Cuba te Cuenta

Miremos más al Estado

Por Esteban Arias.

El Estado está presente en diversos niveles. Y, posiblemente, los más importantes sean los Gobiernos regionales y locales. En estos suele estar la mayor cantidad de corrupción y de mal entrega de servicios públicos. 

Querido ciudadano latinoamericano, te invito a que cada vez que pensemos en lo mal que esta tu país/mi país, que cada vez que sientas que algo no funciona o puede funcionar mejor, miremos al Estado.

El Estado es el principal administrador de los servicios para los ciudadanos. Maneja un montón de recursos con los que financia un sinfín de servicios. Tristemente, en nuestra región, según el informe de Julio 2020 de CESLA[1] de corrupción para América Latina, hay, en promedio, un nivel alto de corrupción y debilidad extrema en política anticorrupción (67,65 en una escala del 1 al 100, siendo 100 el punto más alarmante). A esto se le suma que una parte importante de los presupuestos de los Estados o no se ejecuta, o se ejecuta mal en obras no sostenibles o que no resuelven realmente los problemas de sus ciudadanos.

Sin embargo, esto no quiere decir que el Estado no pueda hacer mejor su trabajo, como sucede en los países más desarrollados. Y los ciudadanos debemos exigirle eso todos los días, literalmente.

Entonces, ¿qué tipo de Estado necesitamos? Uno que, por un lado, dirija los recursos a los más necesitados en políticas sostenibles y, por otro, dé las condiciones para que las personas salgan adelante con el proyecto de vida que deseen.

Lo primero implica, en algunas ocasiones, subsidiar: pero de forma inteligente, de modo que no se genere una relación de dependencia con el Estado sino que se den herramientas para que luego estos ciudadanos crezcan por su cuenta.

Lo segundo implica dos cosas. Por un lado, cooperar con el sector privado para mejorar los servicios básicos como agua, luz, transporte y educación; ayudar al ciudadano en sus emprendimientos, profesiones y talentos; y, no obstruir con burocracia o impuestos muy altos su desarrollo personal. Por otro lado, implica saber fiscalizar tanto al Estado (es decir, a sí mismo) como al sector privado para que todos vivan con las mismas reglas de juego, sin que haya algunos que crezcan a costa de otros (que es lo que sucede cuando hay colusiones y corrupción).

Y esto último es un problema más grande de lo que parece. La burocracia no solo está presente en los trámites cotidianos del ciudadano, sino también en las leyes que están detrás de los servicios públicos y que, en más ocasiones de las que uno creería, afectan también el trabajo del privado (al punto que lo hacen caro o no tan eficiente como podría ser).

Finalmente, todo esto implica entender que el Estado está presente en diversos niveles. Y, posiblemente, los más importantes sean los Gobiernos regionales y locales. En estos suele estar la mayor cantidad de corrupción y de mal entrega de servicios públicos. Entonces, miremos más a ellos, entendamos que el abandono de muchos latinoamericanos es, literalmente, culpa de generaciones de funcionarios ineficientes que ocuparon esos puestos. Apostemos y exigamos por Gobiernos subnacionales que siempre, como regla, favorezcan el desarrollo individual.

¿Qué pasa si no miramos al Estado? Por un lado, terminamos culpando solo al sector privado de los problemas del país. Si bien este puede tener responsabilidad, no deja de ser el motor del desarrollo de los países ni víctima (o en algunas ocasiones, aliado) de funcionarios corruptos y/o negligentes.

Por otro lado, tenderemos por tener un voto radical en las elecciones. Esto es lo peor que puede pasar, pues los Gobiernos radicales suelen ser autoritarios y no dialogar con los diferentes sectores del país, lo que genera desunión y polarización. Además, suelen tener medidas populistas cuya única consecuencia es traer miseria y angustia a los ciudadanos.

Entonces, tenemos que entender la importancia del Estado antes de ponernos a polarizar y pensar en soluciones radicales o mágicas. Los problemas no tienen soluciones mágicas, sino técnicas, que requieren ser bien pensadas y un trabajo multidisciplinario sostenido en el tiempo. No nos comamos el cuento de un salvador o de medidas salvadoras: diversifiquemos y trabajemos todos juntos para construir democracias que entiendan al ciudadano, que lo sirvan y que le ayuden a crecer.

[1] El indicador CESLA sintetiza a través del análisis factorial, la información que sobre el fenómeno de corrupción suministran las instituciones internacionales: Banco Mundial, Transparencia Internacional, Foro Económico Mundial, Fundación Heritage, Freedom House y Fundación Bertelsmann.

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