como un “ajustarse el cinturón”, como un “ahora sí vamos a estar peor”, a esa manía de inventar un nuevo lenguaje para todo, propio de los totalitarismos y populismos, suponen que no solo ajustemos el bolsillo y el lenguaje, sino también la lógica y la razón. Y mientras estemos vivos, y medianamente sanos, esos tres ajustes son difíciles de manipular.

La realidad cotidiana es lo más convincente que hay. No alcanzan las horas de la radio y la televisión para hacernos creer que la realidad que vivimos, aquí y ahora, es una vieja patraña venida de afuera. Es verdad que el mundo postmoderno, este cambio de época, está perlado de “fake news”, de noticias falsas y narrativas salidas de la combinación de ideologías, más descalificaciones, más ambiciones de poder. Esto existe en casi todas las regiones y latitudes. Pero dice el refrán popular que “mal de muchos es consuelo de tontos”. Y volvemos al comienzo de nuestra opinión: nada me puede convencer de que todos los cubanos, ni la mayoría de nosotros, somos tontos.

Estamos viviendo un tiempo “fuera del tiempo” y fuera de la razón, la lógica y los sentidos. Fijémonos que todo se explica como si el tiempo no hubiera pasado, como si más de 60 años no hubiera sido suficiente para “ordenar” y para “inventar”, experimentando con seres humanos, otro nuevo modelo. Este sí va a estar ordenado, rectificado de errores y tendencias negativas y todos los otros nombres que ha tenido por más de medio siglo ese cambiar todo para no cambiar la esencia del sistema.

Es como vivir fuera de la lógica: habiendo decrecido, según cifras oficiales, un 11%, la economía cubana comenzará a recuperarse justo el próximo año para el cual solo nos quedan unos pocos días.

*Un ordenamiento que niega una de las conquistas progresistas de Antonio Guiteras
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Fuera de la lógica y la razón de un simple ciudadano como el que escribe, se asegura que este “ordenamiento” no es una ajuste neoliberal al mismo tiempo que repiten que “nadie quedará desamparado”. Así que pareciera que subir todos los precios, vender en otra moneda, eliminar la que ellos mismos inventaron, “subir” los salarios sin subir su poder adquisitivo, “subir” los salarios que se mantuvieron por décadas insuficientes y lo seguirán siendo, no va contra la justicia social. Quieren que creamos que imponer un “tarifazo”, subiendo el precio de la corriente después de haber promovido cocinar con corriente, es ordenamiento.

Esta medida concretamente niega y contradice la historia de una de las conquistas más progresistas de la historia de Cuba: “Durante el gobierno de los 100 días, encabezado por Ramón Grau San Martín, Antonio Guiteras, que encarnaba el ala antiimperialista de ese gobierno, se ocupaba de la importante Secretaría de Gobernación con el cargo de Secretario de Gobernación, Marina y Ejército. Bajo su influencia se adoptaron una serie de leyes y decretos revolucionarios, a favor de las masas oprimidas.

Una de ellas, la rebaja de la tarifa eléctrica, fue firmada el 6 de diciembre de 1933, y fijaba en 10 centavos el precio del kilowatt, asimismo establecía una moratoria para el pago de todos los adeudos o atrasos que existían desde septiembre. De igual forma, se prohíbe al monopolio eléctrico, la rebaja de salarios y el despido a empleados y obreros, tomando como pretexto esta rebaja de tarifas.” (Tomado de http:cadenagramonte.cu/efemerides/ver/1933–antonio-guiteras-ordena-intervencion-compania-electricidad)

Plantean que son medidas económicamente correctas que ajustando el bolsillo no crearán desamparo, ni mayores índices de pobreza, ni hambre, ni falta de acceso a los medicamentos, ni precariedad. O será que debemos razonar que estos ajustes neoliberales sí provocarán el desamparo pero que el Estado, otra vez paternalista, otra vez mesiánico y providente, volverá a subsidiar lo que antes subsidiaba, o volverá a “dar” individualmente lo que antes daba a todos por “igualdad decretada”. ¿Y tengo que creer que este círculo voluntarista es para más justicia social y más socialismo? La realidad nos dice que no es así. ¿Entonces será para más capitalismo salvaje, para más capitalismo monopolista de Estado? La realidad nos dice que sí.

Se paraliza y se reordena todo el país, congelado por la crisis más la pandemia, pero no se detiene la construcción de hoteles. Escasea la comida y los alimentos, pero aparece el dinero para incrementar el turismo. Surge como una fantasma que recorre el País aquella frase de Lenin, dada como rasero de la verdad: ¿A quién beneficia esto?
Y por último, este “ordenamiento” va contra los sentidos. Pareciera como que tengo que “sentir” como algo que no me duele lo que me duele, que tengo que sentir como “blando” lo que nos golpea. Que tengo que escuchar el absurdo como si fuera la razón. Que tengo que degustar lo amargo como dulce y saborear el mal gusto como bueno.

Pero, como siempre, no quisiera quedarme en la queja, quiero perseverar a pesar de todo en la propuesta, la solución y la esperanza. Es mi derecho y, además, es consecuencia de la formación cristiana que he recibido y la vocación que he escogido: completar la denuncia con el anuncio, la queja con la propuesta, el problema con las posibles soluciones.

¿Qué sería verdaderamente un ordenamiento de la realidad cubana?

1. El primer paso del ordenamiento es “aprender a pensar primero”. Hoy, más que nunca es vigente y urgente el método que usó el Venerable Padre Félix Varela para comenzar a fundar la nación cubana: enseñar “primero en pensar” como dijo José de la Luz y Caballero. Para su refundación Cuba necesita primero que todo pensar. Que nadie nos pueda quitar el pensar. Podrán quitarnos los medios de comunicación, las conexiones de internet, incluso podrán manipular el significado y el uso del lenguaje… podrán desconocer que el tiempo pasa, que tenemos una sola vida, que de experimento en experimento se nos pasa la única oportunidad en este mundo… pero lo que no pueden ni podrá nadie ni nada quitarnos es la capacidad de pensar, de pensar primero, de pensar bien.

Pensar primero antes que hablar, antes que aceptar, antes que decidir, antes que actuar. Pensar con cabeza propia, pensar diferente, pensar en plural, pensar en los demás, pensar Cuba. Este es el primer ordenamiento. Lo normal es que cada cual piense con su cabeza, es el pensamiento diverso y discrepante, es la pluralidad en el pensar. La primera tarea es ordenar las prioridades: pensar antes que experimentar. Pensar en los ciudadanos antes que en el Estado que debe estar para servir no para imponer.

2. Una segunda tarea de ordenamiento de la Nación es crear un nuevo marco jurídico, un ambiente mediático y un estilo de convivencia en los que la persona humana sea el sujeto, el protagonista y el fin de todo proceso e institución social. Aquello que deseaba Martí que: “la ley primera de la República sea el culto a la dignidad plena del hombre”.

Que la ley sea para dar más vida y oportunidades a las personas, y no para dar continuidad a la espiral del desorden-orden-desordenado y vuelto a ordenar. Que la persona, cada ciudadano cubano, piense como piense y viva donde viva, sea el que pueda ordenar su propia vida, la de su familia y sea el “ordenador”, valga decir, el soberano que decida qué, cómo y cuándo ordenar. Que la economía esté al servicio de la persona del cubano y su familia, y no al revés. Que la política esté al servicio de la persona del cubano y la convivencia plural y pacífica, y no al revés. Que las medidas sean para ajustar al Estado primero que a la persona del ciudadano, y no al revés. Creo que esta es una tarea fundamental de ordenamiento de las prioridades para Cuba.

3. Una tercera tarea de un verdadero ordenamiento sería en el ámbito de la economía: que la vida y el trabajo de los cubanos se ordene libremente sobre bases de libertad, responsabilidad, derechos y deberes, respetados y no reprimidos. La normalidad es que todas las fuerzas productivas sean liberadas de todas las trabas del monopolio estatal y la burocracia. Que sean liberadas de listas medievales todos los trabajos honestos, sencillos o profesionales, manuales e intelectuales, obreros y campesinos, y esas empresas sean jurídicamente reconocidas y socialmente respetadas.

No es normal ni ordenado que la empresa estatal socialista, que ha demostrado por 60 años que es irrentable, ineficiente, fuente de corrupción, oportunidad para el robo, carga para el Estado e incapaz de producir riqueza, sea declarada por un voluntarismo como el centro de un nuevo ordenamiento. Ordenar sería reconocer el cambio que se ha producido en la productividad, la calidad y los servicios cuando la propiedad privada o cooperativa son asumidas por los emprendedores cubanos que han demostrado en poco tiempo y con innumerables trabas, impuestos y restricciones, sin un mercado mayorista universal, cuál es el ordenamiento que Cuba necesita.

Antes de la debacle usted podía hacer una verificación de este ordenamiento necesario solo caminando por las calles de su pueblo, y apuntando con el binario cero-uno cuál correspondía a la pequeña empresa privada y cuál a la ineficiente empresa estatal. Ordenar sería convertir el cero vacío que no funciona a la izquierda en cantidades reales de productividad para ordenar el centro del problema.

4. Una cuarta tarea de un verdadero ordenamiento del país sería en el plano social: es devolver la soberanía al ciudadano de forma real y efectiva, no solo consultiva. Es dar personalidad jurídica y participación real y no solo de asentimiento a la diversidad de las organizaciones y grupos de la sociedad civil. Es crear un marco constitucional y jurídico complementario en que a cada forma de pensar, de crear, de convivir, siempre que sea de forma pacífica y constructiva, le sea reconocido su derecho inalienable y universal de libertad de expresión, de reunión, de asociación. El reconocimiento de la sociedad civil como un interlocutor válido y un eficaz participante en el reordenamiento de la nación es avanzar hacia la normalidad de una vida en sociedad. El protagonismo de la sociedad civil es el nuevo nombre de una democracia de calidad y de una gobernanza efectiva y soberana.

5. Y una cuarta tarea del ordenamiento del país real sería en el orden político: pasar del monopolio político de un solo partido que se sitúa a sí mismo por encima del ciudadano, del gobierno y del Estado hacia un sano pluralismo político que refleje la realidad del mundo y de Cuba. Si Cuba es diversa, no se ordena con la uniformidad. Si Cuba es plural, no se ordena reprimiendo y descalificando al diferente. El pluripartidismo es al ordenamiento político lo que la liberación de la pequeña, mediana y gran empresa privada o cooperativa es a una economía social de mercado con creación de riqueza y justicia social.

Una verdadera “Tarea Ordenamiento” no podría ser solo en el orden económico porque sería reducir el ser humano a lo material y la sociedad a un mercado.

Ordenar la economía sin ordenar la sociedad y la política es suponer que la vida gira en torno al bolsillo y la barriga. Y eso no es ordenado ni normal. Un verdadero ordenamiento no es buscar una unidad en la unanimidad sino una unidad en la diversidad.

Otras muchas tareas de ordenamiento pudieran surgir si pensar diferente, como País, no fuera considerado peligroso o mercenario. La creatividad de todos tiene que ser, sin ninguna duda, más rica, más diversa y más constructiva que la creatividad de un pequeño grupo que tiene necesidad de semanas, meses y años para “explicar” a los ciudadanos como si fuéramos tontos o anormales qué es, cómo se hace, cómo se recibe y cómo se aguanta una sola tarea de ordenamiento venida desde arriba. Esto no se parece a socializar. Esto no se parece a la educación popular, esto no se parece al empoderamiento ciudadano. Este ordenamiento al revés de las aspiraciones de la mayoría de los cubanos que esperan el Año nuevo con miedo, zozobra y pobreza no se parece a lo que Cuba merece.

Para ordenar hay que desalambrar el alma de la nación. Hay que desalambrar las fuerzas vivas de los cubanos. Hay que desalambrar no solo la economía sino la política y la sociedad civil.

Ahora mismo viene a mi mente aquella canción de Daniel Viglietti que hizo famosa el chileno Víctor Jara frente a aquella dictadura de derecha:

“Yo pregunto a los presentes
Si no se han puesto a pensar
Que esta tierra es de nosotros
Y no del que tenga más.

Yo pregunto si en la tierra
Nunca habrá pensado usted
Que si las manos son nuestras
Es nuestro lo que nos den.

A desalambrar, a desalambrar
Que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel
De Pedro y María, de Juan y José.”

Todos los cubanos somos Pedro, María, Juan y José, somos Fuenteovejuna, y debemos darnos a la tarea de “desalambrar” el alma y las manos, los pies, la mente, los sentimientos y los corazones de los cubanos. Cada cual quitando sus propios alambres y ayudando a los demás a pensar, a discernir y a “desalambrar” su propia vida y la de la Nación.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

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