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Tanto va Alcántara a la fuente…

El problema fundamental con la situación de Otero Alcántara se refiere al maniqueísmo habitual en Cuba a la hora de analizarlo. Pensar que Otero tiene razón y que la pierde con el modo de manifestarse, no significa que entonces los planteamientos del régimen sean verdaderos sin importar los modos en que los plantea.

Para algunos, es solo un negro marginal y soez que no tiene palabras bonitas ni gestos agradables y que arrolla los símbolos que son caros a todos los cubanos; que fuera más creíble si no fuera tan vulgar; que sus demandas son legítimas, pero que su metodología las echa por tierra, aunque se diga artista.

Otros en cambio, enfatizan la circunstancia y la importancia de una cabeza de lanza para que el cambio se abra paso definitivamente. Quizás para esta ofensiva, dicen, se necesite alguien cuyo grado de marginalidad y atrevimiento colinde con el absurdo de enfrentarse a un sistema represivo. Hace falta estar un poco loco para eso, puntualizan.

Sea como fuere, lo cierto es que con sus maneras ordinarias, Luis Manuel Otero Alcántara ha obligado al régimen cubano a mostrarse tal cual es. El último episodio con su nombre tuvo lugar el 30 de abril, cuando las fuerzas policiales cubanas intentaron detener una manifestación pacífica en el barrio de San Isidro. Ese día, Otero Alcántara llevaba unas cuantas jornadas en huelga de hambre y sed, según fuentes del Movimiento San Isidro.

Algún peligro se cuece y se teme cuando el mismo 30 de abril, Mons. Ramón Suárez Polcari, Canciller de la arquidiócesis de La Habana, visitó al huelguista, un gesto de preocupación y cercanía que ha sido apreciado (con escepticismo) por los interesados, pues significa el respaldo público de una institución de fuerza en la propia tierra.

A la par, el 30 de abril circuló una carta firmada por la CONCUR de Camagüey, dirigida a las autoridades del Partido Comunista de Cuba en dicha provincia. El documento, muy claro y preciso, llama la atención de las autoridades sobre la situación concreta que está viviendo la población cubana, especialmente los más ancianos y las personas vulnerables. La CONCUR agrupa al personal consagrado de la Iglesia Católica, hombres y mujeres, que se encuentran sirviendo su vocación en una Orden religiosa.  Se trata del personal más cercano a las necesidades de la gente, las que están en el servicio diario y rozan y viven a la par de los cubanos, muchas veces con una frugalidad no exhibida. De manera que se trata de una carta desde el corazón, desde la vivencia, desde la intuición de un peligro. La inquietud de las autoridades religiosas le ha aportado otro matiz a la situación de Otero Alcántara en particular y a la de Cuba en general.

En el momento de redactar este artículo, ya era noticia que Luis Manuel Otero Alcántara había sido trasladado hacia una unidad hospitalaria por manifestar sentirse en estado de inanición. Los primeros reportes de la prensa oficial ofrecieron resultados clínicos de los primeros exámenes y declararon que no encontraban datos que indicaran que el huelguista había dejado de alimentarse en el plazo que decía llevar soportando hambre y sed. Las redes sociales explotaron nuevamente para renegar, apoyar o desentenderse por completo del asunto.

El nombre de Luis Manuel Otero Alcántara está sonando, para bien o para mal, desde noviembre, y está lejos de ser silenciado por el momento. El muchacho ha apostado por lo que tiene, aun cuando incurra en deslices fácilmente reprobables. Es de agradecer que se muestre tal cual, pues de esa manera apunta a un contenido ideológico que nadie comparte, en teoría, pero que en la práctica todos aplauden.

El problema fundamental con la situación de Otero Alcántara se refiere al maniqueísmo habitual en Cuba a la hora de analizarlo. Pensar que Otero tiene razón y que la pierde con el modo de manifestarse, no significa que entonces los planteamientos del régimen sean verdaderos sin importar los modos en que los plantea.

El tema sigue abierto. El gobierno cubano necesita pocos elementos para asesinar la reputación de sus condenados, de manera que hay que cuidar de no ponérselo demasiado fácil. Muy pocos auguran que Luis Manuel Otero Alcántara sea un líder en el futuro. Sus demandas están muy lejos de constituir un programa político para armar un país. Y aquí también las opiniones están divididas entre los que creen que lo urgente es el cambio y los que creen que el cambio sin plataforma es una locura. ¿No se impone de una vez el acuerdo entre tendencias?

Sería de lamentar que el caso Alcántara se rompiera definitivamente, ya fuera por razones de la personalidad del implicado o por las razones al uso del gobierno, todas confluyentes en la apatía generalizada. El dedo de Luis Manuel apunta a la necesidad del cambio. Convencidos de ello, queda en la voluntad de los cubanos seguir la dirección del dedo o quedarse en el propietario del dedo. Hasta el propio Luis Manuel Otero Alcántara tendrá que desentenderse de su mano.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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