Cuba te Cuenta

¿Por qué elegimos extremos?

Por Esteban Arias

En Latinoamérica (y en muchas partes del mundo), el ciudadano vota por carisma, porque el candidato le genera o le llena un vacío afectivo. No vota exactamente por sus propuestas, no las analiza o contrasta con opiniones de expertos.

En las últimas dos décadas, varios países de América Latina han pasado de un extremo a otro. Desde gobiernos hiper colectivistas y populistas hasta otros muy conservadores y/o mercantilistas. Y lo común es que cuando uno o dos de estos tipos de gobiernos no funcionan, se pasan a otros de otro extremo que no saben dar solución a los principales problemas que nos aquejan a los ciudadanos latinoamericanos.

Lo cierto es que estos extremos llegan, principalmente, porque los elegimos. Si bien hay países donde lamentablemente la democracia es incipiente o inexistente y que, en consecuencia, no hay opciones para elegir, muchos otros sí tienen varios candidatos o posibles candidatos que, al menos, aparentan ser mejores que aquellos que elegimos.

Entonces, ¿por qué votamos de esa forma? De cierto modo, me atrevo a decir que se trata de un comportamiento irracional: naturalmente, uno puede deducir que los extremos nunca llevan a nada bueno; sin embargo, seguimos votando por estos. Pero lo cierto es que el comportamiento irracional es propio del ser humano debido a que este se nubla por su gran vicio: el peso de la faceta emocional.

En Latinoamérica (y en muchas partes del mundo), el ciudadano vota por carisma, porque el candidato le genera o le llena un vacío afectivo. No vota exactamente por sus propuestas, no las analiza o contrasta con opiniones de expertos y, en la mayoría de los casos, ni las conoce bien realmente. Lo cierto es que este voto es entendible, estos vacíos afectivos son posiblemente la consecuencia de décadas (sino siglos) de autoridades que han gobernado de espaldas a los ciudadanos y que han traído sufrimiento, frustración y desafección política en muchísimos latinoamericanos, sobre todo en los más pobres.

Y todo esto alimenta la polarización, esto es que, ante casi cualquier problema que nos aqueja, se identifica un enemigo o un “lado enemigo” al cual constantemente atacamos (en la calle y en las redes sociales), desde todos los bandos. Como si eso fuera a traer solución a los problemas.

Sé que es difícil de superar nuestro lado emotivo, pero es necesario que hagamos un esfuerzo por entender que todos estamos en el mismo partido. Habrá algunos que ejercen su poder afectando negativamente a los demás, pero no son las mayorías de nuestras poblaciones. Las mayorías estamos con los mismos problemas (con ciertos grados de diferencia) y queremos lo mismo: progreso y felicidad. Entonces, entendámonos entre nosotros y escuchémonos. Justamente, el estar divididos es lo que mantiene a esos otros pocos “malos” en el poder.

No entremos de forma tan fácil en discursos “amigo-enemigo”. Rechacemos a los políticos que nos quieren hacer ver la vida de esa forma. Cuestionemos más a nuestras autoridades y al Estado de forma propositiva. Cuestionemos también lo que cuestionamos: a veces la realidad es más compleja de lo que aparenta y es necesario investigar bien antes de lanzarse a la palestra con acusaciones. Dudemos y actuemos en conjunto que solo unidos saldremos adelante.

Incluso en los países donde no existe la democracia, cometemos el error de ser fanáticos de un símbolo o de una idea que algún autor expuso hace más de un siglo. Lo único que genera eso es que justifiquemos todo lo que en nombre de estos símbolos o ideas se haga, incluso las acciones autoritarias y las dictaduras.

En el momento que empecemos a cuestionar cómo cuestionamos y a ser más racionales viendo los argumentos uno por uno y los efectos concretos de estos en la realidad, empezaremos a dejar atrás la irracionalidad de los extremos.

Empezaremos también a sanar, de alguna forma, los dolores que por tanto tiempo nos han aquejado. Sanar para luego resolver con amor, en unidad, eligiendo autoridades que conozcan realmente los problemas y tengan una buena idea de cómo solucionarlos.

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