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El fracasado modelo cubano para informatizar a la sociedad

Cuba: En un país que se jacta de tener uno de los más altos índices de escolaridad, la informatización no va más allá de programas caducos y softwares educativos que se fabrican en la UCI

Foto tomada del Directorio cubano

Una de las premisas de los últimos años ha sido la informatización de la sociedad cubana. Más allá de la necesidad de insertar al pueblo en el mundo real, con los beneficios y facilidades que tiene, la principal motivación ha sido el jugoso negocio para las arcas del Estado. Sin embargo, las prestaciones en materia de servicios e infraestructura tecnológica han dejado mucho que desear y han vuelto este proceso lento y complejo.

Desde un inicio, el acceso a la red de redes fue muy limitado y a un precio inaccesible para la mayoría de los cubanos. Y aunque los mismos han descendido, el negocio sigue siendo un mecanismo de enriquecimiento y de control. El gobierno ha mantenido bajos los perfiles de navegación y consumo de los cubanos justificándolo hasta el cansancio con la baja disponibilidad técnica.

La compra de tecnología obsoleta, por ejemplo, ha puesto en tela de juicio el destino que le da el monopolio de las telecomunicaciones a sus nada despreciables utilidades. En vez de reducir los niveles de miseria y escasez en la Isla o potenciar el sector con las enormes prestaciones que tiene en materia de innovación, servicios y comercio electrónico tiene, dilapida sus ingresos en gastos políticos.

En un país que se jacta de tener uno de los más altos índices de escolaridad, la informatización no va más allá de programas caducos y softwares educativos que se fabrican en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). Mientras siga siendo baja la participación de alumnos en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que apoyan los sectores tecnológicos de avanzada, mediocre será su despunte. El poco desarrollo de la tecnología de casa, los insuficientes recursos que se destinan para la innovación (0.6% del PIB) y la formación de verdaderos informáticos, no son consecuentes con la informatización de la sociedad que se quiere.

Por tal motivo, la obsolescencia y carencias tecnológicas brindan un servicio anodino al pueblo, de lenta y limitada velocidad, lo que ha contrastado con la calidad y la carestía de sus ofertas. Esto trae aparejado inconformidades y quejas de la población que sigue perdiendo tiempo y dinero, sin otra empresa por la cual optar.

No obstante, detrás de esa fachada de informatización se esconde un lucrativo negocio. Una de las vías por las que el gobierno cubano recibe decenas de millones de dólares son las recargas del exterior en MLC, privilegio al que solo tienen acceso los que tengan familiares en otros países.

De igual forma, tener el control absoluto de este consorcio le ha posibilitado al gobierno interferir y hasta bloquear el acceso de los cibernautas a las redes en momentos cruciales. Un ejemplo reciente fue el caso del Movimiento San Isidro (MSI) y la manifestación frente al Ministerio de Cultura (MINCULT), corroborado por Netbloks.

En Cuba no existe una estrategia integral de informatización. Se dan pasos aislados en pos de brindar servicios puntuales a organizaciones estatales desconectadas de la economía y del sector privado, cuando este último también pudiera aportar e innovar. Se trata sin dudas, de un “modelo cubano de innovación tecnológica” orientado al fracaso, al despilfarro de recursos y al enriquecimiento del régimen.

Desde 1960, la comunidad científico-tecnológica internacional ha venido mejorando de forma acelerada la vida de la humanidad. Internet ha sido un ejemplo de ello; pero no llegó a la isla hasta fines de 1996 y, como siempre, en manos de la élite del país. Tuvieron que pasar 20 años más para que el uso de este servicio comenzara a masificarse. Actualmente, solo 4.3 millones de cubanos acceden a Internet.

Eddy Delgado

Se graduó como arquitecto del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría (CUJAE). Atiende el tema de la divulgación de la organización Centro de Estudios Políticos y Alternativos para la Transición Democrática (CEPADT), y está al frente del trabajo con los jóvenes.

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