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Democracias latinoamericanas: ingredientes para fortalecerlas

Por Esteban Arias.

La democracia requiere el fortalecimiento de sus distintas instituciones y el empoderamiento del individuo que en ella habita.

Decimos que las naciones de nuestra región son democráticas en tanto, en la mayoría, hay elecciones regulares y libres para elegir presidentes y parlamentarios o congresistas.

Lo cierto es que la democracia no se limita a eso, requiere el fortalecimiento de sus distintas instituciones y el empoderamiento del individuo que en ella habita. Señalaré una serie de componentes que como ciudadanos latinoamericanos debemos tomar en cuenta para fortalecer nuestras democracias:

– Mejorar la educación y el pensamiento crítico con respecto al voto. De nada sirve poder votar si no elegimos con cuidado a personas líderes que a la vez tengan conocimientos técnicos para dirigir un país. Para esto, es necesario preparar a la sociedad para elegir mejor, desde las escuelas y universidades, pero siempre basándose en evidencia y no en emociones. Debemos dejar de lado el voto carismático y educar a tener uno racional.

Asimismo, se debe dejar de votar por candidatos extremos. Hay que entender que la conciliación es importante sin que eso implique abandonar los principios que uno como ciudadano defienda.

Pesos y contrapesos en las instituciones. Los poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) deben mantenerse independientes sin que sus mecanismos de control sean muy fuertes, al punto que un poder pueda someter a otro. De ser necesario, se deberán hacer los cambios legales pertinentes para que este equilibrio se mantenga.

– Mejorar la representación de los distintos sectores de un país en el congreso o asamblea nacional. Solo así se podrá legislar beneficiando a los distintos grupos que forman un país, y no solo a unos cuantos.

– Propiciar una economía próspera. A las personas no les importará participar con ímpetu de los asuntos públicos si no hay una economía estable y creciente. La mente necesita un espacio sin ansiedad y con tiempo de ocio para poder pensar en otras cosas Si no tienes algo que llevar de comer a tu familia, poco pensarás en otros asuntos. Para ello, lo mejor que se puede hacer es articular al Estado con el sector privado para generar riqueza mediante un libre mercado.

El libre mercado implica, naturalmente, que esta sea libre. Es decir, que, por un lado, el Estado permita el libre emprendimiento o ejercicio de talentos de las personas y lo fortalezca mediante programas incentivos, la ausencia del control de precios e impuestos bajos pero eficientes. Por otro lado, implica que no haya un Estado corporativista, clientelista o que promueva un capitalismo de amigos, sino que, respetando la igualdad ante la ley, considere a todas las empresas e individuos por igual sin favorecer a unas más que otras. Finalmente, implica que se promueva el crecimiento de la pequeña y mediana empresa.

Para que la igualdad ante la ley funcione, es necesario un sistema judicial eficiente para los ciudadanos comunes, para las empresas y para las entidades públicas.

– Promover la competencia del debate público: que las personas conversen y argumenten sobre los distintos problemas del país. Esta se debe ver también en los medios de prensa. En una economía libre de mercado, estos no pueden cooptar instituciones ni tener concentradas la distribución de las noticias o diarios.

– El respeto del pluralismo: es clave para que el ser humano pueda desarrollar sus talentos, capacidades y creatividad al máximo, de modo que pueda sacarle el mejor provecho para su propio desarrollo.

– En el Estado: mejorar la eficiencia del gasto y aumentar la inversión pública. Solo con un Estado responsable que no obstruya sino que ejecute en proyectos sostenibles el dinero que se le otorga, se podrá confiar más en la democracia como un sistema justo y que genera bienestar en sus ciudadanos. Esta gestión debe fortalecerse sobre todo en los niveles subnacionales de Gobierno.

– Un último aspecto que complementa esto es la digitalización total del Estado, que debe llegar con la reducción al mínimo de la burocracia y de los costos que tiene. Solo así se podrá tener un Estado eficiente, amigable y que genere confianza en los ciudadanos.

En la medida que repitamos estos principios y los divulgamos masivamente, podremos generar verdaderos cambios que saquen de la precariedad a nuestros especiales sistemas democráticos.

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