Cuba te Cuenta

Manual para alcanzar la paz en una sociedad

Por: Esteban Arias

 Los latinoamericanos, para alcanzar la paz, debemos dejar atrás la cultura política autoritaria y acoger una democrática y cívica.

Dicen los antiguos orientales que el mundo exterior no es más que un reflejo del mundo interior. Ciertamente, la forma como percibimos el mundo termina por afectar nuestras relaciones con los demás, y por ende todo lo que nos sucede.

Las personas que forman nuestras sociedades latinoamericanas no siempre han sabido cómo hacer para vivir en paz. Hemos tenido (y tenemos) desde ideologías extremas que dividen manifestadas tanto con las armas como con pequeños textos en las redes sociales, hasta formas de vivir ajenas al otro, que pasan por encima, ignoran o hacen poco por ayudar al prójimo.

La forma de ver el mundo viene por un conjunto de pensamientos subjetivos, con elementos cognoscitivos, afectivos y evaluativos que afectan nuestra política, la forma como la hacemos y dejamos que suceda, así como las estructuras que la sostienen. Esta definición es también conocida como la cultura política.

Los latinoamericanos, para alcanzar la paz, debemos dejar atrás la cultura política autoritaria y acoger una democrática y cívica. Esto último viene a ser un equilibro entre ciudadanos que, por un lado, participan de los asuntos importantes de su país (no les son indiferentes) y, por otro, respetan las normas existentes. A su vez, está formado por ciudadanos que saben ser críticos de lo que funciona mal y hacen algo al respecto.

Ahora bien, si bien las mentalidades son las que más lento cambian, hoy, las comunicaciones y la globalización pueden ayudar a acelerar ese proceso. Mientras tanto, quiero dejar algunos puntos que nos pueden servir para alcanzar una cultura política que genere paz.

  1. Exigir que se respeten nuestros derechos básicos a la vida, a la propiedad y a la libertad. Ejercer estos 3 derechos no requiere que nadie más sacrifique un derecho suyo. Y será a partir de un inteligente y empático ejercicio de estos derechos que muchos de los males que nos generan violencia interna desaparecerán.

 

  1. Ejercer nuestras libertades sin limitar las libertades de otros. Esto requiere pensar bien qué hacemos, cómo lo hacemos, dónde lo hacemos y si hacerlo va a afectar al vecino, a un familiar o incluso a una persona que todavía no ha nacido. Por ejemplo, si yo decido extraer un recurso mineral de una zona, lo cual va a beneficiar tanto a mí como a muchas personas de la zona, debo hacerlo de forma que se cuide el ambiente y la salud de donde viven. De lo contrario, los estaré afectando directamente a ellos o a futuros habitantes.

 

  1. Conocer nuestros deberes como ciudadanos y cumplirlos. Lógicamente, no podemos hablar de derechos sin hablar de deberes. Solo en la medida en que seguimos las reglas hechas para generar justicia y armonía con todos, podremos alcanzar más calidad de vida y, por ende, más paz.

 

  1. Abordar el asunto de la meritocracia: donde vayamos, hacerla posible o exigir que se dé. El progreso y la paz son mayores en sociedades donde existen importantes cantidades de meritocracia. Si vemos que esta hace falta, será prudente exigirla. Si estamos a cargo o lideramos algo, debemos generar las condiciones para que se dé.

 

  1. Ser autocríticos y dudar: no hay que criticar sin verse antes a uno mismo. La mejor forma de enseñar los principios, en los que uno cree, es con el ejemplo. Asimismo, no se debe dar por cierta toda la información que se recibe. Dudar es lo más sano que podemos hacer para alcanzar la verdad: estar dispuesto a aprender siempre del otro y cuestionar lo que uno mismo ha aprendido.

 

  1. Mejorar nuestras habilidades de comunicación: el ser humano, queramos o no, se construye y deconstruye con afecto. La ausencia de este genera violencia. Su presencia genera paz. Por ende, debemos pensar cómo comunicamos cuando comunicamos. En la medida que usemos la inteligencia emocional y la empatía para decir una idea, estaremos trabajando por una sociedad más pacífica.

De esto derivo que hay que usar prudentemente las redes sociales: estas tienen cada vez más alcance y las ideas que nos moldean vendrán cada vez más de ahí. Por ende, es ahí donde principalmente debemos comenzar a trabajar en nuestras habilidades de comunicación.

 

  1. Volverse ciudadanos presentes, vigilantes y racionales. Esto quiere decir que no podemos seguir viviendo de espaldas a los problemas de nuestras naciones. Debemos opinar sobre estos, vigilar que las autoridades hagan lo que tienen que hacer y cuestionar cuando no lo hagan o cuando lo hagan mal.

 

8. Finalmente, como dice el cliché más cierto del mundo: nada de esto es posible sin educación. Entonces, hay que trabajar en la educación, incluso si no lo hacemos desde nuestras profesiones, al menos hagámoslo desde nuestras iniciativas ciudadanas… o desde cosas tan pequeñas como verificar la información que compartimos.

Cambiando poco a poco esos aspectos desde nuestro mundo interior, podremos alcanzar sociedades de paz, unidas y que vivan siempre conscientes del otro.

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