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¿Qué tan ilegal es la Base Naval de Guantánamo?

Más allá del control y los privilegios que puedan tener los norteamericanos disponiendo de ese territorio, es poco probable que su devolución constituya un punto de inflexión en el férreo control que ejerce el régimen sobre el pueblo cubano.

Imagen tomada de Radio TV Martí

Con la intervención militar de los EE. UU. en la guerra entre Cuba y España, comenzó la ocupación yanqui que se extendió desde 1899 hasta 1902. En ese período, se instalaron en territorio nacional algunas bases navales y carboneras. La finalidad: garantizar la estabilidad interna de la isla y, en alguna medida, asegurar las inversiones norteamericanas. Con su autorizo, Tomás Estrada Palma puso fin a la Enmienda Platt, lo que posibilitó el surgimiento de la república cubana el 20 de mayo de 1902.

A 121 años de su primer arrendamiento, la Base Naval de Guantánamo sigue teniendo plena vigencia, no solo por permanecer activa, sino por estar en la agenda de cada presidente de los EE.UU. La base fue el primer enclave militar del hemisferio occidental y el más antiguo de las Fuerzas Armadas de los EE.UU. fuera de su territorio.

Con el Tratado de Relaciones de 1934 entre Cuba y los EE. UU., se legitimó la existencia de la base, que ha sido reclamada por el gobierno cubano desde el triunfo de la Revolución. Con su prorrogación indefinida, quedó ratificado que debía primar la voluntad de ambas partes para su derogación.

Si bien es cierto que la aprobación de la base fue impuesta por medio de la Enmienda Platt, también es cierto que, con el Tratado de 1934, se renovó ese contrato, y esta vez, en igualdad de condiciones, políticas y jurídicas.

Con su manipulación mediática a lo largo de 60 años, el régimen castrista ha logrado que el pueblo cubano se pronuncie a favor de la devolución del territorio ocupado por la base. Sin embargo, ello no es lo mismo que decir que la ocupación es ilegal. Los arrendamientos perpetuos constituyen una anomalía dentro del derecho internacional, y es el planteamiento en que se basan los jurídicos del gobierno cubano. Aun así, no significa que se circunscriba dentro del marco de la ilegalidad cuando fue acordado entre las partes.

De modo que, con el triunfo de la Revolución, Fidel asumió las obligaciones contractuales heredadas de la República. Y aunque luego se haya pronunciado con más énfasis sobre el tema, nunca presentó el caso a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, a sabiendas de que no tendría los elementos suficientes para ganar el pleito.

Con el restablecimiento de las relaciones bajo el mandato de Barack Obama, hubiera podido llegarse a un consenso sobre la devolución del territorio en disputa, si el régimen hubiese restablecido la democracia e iniciado reformas económicas en beneficio del pueblo. Ninguna recomendación de este tipo forma parte de las “aperturas” del castrismo, si atenta contra la supervivencia del sistema. Obama fue el último de los presidentes que revisó el acuerdo sin haber llegado a consenso con las autoridades cubanas.

La base naval de Guantánamo, célebre por su trato a prisioneros y terroristas de guerra, continuará siendo clave en el diferendo entre Cuba y los EE.UU. Al igual que el bloqueo económico y financiero, la querella se ha extendido por más de medio. Más allá del control y los privilegios que puedan tener los norteamericanos disponiendo de ese territorio, es poco probable que su devolución constituya un punto de inflexión en el férreo control que ejerce el régimen sobre el pueblo cubano.

Eddy Delgado

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