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La sociedad civil y la ley de bienestar animal

El gobierno, ya contra las cuerdas producto del auge del movimiento animalista, se vio obligado este 26 de febrero a aprobar la ansiada ley, que entrará en vigencia a los 90 días de su publicación en la Gaceta Oficial

Imagen tomada de CubaCute

Una guerra se compone de muchas batallas, y ganar una de ellas, por insignificante que sea, es colocar una piedra más en la pirámide del triunfo. Podríamos pensar que la ley de bienestar animal en Cuba, en términos estratégicos, no es más que un armisticio. Pero un armisticio contra quien tiene todas las armas y el poder de su lado, hace para los que solo luchan con el amor a una causa y la transparencia de sus ideas, una rotunda victoria. Minimizar el suceso, sería ignorar que vivimos en una sociedad totalitaria, donde dar un paso en cuestiones de derechos, por pequeño que parezca, es tan arriesgado como complejo.

El gobierno, ya contra las cuerdas producto del auge del movimiento animalista, se vio obligado este 26 de febrero a aprobar la ansiada ley, que entrará en vigencia a los 90 días de su publicación en la Gaceta Oficial. A los funcionarios no les quedó de otra que difundir, que la ley era el producto del diálogo con diferentes actores sociales. Así mataron dos pájaros de un tiro. Como siempre, la cuota de oportunismo político no podía faltar. Era mucho pedir que un gobierno cerrado a las críticas y al diálogo, reconociera públicamente, una derrota moral a manos de un grupo de ciudadanos.

Pero, hay un hecho que no deberíamos dejar pasar por alto, y que puede ser significativo e interesante a la hora de analizar el desarrollo de la conciencia social. Los activistas que forman parte de esa lucha, y que no son solo los pocos que se presentaron ante el Ministerio de la Agricultura el 19 de febrero pasado, representan un sector de la sociedad civil cubana. En su mayoría jóvenes sin filiación política alguna, que luchan por lo que consideran humanamente correcto.

El auge de la sociedad civil independiente en Cuba, no tiene precedentes en el último medio siglo. Ya no solo se habla de derechos humanos y libertades políticas. Se habla de periodismo, de racismo institucional, de violencia de género, de libertad artística, de reivindicación de los derechos LGBT, de defensa del medio ambiente, de derechos laborales, de desamparo social. Y no solo se habla, también se exige, se protesta y se critica al régimen.

Lo que el acontecimiento representa para la reconstrucción del tejido democrático de nuestro país, se materializa en el resultado. Una ley cubana de bienestar animal salida de la presión social, que al menos esta vez, no lograron vincular con esos “oscuros intereses”, matiz con el que acostumbran a teñir cualquier demanda ciudadana, por noble y justa que sea. La ley fue obra del empuje de esos que se organizaron, lucharon, protestaron y se manifestaron. También de los que le brindaron la cobertura mediática sin la cual, sus gritos de justicia, se hubieran convertido en un eco sordo dentro de la caverna del poder.

Pero más allá de todo lo acontecido, el hecho nos deja una lección; o mejor, la ratifica. Los ciudadanos somos los actores principales de la democracia. Mientras que, los gobernantes no son más que servidores públicos, aunque la soberbia que genera el prolongado ejercicio del poder, no les permita aceptar esta realidad.

Cuba ya tiene una ley de bienestar animal, y es justo agradecerle a esos que hicieron posible el anhelo. Ahora comienza la otra contienda, la de luchar porque se aplique y por hacer valer los derechos contenidos en la ley. Porque esas dos causas de las que habló Frédéric Bastiat: “…el egoísmo carente de inteligencia y la falsa filantropía”, no terminen por pervertirla.

Eduardo Clavel Rizo

(Santiago de Cuba) Bloguero de Cuba te cuenta. Estudiante de Sociología U.O. Poeta y Narrador. Ganador del concurso de poesía intertextual sobre José Martí en EEUU (2020). Fue miembro de la UNPACU y participó en el proyecto OTRO 18 con Arco democrático.

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