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“Como los peces”

Imagen cortesía del autor

Varias generaciones de jóvenes cubanos han visto pasar sus años mozos sin saber que pasaron por ellos. Muchos no han tenido el valor de largarse “como los peces”, al decir del trovador Carlos Varela. Y es que históricamente la proyección del país para con los jóvenes ha sido pésima, sumisa a la revolución y sin perspectivas de desarrollo.

Según la Constitución de la República de Cuba, “la niñez y la juventud disfrutan de particular protección por parte del Estado y la Sociedad”. Y también: “La familia, la escuela, los órganos estatales y las organizaciones de masas y sociales tienen el deber de prestar especial atención a la formación integral de la niñez y la juventud”.

A simple vista no se puede decir que se violen estos preceptos. La Constitución quebranta en los jóvenes sus deseos de superación y prosperidad pues frustra muchos de los elementales derechos del pueblo. Y entorpece, además, el libre emprendimiento si no es por y en favor del régimen.

Desde edades tempranas, la protección del Estado se traduce en un meticuloso adoctrinamiento. Ello va desde la versión oficialista de la historia de Cuba en todos los niveles educacionales hasta una profunda preparación político-militar que tiene por colofón el servicio militar activo. Tampoco concibe otro modo de enseñanza que no sea el estatal.

La gran mayoría pasa sus primeros años de vida con cuidadores particulares y vías no formales, porque el régimen no dispone de capacidad suficiente para acogerlos. Durante la primaria, muchos deben madrugar y enfrentarse a las incontinencias del transporte para recibir clases. Llevan como merienda medio pan con azúcar y almuerzan lo que encuentren, sobre todo los que viven en zonas rurales y distantes.

Cada vez son más los adolescentes que desertan de los estudios en edades secundarias y preuniversitarias. La carestía de la vida comienza a obligarlos, desde bien temprano, a incorporarse a cualquier trabajo no estatal o negocio ilícito, buscando aportar a la sostenibilidad de su familia y satisfacer gustos personales. De igual forma, es de destacar la baja preparación e inexperiencia de muchos docentes, lo que ha disminuido la calidad del sistema educacional.

Los jóvenes cubanos carecen de mecanismos para revertir la situación política de la isla, al no existir elecciones libres ni democráticas. Tampoco pueden postular líderes que los representen, ni manifestarse públicamente, formar partidos o expresar sus ideas si no son afines con el gobierno.

Incluso, se estila mucho chantajearlos y/o separarlos de sus centros educativos o laborales por adoptar posturas críticas. En Cuba, el Estado es el único encargado de promover la participación política de los jóvenes, única y exclusivamente, a través de sus organizaciones oficialistas y de masas: UJC y PCC. Por ello, entre la disidencia impera la voluntad de un cambio radical de sistema, y su vanguardia emprende proyectos de liderazgo, emancipación y empoderamiento.

La juventud cubana sufre tener las manos atadas por un régimen que arremete sin piedad contra todo intento de “desacato”. Los ejemplos más recientes están en los jóvenes de San Isidro, los que se personaron en el MINCULT, Luis Manuel Otero, Denis Solís, entre otros.

Para que la juventud cubana exprese su verdadero potencial y tenga una formación integral, disfrute de protección legislativa, reciba una fructífera y verdadera atención cultural y educacional y ejerza una libre participación política, en Cuba debe haber un gobierno democrático que posibilite el pleno ejercicio y desarrollo de sus derechos.

 

Eddy Delgado

Se graduó como arquitecto del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría (CUJAE). Atiende el tema de la divulgación de la organización Centro de Estudios Políticos y Alternativos para la Transición Democrática (CEPADT), y está al frente del trabajo con los jóvenes.

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