Cuba te Cuenta

La patria, la vida y otras obviedades

Será difícil lograr un cambio sin odio, pero no imposible. Es el reto humano, cubano. Primero, imprescindible, afirmar la vida. Y reservar los aplausos para cuando los adoquines vuelvan a pavimentar la infancia de nuestros hijos y la patria sangre en sus rodillas por un juego de niños.

Imagen cortesía del autor

Lo más difícil en Cuba será lograr un cambio sin odio. Detrás de las sonrisas de complacencia de los vecinos que siguen compartiendo alguna vianda, está la intención de envenenarla.

Porque un sistema como el de Cuba parece trabajar únicamente para acumular tiesuras. No hay nada satisfecho a plenitud en poco más de sesenta años. El hambre de ayer solo ha servido para alimentar el hambre de mañana, cerrando siempre con el postre de cualquier promesa que sea premisa. La evidencia es tácita. Está descrita en la supervivencia de huracanes y tornados, que también son mártires y cumplen aniversarios.

En esta perspectiva, casi es una ventaja la (incesante) emigración cubana, a veces éxodo, a veces exilio. Aves sin nido. La nostalgia es un anclaje recio y desvirtuado. Pide cambios sin mover los adoquines de la plaza y no quiere calzarse tampoco los zapatos de ayer si no es para homenajes. ¿Qué será, entonces, la patria? Puede ser un adoquín de la infancia y la vergüenza infantil por los zapatos en desuso. Una mezcla de sentimientos como la experimentada frente a un cadáver (conocido): tristeza por la ausencia, alegría por el descanso. La patria es el cadáver de la nostalgia de la que viven unos y por la que mueren otros. La patria, nostálgica, es la subsistencia embalsamada para llenar espacio en la fotografía de un turista. O en la de un amigo. O en la de un familiar. La patria del Patria o Muerte ha devenido un show para turistas.

Mezcla de sentimientos, mezcla de conceptos. ¿Qué es el amor? El amor es la tierra cuando no era la Tierra. Ausencia absoluta de fronteras. ¿Entonces qué es la patria? La patria es la infancia sin doctrinas, es el lugar donde nos raspamos las piernas escapando de alguna travesura. Incluso puede ser el lugar donde nos hemos raspado el alma escapando del sistema que destruyó nuestra infancia, el lugar alegre donde hemos vivido tristes o el lugar triste donde hemos vivido alegres, aves sin nido. Patria es el sentir libre de la ponzoña de las escuelas y sus colores.

Porque, mirándolo bien, la vida que nos hace sentir orgullosos no es la de los senderos trillados sino la de los senderos ocultos sin importar que el lobo aceche. La del cruce de fronteras fuera de la vista de los centinelas que están dispuestos a matar si te sorprenden. Pero la muerte no es una alternativa. La muerte es una condición imprescindible de la vida. Vida es la duración de tiempo que incluye la muerte cuando acontezca, no cuando se apresure. Por tanto, todo discurso que presente la muerte como alternativa única a un presunto modo de vivir exclusivo, es una aberración. Lo es, porque troncha infancias mientras desarrolla campañas de vacunación contra la poliomielitis.

Ni los mártires querían morir cuando murieron. La mitad de los mártires, como la mitad de las vírgenes, suelen ser necios, decía un gran pensador. Nadie quiere morir ni siquiera la muerte inevitable al final del camino de la vida. ¿Cómo pensar entonces que alguien pueda preferir la muerte si no se cumplen determinados presupuestos? La patria es emoción y es silencio y hasta una lágrima cuando el traje obligado escuece y aprieta. La patria es bella si anda desnuda. Si vestida, es un video clic con el cantautor de turno o el consagrado envuelto en telarañas. La vida es bella si anda desnuda. Si vestida, es la patria encorsetada y muerta. Es redundante afirmar Patria o Muerte cuando la muerte es la única opción de una patria que mata.

El escritor John Fowles, en su novela “El mago”, escribió: “Lo grave no fue que hubiera un hombre con el valor suficiente para ser malvado, sino que hubiera millones de personas sin el valor suficiente para ser buenos”. Se refería a Hitler y a los alemanes. Hitler, ese hombre que afirmaba la nación alemana por encima de todo (y de todos, aunque fueran alemanes). Fue la tragedia alemana. Y fue la tragedia de los países que integraban el bloque socialista europeo. Y la de China, Corea del Norte y Venezuela. ¡Y la de Cuba! No se trata del burdo y recurrido paralelismo entre sistemas más o menos nacionalistas, menos o más totalitarios. Se trata de ese fenómeno que en Cuba han llamado “continuidad” y que pasa, inevitablemente, por ovaciones, aplausos, asentimientos y manuales de historia compilados por autores seleccionados, no selectos. La continuidad del ajiaco que, dicen, es nuestra nacionalidad, pero sin viandas para cocinar. Y demasiado fuego.

La vida es cambio, fluye. Ninguna persona se baña dos veces en el mismo río ni vive toda su existencia en un solo país aunque nunca saliera de él. Rusia no es lo mismo que la extinta Unión Soviética, aunque sigan festejando todos los años la victoria sobre el fascismo. En Rusia es legal la venta de reliquias soviéticas, aunque sean falsas. En la Unión Soviética nadie podía vender ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­reliquias zaristas, aunque fueran ciertas, entre otras cosas porque habían sido confiscadas. Toda confiscación, toda prohibición, es odio.

Y el odio es estancamiento. Por eso es difícil eliminarlo. Ningún sapo quiere verse expulsado de su charca de lodo. Sin embargo, no hay que despotricar contra el odio. Es humano. Proviene, quizás, de la infancia, cuando ciertos planes de “modernización” eliminaron los adoquines de la calle donde jugábamos, para sustituirlos por una capa de asfalto que enseguida se llenó de huecos. La patria necesita laceraciones en las rodillas como fruto de los juegos, no perder las rodillas por jugar a la guerra y a la muerte.

Será difícil lograr un cambio sin odio, pero no imposible. Es el reto humano, cubano. Primero, imprescindible, afirmar la vida. Y reservar los aplausos para cuando los adoquines vuelvan a pavimentar la infancia de nuestros hijos y la patria sangre en sus rodillas por un juego de niños.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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