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Disyuntiva de vivir vacunado

La cuestión es que nadie escapa a la manipulación. No hay más opción que regresar, permanecer o vacunarse como héroes y más revolucionarios que nunca. Y agradecidos. Sospecho que la clonación genética, con todos sus disturbios éticos, ya está lograda en el socialismo por vía ideológica. Es el desprestigio definitivo de la humanidad. Por eso vivo en perpetua batalla con esa delgada línea que separa el agradecimiento de la esclavitud, sabiendo que no es inmóvil y sí muy manipulada. Una vez más, se trata de la exacerbación del chantaje del padre al hijo: “¡Con todo lo que he hecho por ti!”

El 21 de junio, las autoridades cubanas anunciaron eufóricas que Abdala, uno de sus candidatos vacunales contra la Covid-19, había arrojado un 92.28 % de eficacia luego de las tres dosis prescritas.

Enseguida un amigo residente en el extranjero me preguntó si el número era confiable. ¿Cómo saberlo? ¿Qué estadística cubana es fiable si los datos provienen de la misma fuente? Si me guiara por las estadísticas cubanas, lo más probable es que él, mi amigo, nunca se hubiera marchado del país. Y estadísticamente, yo estaría loco.

El error es dejarse llevar por la ola de la euforia política y comprar los convoyes de noticias e intereses del gobierno. Hay algo probado: en Cuba, hasta la improvisación más burda tiene trastienda. Preocupados por la pandemia, los cubanos han pasado por alto que en las últimas semanas ha subido el tono de los reclamos por el cese del bloqueo. “Lo mismo de siempre”, han dicho.

Sin embargo, los analistas callejeros, esos que contrastan los números oficiales con su buena memoria de vivencias y contextos, han aventurado la opinión de que este año, tal vez, se acceda a la demanda cubana, de ahí la gritería. Se basan en ciertas tonalidades de la campaña y en ciertas coincidencias; pero, sobre todo, en esa verdad de Perogrullo tan ignorada, de que se trata de decisiones que no se toman de un día para otro. Llevan años de conversaciones, aplazamientos, rupturas. Aunque resulta obvio, en Cuba se sigue creyendo que gritarle al edificio de la embajada de los Estados Unidos en La Habana, puede resultar en un cambio de política o la liberación de alguien.

Son golpes de efecto. La experiencia dice que cuando el gobierno cubano ha vislumbrado la posibilidad de la solución o la ha tenido en la mano, ha comenzado movilizaciones y campañas. Después, se presenta como una victoria “del pueblo”. Sucedió, por ejemplo, con la liberación de los cinco espías, que no tuvo lugar, por supuesto, gracias a los gritos y carteles que decían “Liberen a los cinco”. Creo que algunos añadían un “¡Ya!” perentorio.

La cuestión es que nadie escapa a la manipulación. No hay más opción que regresar, permanecer o vacunarse como héroes y más revolucionarios que nunca. Y agradecidos. Sospecho que la clonación genética, con todos sus disturbios éticos, ya está lograda en el socialismo por vía ideológica. Es el desprestigio definitivo de la humanidad. Por eso vivo en perpetua batalla con esa delgada línea que separa el agradecimiento de la esclavitud, sabiendo que no es inmóvil y sí muy manipulada. Una vez más, se trata de la exacerbación del chantaje del padre al hijo: “¡Con todo lo que he hecho por ti!”

En Cuba molesta la desfachatez calculada de las coincidencias “históricas”. Los seres humanos son litúrgicos y rituales, un rasgo bien explotado en los regímenes totalitarios. Generan sensación de seguridad, cuando en realidad enfatizan el control y el miedo por estar viviendo en una especie de reino divino donde todo sucede en el momento preciso, en aniversarios redondos. Presentada de esta manera, la vacuna contra la Covid-19 es también una advertencia, porque el chantaje emocional también significa vigilancia. Solo los obsesos del control están pendientes de las emociones ajenas.

Ha sido coincidente, que la efectividad estadística de Abdala se anunciara en vísperas de la demanda de Cuba en la ONU, para que el gobierno de los Estados Unidos elimine el bloqueo económico y financiero impuesto desde 1961. También ha sido coincidente que sucediera el mismo día que entró en vigor la suspensión de depósitos de USD en efectivo “hasta nuevo aviso”. Y es que existe una coincidencia emocional: nadie dejará de ponerse la vacuna por mucho que odie al régimen cubano, de la misma manera que nadie dejará de recibir USD por muy tácito que sea su convencimiento de que ese dinero beneficia al gobierno cubano. Sencillo: nadie quiere morirse antes de tiempo, sea lo que fuere que signifique esa precisión.

¿Qué hay de cierto en la estadística, preguntaba mi amigo? Querido amigo, quizás la estadística de la efectividad de la vacuna sea lo único cierto en esta gran mentira que es Cuba. Es el fragmento de verdad necesario para que la mentira siga funcionando y continúe la justificación de expolios e intromisiones.

No faltarán (nunca han faltado), los incautos venidos de todas las latitudes que, tendidos bajo una palmera, mojito en mano y vacuna en hombro, intenten convencer a los cubanos de que viven en el mejor país del mundo. Y los cubanos, de pie (fuera de la sombra de la palmera), los escucharán, vacuna en hombro y mano extendida reclamando la limosna por el asentimiento.

Es de presumir que, si la educación y la medicina gratuitas han sido un chantaje de 60 años, Abdala nos alejará 60 años más de la posibilidad de decir “no estoy de acuerdo”, sin que tal cosa implique traición a la patria o el despecho a una equívoca nacionalidad.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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