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La institucionalización de un secuestro por parte del Estado cubano

Hace 16 días, Luis Manuel Otero, permanece en manos de los agentes de la Seguridad del Estado, que no permiten que se tenga información del artista, ni mediante sus familiares.

Imagen tomada de redes sociales

A menudo se hablan en los medios oficialistas cubanos sobre la violación a los derechos humanos en países de Centro América o en los Estados Unidos. Violencia que casi siempre es ejercida por bandas criminales, cárteles o grupos paramilitares, que persiguen el propósito específico de conseguir el dominio de alguna ruta para el tráfico de cocaína o estupefacientes. Sin dudas, la violación a los derechos humanos por parte de estos grupos es sistemática, y genera una escalada de violencia que muchas veces, deriva en caos e inseguridad social.

En Cuba ese tipo de violaciones no se ven; al menos en esas dimensiones, pero nuestra problemática podría ser mucho más grave que la de esos países. El Estado, principal responsable de comprometerse al más alto nivel internacional, encargado de velar y garantizar el correcto ejercicio de estos derechos, se ha convertido en su principal transgresor.

El ente político principal de la nación cubana, actualmente, ha derivado en una organización que criminaliza estos derechos, y se aprovecha del privilegio de tener las instituciones jurídicas bajo su poder, para actuar con total impunidad sobre la ciudadanía. Hemos llegado a un punto en el que, todo el que se atreve a promover un ejercicio de exigibilidad de sus derechos, corre el riesgo permanente de ser detenido o encarcelado.

Ese mismo Estado es el que, de manera unilateral y arbitraria, entró en la madrugada del pasado 2 de mayo a la casa de la calle Damas 955, en la barriada de San Isidro, y se llevó a la fuerza al artista Luis Manuel Otero Alcántara. Desde el sábado 25 de abril, Alcántara permanecía en huelga de hambre y sed, por lo que su estado de salud -según dio a entender en su último mensaje- estaba muy deteriorado.

Los motivos que empujaron al artista a la huelga, fue otro proceder autoritario por parte de los agentes del régimen. El viernes 16 de abril, Otero Alcántara fue detenido junto a la rapera Yenisleidys Borroto (AfrikReina BV) en su casa; ocasión que fue aprovechada por los agentes de la seguridad del Estado para destruir sus obras. Ante esta situación, él decidió salir todos los días a reclamar un reparo material y moral por el atropello cometido en su morada.

La intransigencia del gobierno lo obligó a recluirse en su casa, desde la cual se declaró en huelga de hambre. Como condición para cesar su protesta, Alcántara demandaba la devolución e indemnización de sus obras, el cese del cerco policial y la represión contra la libertad de creación.

Desde el pasado 2 de mayo, el líder del Movimiento San Isidro, permanece en manos de los agentes de la Seguridad del Estado, que no permiten que se tenga información del artista, ni mediante sus familiares. Por algunos medios de prensa estatales, se ofreció un parte ambiguo, en el que se afirmaba que el estado de salud de Alcántara era perfecto, pero el fuerte operativo policial que se ha montado en torno al hospital Calixto García, donde se supone está ingresado el artista, demuestra todo lo contrario.

Un recurso de hábeas corpus fue presentado a su favor el 3 de mayo, en el Tribunal Provincial Popular de La Habana, pero fue desestimado bajo el pretexto de que “la sala confirma que no se encuentra detenido ni procesado, sino hospitalizado”.

A diferencia de Latinoamérica, los Mara Salvatrucha de Cuba son los que están en el poder. El Estado ha degenerado en una banda criminal, que muchas veces actúa como el más sórdido de los sicarios y que, por desgracia, hoy tiene en la institución judicial, su más frívolo y cínico cómplice.

Eduardo Clavel Rizo

(Santiago de Cuba) Estudiante de Sociología U.O. Poeta y Narrador. Ganador del concurso de poesía intertextual sobre José Martí en EEUU (2020). Fue miembro de la UNPACU y participó en el proyecto OTRO 18 con Arco democrático.

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