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Soberanía alimentaria: quimera lejana y peligrosa

Las promesas y medidas, lejos de mejorar, lo único que hacen es empeorar el triste panorama de los cubanos en la isla.

Imagen tomada de Pixabay

La esperanza económica de Cuba parece estar cifrada en la efectividad de los candidatos vacunales contra la COVID-19. Sin ellos, la suerte de la mayor de las Antillas estará echada. La escasez de alimentos, que alcanza niveles alarmantes, hace que la pretensión de alcanzar la “soberanía alimentaria” sea una utopía cada vez más lejana.

Y es que para poder comprar hay que someterse a largas colas desde la madrugada, situación de la que no escapan ni los barrios más acomodados como Miramar. Por solo citar algunos ejemplos: la libra de arroz cuesta 50 pesos (2.08 USD); el frijol, 60 pesos (2.50 USD); la libra de carne de cerdo, 120 pesos (5.00 USD); el litro de aceite, 200 pesos (8.33 USD); y el cartón de huevos, 300 pesos (12.5 USD).

Para acceder a una tienda en MLC (las únicas surtidas), un turno puede costar hasta 1 200 pesos (50 USD), sin garantías de lo que se podrá encontrar. Las personas no guardan medidas de distanciamiento, duermen debajo de los árboles y burlan el toque de queda.

Los puntos de venta agropecuarios solo tienen zanahorias, rábanos y col. Muchos vendedores han optado por llevar los productos al interior de sus casas, para compensar los costos de una verdadera oferta y demanda.

Los pronósticos de crecimiento para este año (6 % del PIB) se desvanecen. La previsión turística de recibir 2.2 millones de turistas (muy por debajo de los 4.5 de 2019), probablemente no rebase los 1.5, cuando en febrero cifras oficiales apuntaron una contracción del 95.5 % con respecto a igual fecha de 2020. Las únicas fuentes de ingresos, a pesar de las prerrogativas del gobierno de Donald Trump, siguen siendo las remesas, los paquetes y las visitas de cubanos a sus familiares, contraídas en un 40 %.

La producción agropecuaria seguirá limitada por la carencia de fertilizantes y plaguicidas, así como por el déficit de fuerza y equipos de trabajo. La zafra inició tarde y muelen con dificultad 24 de los 38 centrales, por lo que difícilmente rebase el millón de toneladas. Lo poco que se produce (ron, tabaco, café, etc.) se sigue exportando para saldar la deuda externa, incluso alimentos, cuando antes de la pandemia se tenía que importar el 70 % para satisfacer la demanda interna.

La crisis alimentaria que viene sufriendo la isla, ha ido empeorando desde que en marzo de 2020 se reportaron los 3 primeros casos de COVID-19. Algunos ya la comparan con la desatada en los años ´90 a pesar de la diversificación de la economía, el cuentapropismo, las remesas y las facilidades para viajar.

Seguiremos mendigando el dinero de Moscú para obtener algo cercano a los 20 mil millones que necesita el país. Sin embargo, la realidad es que la “soberanía alimentaria” con la que tanto sueña el régimen, no puede depender exclusivamente del capital extranjero. El Estado, en cambio, hace caso omiso al respecto y lejos de liberar las fuerzas productivas, redobla el hostigamiento, el decomiso y la persecución.

“La nueva generación de cubanos no quiere un Período Especial II. Quiere zafarse de una vez por todas de las cadenas del castrismo y construir su futuro con sus propias manos” ―aseveró recientemente Emilio Morales, presidente de The Havana Consulting Group. El pueblo está harto de promesas y medidas que, lejos de mejorar, lo único que hacen es empeorar el triste panorama de esta isla bella.

Eddy Delgado

Se graduó como arquitecto del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría (CUJAE). Atiende el tema de la divulgación de la organización Centro de Estudios Políticos y Alternativos para la Transición Democrática (CEPADT), y está al frente del trabajo con los jóvenes.

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