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Imagen tomada de Prensa Latina

La COVID-19 en Cuba… se escurre entre papeles

Covid-19: Sin importar el soporte, los problemas de los cubanos están resueltos en planes, presupuestos, informes y otros formatos de rendición de cuentas.  

La organización del sistema cubano es impecable… en papeles. Sin importar el soporte, que varía desde hace algunos años, todos los problemas de los cubanos están resueltos en planes, presupuestos, informes y otros formatos de rendición de cuentas.

Cada noche se puede constatar que los campos están florecidos de cosechas, los parques automotores están en completo funcionamiento y los infractores de delitos son detenidos en el acto… en la Emisión Estelar del Noticiero  de la Televisión Cubana, a las 8:00 pm.

En el tema de la pandemia, también todo está resuelto y controlado. Los pasos podálicos, las mascarillas, las soluciones de hipoclorito, las diferentes entradas en los hospitales y policlínicos… La aparición de la COVID-19 presentó un nuevo escenario para todo el mundo. Cuba no se quedó al margen. Había que superarse en todos los aspectos. Y la burocracia no podía quedar atrás.

El “reunionismo” de nunca acabar inundó las redes. Algunos directivos respiraron aliviados porque fueron “liberados de esas tareas” (frase que emplea el gobierno cubano para referirse a la ausencia de ciertos dirigentes). Actualizar un documento que nadie puede comprobar por limitaciones de movimiento y “déficit” de petróleo, requiere de pocos estudios.

Ejemplo, hace unas semanas, antes de que la provincia de Holguín se complicara con la tasa de incidencia de la enfermedad, sus dirigentes habían explicado el plan de enfrentamiento que habían preparado. Sin embargo, tres días después estaba obsoleto por la cantidad de casos confirmados. Ninguna de las medidas planificadas dio resultado en la práctica.

Veamos en detalles qué sucede:

Paso 1. Los contactos de primera línea serán aislados inmediatamente que se conozca un caso positivo.

La realidad: demoran hasta una semana en ingresar a estas personas. Algunas, conscientes, se auto-aíslan, mientras otros no tienen las condiciones y siguen su vida cotidiana.

Paso 2. Al llegar la persona contagiada al centro de aislamiento, le realizan un PCR cuyo resultado debe estar en 72 horas.

La realidad: el resultado puede demorar más de tres días, incluso puede no llegar. En el intervalo, pueden incluir en la habitación o cubículo del supuesto contagiado, a otra persona. Si esta arroja un resultado positivo en el PCR, la primera, que no ha tenido resultados ni certezas, debe permanecer aislada otros siete días.

Paso 3. La persona sobrevives a todo ese tiempo de mala comida y pocas atenciones, y debe irse porque por fin tiene resultado negativo.

La realidad: todavía tiene que esperar varias horas si no logra un transporte por medios propios. Al salir de la habitación no le harán la limpieza que toca ni la visitarán nunca más para darle el alta epidemiológica.

Lo llamativo es que toda la realidad de un paciente positivo a la COVID-19 en Cuba, está descrita en el protocolo de enfrentamiento a la enfermedad.

Falta de insumos y de reactivos para procesar las muestras, deshonestidad en las informaciones, ausencia de medidas que protejan al pueblo en lugar de atacarlo… Tal es la cruda realidad.

Es, tristemente, un “ir y venir del carajo”, siguiendo a Gabriel García Márquez en su novela “El amor en los tiempos del cólera”. Se trata de la ineptitud de los que dirigen que siguen poniendo en riesgo la salud del cubano.

En planes, diapositivas, informes y esquemas, todo está resuelto en Cuba. Y pasarán muchos años para que llegue a la vida real, porque el asunto del engaño y la manipulación mediática están demasiado enquistados como para removerse de inmediato.

Sin dudas, el protocolo para enfrentar la COVID-19 en Cuba tiene fisuras que dejan escapar el virus. Un protocolo que, a la postre, ha servido para camuflar otros asuntos que tampoco tienen responsables ni fecha de cumplimiento.

Renata Santander

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