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Biodiversidad en Cuba, el camino no recorrido

Cuba constituye un punto caliente de la diversidad biológica en el Caribe insular y su biodiversidad sigue estando en peligro por la negligencia y desidia de las autoridades ambientales cubanas.

Imagen cortesía del autor

Cuba es la isla de las Antillas con mayor diversidad biológica en riqueza total de especies y en grado de endemismo, lo cual eleva el valor de la biota cubana. Entre los ecosistemas mejor representados en la zona costera, se encuentran los manglares, recurso forestal natural que ocupa el 26 % de la superficie boscosa del país y representan el 6% del territorio nacional. A ello se agrega su especial significación por su función en la protección y estabilidad de la zona costera y en su productividad biológica.

Sin embargo, la biodiversidad cubana ha declinado en diferentes regiones debido a la modificación de los hábitats naturales en sistemas agrícolas, forestales, la industrialización y el crecimiento urbano. Estas áreas incluyen bosques lluviosos, manglares, vegetación costera, bosques siempre verdes, bosques semideciduos y otros tipos de formaciones vegetales.

En el Estudio Nacional de la Diversidad Biológica de la República de Cuba, se plantea que la diversidad de ecosistemas (42 tipos) y paisajes (6 y 17 tipos de niveles altos y medios respectivamente), está relacionada con la elevada diversidad de especies: 6 500 de plantas vasculares (con 51.4 % de endemismo) y más de 19 600 descritas para la fauna, que representan en opinión de los especialistas el 50 % de la cantidad estimada  para la fauna silvestre cubana, principalmente en grupos invertebrados, cuyo endemismo se ha estimado en 42 %.

La biodiversidad cubana sufre varias amenazas y un aspecto importante para distinguirlas es su diferencia con los efectos o consecuencias que se derivan de ellas. A manera de síntesis, se puede identificar las siguientes:

  1. Alteración, fragmentación o pérdida de hábitats/ecosistemas/paisajes. Posiblemente la principal consecuencia. Puede ser generada por una amplia gama de acciones antrópicas o no. Resulta la más difícil de estimar debido a que no están definidos con claridad sus límites y fuentes de alteración. El análisis se simplifica al medir los cambios en el balance del uso de la tierra, pues se sintetizan los diferentes recursos naturales (forestales, agrícolas, pesqueros, mineros, turísticos, etc.), se evalúa la evolución de su tasa de cambio y se puede pronosticar la tendencia a su uso.
  2. Sobreexplotación de las especies. El mejor ejemplo es el manejo no sostenible de los recursos pesqueros. Las pesquerías antes de 1959 se realizaban con métodos artesanales y eran de marcado carácter estacional. Las capturas nacionales pasaron de 41 900 t (1959) a más de 70 000 t (1985); sin embargo, el rendimiento promedio anual es de 0.62 t/km2. Igual situación se ha dado en el caso de nuestra fauna cinegética que ha sido menguada por la tala de bosques, la caza irracional y furtiva.
  3. Contaminación de suelos, aguas y el aire. La contaminación de acuatorios por hidrocarburos, atribuible principalmente a accidentes, ha causado daños irreparables en la ictiofauna y la vegetación acuática. También es contaminante la salinización, como es el caso de la macrolaguna interior del archipiélago Sabana-Canagüey, por la construcción de pedraplenes. O la bahía de Los Perros, donde se ha eliminado toda señal de vida. Otros ejemplos son la salinización del valle de Caujerí, en Guantánamo, por manejos agrícolas y agropecuarios inadecuados; la región de Moa, donde confluyen los tres tipos de contaminación (aire, agua y suelo) como consecuencia del desarrollo minero; y la bahía de La Habana, que está considerada entre las más contaminadas del mundo.
  4. Invasión o introducción de especies exóticas. El marabú (Dichrostachys cinerea) es un ejemplo típico. Se introdujo como planta ornamental pero se convirtió en una verdadera plaga. También, la claria, que resulta un fuerte competidor y depredador que devora la fauna autóctona de los embalses donde fue introducida.
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De estos ejemplos se desprende que la diversidad biológica interviene en todos los sectores de la sociedad y exige un enfoque multidisciplinario en las metodologías y modalidades de búsqueda, organización, intercambio y análisis de datos. En Cuba los progresos son insuficientes a pesar de que el desarrollo económico está estrechamente ligado a la explotación de sus recursos y la exportación de materias primas.

La situación actual en el campo de la información y los métodos de análisis, obligan a productores y políticos a la toma de decisiones con una información incompleta e imperfecta en un marco muy fuerte de incertidumbre.

Aunque Cuba constituya un punto caliente de la diversidad biológica en el Caribe insular, su biodiversidad sigue estando en peligro por la negligencia y desidia de las autoridades ambientales cubanas.

Abel Hernández

Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana con máster en Ciencias de Ecología y Sistemática Aplicada por el Instituto de Ecología y Sistemática de Cuba. Ha trabajado como director del Museo de Historia Natural de Sancti Spíritus, Jefe del Área de Investigación Cultural Dirección Provincial de Cultura de Sancti Spíritus, profesor universitario con la categoría de Auxiliar. Obtuvo Premio en Divulgación Científica en los Concursos Nacionales Pinos Nuevos 1999, La Edad de Oro 2001, La Rosa Blanca 2002 y 2006, y La puerta de papel 2008; y Sendero de Luz 2009, 2010 y 2015, de la Biblioteca provincial Rubén Martínez Villena por haber sido el escritor más leído en 2008, 2009 y 2014.

Correo: pronaten2015cuba@gmail.com

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