Cuba te Cuenta

Ecuador 2021: una reflexión democrática

Dentro de poco en Ecuador será electo, en el marco de una democracia históricamente inestable, el nuevo mandatario. Será en una segunda vuelta a disputar entre un candidato de las tesis socialistas y antidemocráticas, auspiciado por el expresidente prófugo Rafael Correa, el candidato Andrés Arauz, y su contendor, el tres veces candidato de centro derecha, Guillermo Lasso.

Por Daniel Mayorga M.

La libertad es la madre de la democracia, y a la vez, su hija. La historia de la humanidad es la historia de una constante lucha por alcanzar la tantas veces arrebatada y sacrificada libertad. En tal intento, las sociedades se organizaron para ejercer su derecho individual y limitar la injerencia del poder. La democracia, por tanto, nace como un medio para garantizar la libertad.

Puede decirse incluso que la democracia no es otra cosa que la libertad individual colectivamente reconocida. Sin embargo, la historia del poder es precisamente la de una lucha sin tregua por someter a unos en favor de otros. La antinomia entre poder y libertad es tan antigua como el hombre.

Es tan popular la democracia y tan nuestra, tan ciudadana, que no existe régimen, por tiránico, por atropellador de derechos humanos o por totalitario que sea, que no pretenda llamarse democrático o que no ondee la bandera de la democracia como estandarte legitimador de sus abusos. Ejemplos de ello abundan en nuestra región, siendo las dictaduras cubana y venezolana las campeonas del descaro. A ellas se suman regímenes aprendices como el de Correa en Ecuador o el de Evo en Bolivia. Estos, haciéndose con el poder por la vía democrática, la erosionan desde dentro y atentan contra las instituciones y mecanismos que la sostienen. La alternabilidad en el poder, la autonomía en las funciones del Estado y la garantía de libertades fundamentales han sido blancos a atacar por toda la saga de mandatarios que en las dos últimas décadas han gobernado en América Latina bajo los postulados del llamado Socialismo del siglo XXI, opio de los pueblos que lo padecen.

Dentro de poco en Ecuador será electo, en el marco de una democracia históricamente inestable, el nuevo mandatario. Será en una segunda vuelta a disputar entre un candidato de las tesis socialistas y antidemocráticas, auspiciado por el expresidente prófugo Rafael Correa, el candidato Andrés Arauz, y su contendor, el tres veces candidato de centro derecha, Guillermo Lasso. Arauz, quien en primera vuelta obtuvo más del 32% de la votación, ha dicho en varias ocasiones que aspira perennizarse en el poder por “veinte, cincuenta años”. También ha compartido en varias ocasiones su opinión abiertamente contraria a la dolarización, institución monetaria que desde hace veinte años protege a los ciudadanos ecuatorianos, y el fruto de su trabajo, de la clase política. Por tanto, no son pocos los rasgos de este personaje que hacen que tanto los defensores de políticas distintas, como los demócratas en general, temamos los males que un eventual mandato suyo podría significarnos.

Queda entonces abierta la posibilidad de que la democracia ecuatoriana, víctima de muchos males ya, recurra desesperada una vez más a personajes que pretenden acabarla. El populismo es capaz de convertir a la democracia en suicida, y a sus electores, en autores de su propia sentencia a un destino fatal. Sería terrible que caigamos en aquella trampa orientada a destruir precisamente aquello que la democracia tiene como fin defender. La democracia podrán arrebatárnosla, pero no podemos permitirnos entregarla sumisos para después llorar su ausencia cuando sea demasiado tarde.

CubaTeCuenta

Comentario

Facebook

Suscribete al Newsletter

Síguenos

Don't be shy, get in touch. We love meeting interesting people and making new friends.