Cuba te Cuenta

Editorial: A golpe de exabruptos

Raúl Castro y otras figuras históricas se sustituyeron a sí mismas por apariencias más frescas en edad pero igual de obsoletas en pensamiento, sobre todo cacofónica

Imagen tomada de Diario de Cuba

“Aunque parezca raro, el destino de la libertad depende

de nuestra posibilidad de liberarnos de lo ya sucedido”.

José Antonio Marina Torres

Entre los días 16 y 19 de abril de 2021, se celebró en La Habana el 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). Como en una especie de bucle temporal, se proclamó la continuidad del legado revolucionario. Raúl Castro y otras figuras históricas se sustituyeron a sí mismas por apariencias más frescas en edad pero igual de obsoletas en pensamiento, sobre todo cacofónicas: pensar como país, pensar como país, pensar como país… ¿Qué país?

En el discurso de clausura, un Miguel Díaz-Canel Bermúdez recién electo Primer Secretario del Comité Central del PCC —efecto anunciado y causa perdida—, dijo que los militantes del partido estaban llamados a “revolucionar la Revolución”.

Hablaba de la militancia que el día anterior había elegido la membresía de ese Comité con un 99,32 % de los votos y un 100 % de boletas válidas. Hasta la estadística deviene en retroceso. Eventos anteriores mostraban variaciones en torno al 70 %. No era prometedor ni convincente, pero tampoco tan cínico. Se trata, por tanto, de alfabetización, porque lo verdaderamente importante para obtener buenos frutos de enseñar a leer y escribir, es el contenido del manual utilizado.

Hablamos de un partido único en muchos sentidos, que ha explotado esa condición solitaria del poder para generar un círculo vicioso a su favor. Hay contradicciones evidentes que son exhibidas sin pudor en los programas informativos oficiales. Según la perspectiva de estos medios, por ejemplo, las personas que eligen acusar los desmanes del gobierno cubano son mercenarios pagados por el gobierno de los Estados Unidos. No importa que estas personas sean una Tania Bruguera, mujer con instrucción reconocida en el mundo del arte, o cualquier persona con antecedentes delictivos. La doctrina pretende que la población establezca un vínculo directo entre oposición y delincuencia.

¿Qué ha fallado en el sistema de educación cubano, tan gratuito, tan completo, tan integral, que sesenta años después no puede impedir que sus “alumnos” le den la espalda y se “vendan” al mejor postor? Como se mencionaba, es un círculo vicioso que apunta al sustrato de la educación recibida, una educación sesgada, autoritaria, excluyente, que ha propiciado el surgimiento de una población incapaz, en su mayoría, de analizar una noticia con sentido común. Si a eso se le suma el control de los medios y de la información, la ausencia de contrastes y de un debate serio donde tengan cabida disímiles puntos de vista, se obtiene Cuba.

Es un fenómeno mundial el hecho de que se busque más el impacto que el análisis y se le ofrezca preponderancia, entonces, al acontecimiento que aún no ha tenido tiempo de indagar motivaciones. En países dictatoriales como Cuba, este fenómeno también se convierte en motivo de represión, por el simple hecho de que cualquier acontecimiento público impactante está relacionado con la frontera que el gobierno ha fijado para lo delincuencial. Y es casi todo.

Llegado un momento histórico, después de varias generaciones contrahechas culturalmente, saltan al ruedo todos aquellos que el gobierno ha descuidado, los que sienten sobre sus familias el peso de la debacle económica, los que se han movido siempre en la frontera de la marginalidad como modo de vida. Y lo hacen a su manera.

Como era de esperar, el 8vo. Congreso del PCC no abordó ninguna de las lagunas y carencias de la isla desde el realismo de la ruina que se vive a pie de calle ni desde imprescindible debate crítico y abierto. Y a pie de calle, comentarios, sobre todo, para rechazar declaraciones de Raúl Castro en torno al Servicio Militar y una posible obligatoriedad para las féminas. Y otros para preguntar cuándo comenzará la vacunación contra la COVID-19 con alguno de los cacareados candidatos vacunales cubanos.

Es una brecha. Ya el PCC no goza de la credibilidad de antaño y su escasa capacidad de convocatoria para transmitir convicciones se debe únicamente a su poder omnímodo. Sigue utilizando el analfabetismo político de la población que, a golpe de exabruptos, se despereza y protesta como mejor puede y como mejor sabe.

Además de los necesarios proyectos de cambio, campañas, plataformas políticas y propuestas en redes, a los opositores les corresponde una labor de zapa más delicada y sistemática, que se refiere a la traducción cotidiana de lo que sucede en el mundo de la política cubana, a la aclaración de conceptos y al desmentido lógico de las tramas de los medios oficialistas. Ser testimonio de convicciones reales, para que la utopía imprescindible del anhelo liberador de Cuba no aparezca ni sea interpretada como una distopía cargada de aprensión y nostalgia. La distopía de Cuba es el presente.

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