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Cuba: Aguacate, otro poblado en la miseria

Cuba: En el año 2021, la mayoría de estas viviendas tienen pisos de tierra, poca fenestración y depositan sus excrementos en fosas rústicas, excusados o letrinas.

Más del 65 % de la población de Aguacate vive en condiciones por debajo de los índices de permisibilidad. El gobierno del municipio limita el accionar de Planificación Física y, al mismo tiempo, promete entregar materiales y componentes de construcción.

Es triste y deplorable a situación de la vivienda en este poblado, perteneciente al municipio Madruga, en Mayabeque. Las políticas del país respecto al fondo habitacional cubano, son indiferentes al panorama. En Aguacate, dichas políticas son inaplicables en 148 de las 188 viviendas existentes, por no tener status legal.

Las calles del asentamiento son caminos de tierra donde predominan los charcos y el fango. Carecen de aceras. Se encuentran enyerbadas y desatendidas por la Dirección Municipal de Comunales. Es común ver pastar animales domésticos.

Las tipologías predominantes de las viviendas son la III y la IV, aunque también existen algunas V. Se componen de paredes de tabla de palma y zinc, con cubiertas improvisadas a base de tejas, fibrocén, recorterías de zinc y pencas de guano.

El alto nivel de ilegalidad permite encontrar viviendas interiores en los patios. Se acede por pasillos laterales y callejones intrincados. Están en peor estado constructivo que las principales. Se caracterizan por su área pequeña (menos de 25 m2), el uso de tendederas eléctricas (instalaciones para robar la corriente eléctrica de las líneas estatales) y de mangueras para acometidas de agua.

Existe gran número de casos sociales que no pueden acceder a ninguna ayuda gubernamental, por lo que viven en pésimas condiciones. Muchas de estas viviendas tienen pisos de tierra, poca fenestración y depositan sus excrementos en fosas rústicas, excusados o letrinas, elementos vitales para la salud y el bienestar de niños, ancianos e impedidos físicos.

Yaimara Díaz es una joven residente del poblado. Sus padres son oriundos de Oriente. Como muchos, viajaron a la antigua Habana para probar suerte, pero no les fue bien. Al cabo de 13 años, viven en un bajareque remendado con planchas de cinc y nylon. Sus padres solo han podido conseguir los recortes de canelones que se muestran en la imagen. Primero necesitan el dinero para comer.

Interior de la vivienda de Yaimara. Predomina la pobreza. Las divisiones son improvisadas con materiales reciclables, algunas cosidas con sacos. Existen puntales para evitar el desplome de la cubierta y hay poca iluminación tanto natural como artificial. Apenas hay lugar para sentarse. En un solo cuarto conviven cinco personas. Similar es la situación en el resto de las viviendas.

Fondo de la vivienda de Yaimara. Patio de servicio de la familia. A falta de cuartos de lavados o bateas, emplean calderos, cubos y cajas para almacenar agua. Lavar es una odisea. Pocas son las familias que pueden disponer de equipos modernos, los cuales actualmente se venden en MLC, inaccesible para los habitantes de Aguacate.

Vivir en Aguacate es involucionar, un viaje hacia atrás en el tiempo. La necesidad evidente pide a gritos una reforma en el sector de la vivienda del país. Sin embargo, la realidad en cuanto a precios de materiales, escasez y manos de obra, convierte en utopía el bienestar de los cubanos, que ven alejarse sus sueños de una vida más digna sin tener posibilidad de alcanzarlos.

Eddy Delgado

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