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Mientras llega la Soberana

El día cero de cualquier campaña tiene que coincidir con las fechas y aniversarios de cruzadas mambisas y rebeldes, muerte de líderes y patriotas, eventos e inicio de cruzadas posteriores al triunfo de 1959, no importa si hay que rellenar casillas vacías o suprimir las demasiado hartas.

Imagen tomada de Cubadebate

En 1989, año de la caída del muro de Berlín, la Revolución cubana tropezó con su onomástica. Desde entonces y hasta 1994, los años se nombraron según el cómputo; es decir, “Año 31 de la Revolución” para 1989 y etcétera. El perro comenzó a llamarse Perro y el gato comenzó a llamarse Gato porque la mona se rasgó sus vestiduras de seda.

Pero 1994 no fue año de cuarentenas salvadoras. El gobierno necesitó un apalancamiento ideológico para equilibrar el Maleconazo de agosto, un movimiento de protestas que derivaron en actos vandálicos y el consiguiente éxodo masivo que limpió el país de desafectos. Así consiguió el gobierno su forzada estabilidad mientras los emigrados se afeitaban con Gillette. El símbolo vivificador de los objetivos amenazados lo aportó el siempre recurrido apóstol: 1995, “Año del Centenario de la Caída en Combate de José Martí”.

Y es que la historia cubana después de Cristóbal Colón y hasta la huida de Fulgencio Batista parece estar diseñada como pasarela de la Revolución. El día cero de cualquier campaña tiene que coincidir con las fechas y aniversarios de cruzadas mambisas y rebeldes, muerte de líderes y patriotas, eventos e inicio de cruzadas posteriores al triunfo de 1959, no importa si hay que rellenar casillas vacías o suprimir las demasiado hartas.

El nombre de los años va en la cuerda de ese desprecio verdulero, para nada original. Cuba no instituyó un calendario como Francia después de la decapitación de Robespierre en 1792; pero concibió sucedáneos que cumplieron las mismas funciones represoras. Francia tuvo su “Año Uno de la Revolución” entre 1792 y 1793. Y Cuba llamó “Año de la Liberación” a 1959. Los que tenían que ser decapitados se decapitaron a sí mismos y donaron las cabezas para ser utilizadas como máscaras. También el terror puede vestirse de seda.

Después, el santo que sugiere las conmemoraciones revolucionarias ha vuelto a entrar en crisis en 2010 y aún no se restablece. Quizás lo cambiaron de departamento y se dedica a tareas como la del “ordenamiento” monetario en tiempos de pandemia. Porque el día cero (del “ordenamiento”) llegó el 1 de enero, anunciado oficialmente por un estático y casi hierático Miguel Díaz-Canel a quien acompañó un abotargado y casi extático Raúl Castro.

En el momento de la alocución podía preverse el rebrote de la COVID-19. Más allá de los criterios económicos manejados, se trata de una meta a cumplir antes de la realización del congreso del Partido Comunista de Cuba, presumiblemente en abril. Los vaivenes de los precios en enero de 2021, corroboran que ni había criterios ni el gobierno cubano sabe (porque no ha sabido nunca) manejar la economía. Por supuesto: ¿qué economía?

También se barrunta que a la par del evento partidista, estará efectuándose la campaña de vacunación contra la COVID-19 utilizando la Soberana 01, el candidato más adelantado de los que dice tener la biotecnología cubana. Cuba no ha mostrado interés por la vacuna rusa Sputnik, comprada en cantidades millonarias por Argentina y Venezuela; pero ha sostenido intercambios con el gobierno bolivariano para la creación de un banco que beneficie a los países del ALBA. Algo se cuece, porque las cobayas también tienen derechos de vez en cuando.

Si bien lo que el mundo pide es regresar a condiciones de vida situadas en terreno conocido, igualmente reina el escepticismo acerca de la franqueza de las informaciones, sin dejar de lado que algunos gobiernos son más cínicos que otros y, por ende, que algunos pueblos son más manipulables que otros. Ser “pueblo” significa ser susceptible de manipulación.

Así las cosas, será difícil que el gobierno cubano se conforme con un macilento “Año 63 de la Revolución” para el 2021. En cualquier momento puede rebautizarse, ya sea como “Año del Ordenamiento Monetario”, “Año de la Soberana” o incluso “Año del Rebrote Necesario”. El perro seguirá llamándose Perro y el gato seguirá llamándose Gato. Que la mona vuelva a vestirse de seda después de la vacuna, dice mucho de la estupidez de los humanos, gobernantes por más señas. Si llegan a vender alimentos para animales en las tiendas MLC, será porque la seda dibujas las siluetas cubanas.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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