Cuba te Cuenta

Ecuador, entre la izquierda y la no derecha

Al Ecuador le conviene que a sus vecinos les vaya bien porque son sus principales socios comerciales.

Por Daniel Mayorga.

“No me aplique ese cinismo, de ustedes los nostálgicos del comunismo, con el que engañan a sus pueblos”, le espetó el expresidente colombiano Álvaro Uribe al expresidente ecuatoriano Rafael Correa en una cumbre en República Dominicana, en el 2008.

Ese Uribe lideró a Colombia en la suscripción del histórico Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Correa, en cambio, no solo se negó a suscribir dicho acuerdo, sino que lo vendió como una victoria de la soberanía nacional justificada en la ortodoxa teoría económica y las recetas ideológicas propias de los populistas latinoamericanos. En 2019, Colombia recibió alrededor de 18 veces más inversión extranjera que el Ecuador, exportó casi que el doble, y su PIB creció 3,3% frente a un insignificante 0,1% de Ecuador.

No obstante, hoy, a mayo del 2021, empieza a vislumbrarse en el horizonte un porvenir algo distinto. En Ecuador se ha desterrado democráticamente a uno de los mejores alumnos del castrochavismo, también conocido como Socialismo del siglo XXI, y al modelo que este señor representa. Guillermo Lasso, un banquero y empresario de trayectoria, se impuso sobre el candidato del correísmo en las elecciones del pasado 11 de abril. Así se interrumpen los 14 años de un modelo populista y autoritario que ha acabado con la economía ecuatoriana.

Colombia, por su parte, ha rechazado recientemente con protestas a su actual presidente, Iván Duque, por haber propuesto una reforma tributaria que avanzaba sobre los derechos y la calidad de vida de los colombianos. La ínfima popularidad de Duque, sumado con la eficaz capitalización política que la izquierda colombiana ha hecho de la crisis, nos permiten avizorar el posicionamiento de un gobierno más alineado a la izquierda, democrática o autoritaria, en los próximos años en Colombia.

Perú lo vive desde ahora. En junio de este año escogerá un presidente en segunda vuelta electoral, y muchos ojos críticos ya dan por victorioso a Pedro Castillo, un candidato que no ha tenido reparo alguno en declararse en campaña contrario a la propiedad privada y a las instituciones democráticas.

En esta aguda tesitura, mucho sedicentes “defensores de la libertad” en Ecuador se frotan las manos, e incluso celebran, la posibilidad de que los países vecinos caigan pronto en manos del socialismo para que el Ecuador “tome la punta” en la región y acoja a los capitales que presumiblemente huirán de Perú y Colombia. El autor de estas líneas no comparte esta postura, por dos razones fundamentales.

La primera razón es práctica. Al Ecuador le conviene que a sus vecinos les vaya bien porque son sus principales socios comerciales. No podemos vender a quien no puede comprarnos. Además, al Ecuador le convendría poder importar de sus vecinos aquello que la industria local no pueda abastecer suficientemente. El comercio es mutuo beneficio. La economía se trata de crear valor, por ende, la riqueza de unos no es causa de la pobreza del otro.

La segunda razón es moral. El objetivo de un demócrata liberal no es una mayor tasa de crecimiento o un superávit de la balanza comercial. Su causa es la libertad de quienes conforman las sociedades, de los ciudadanos, y para ello defiende instituciones políticas y económicas, sin dejar de lado las sociales. Detrás de las cifras económicas hay personas cuya calidad de vida y necesidades no pueden ser pasadas por alto en nombre del juego político internacional. Hay que celebrar que el Ecuador ha abandonado aquel modelo irrespetuoso de las instituciones y promover con convicción que los otros países de la región sigan por la misma senda.

 

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