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Ariguanabo, la mecha que Cuba necesitaba

La falta de medicamentos, unido al colapso del servicio sanitario por el incremento de casos de personas contagiadas por la COVID-19; la escasez de alimentos que solo se comercializan en Moneda Libre Convertible (MLC), incluso tras la polémica “penalización” del dólar, la falta de libertades y violación de derechos humanos, así como la irrupción de un masivo programa de apagones como parte de las dudosas averías presentadas en las principales termoeléctricas del país, constituyeron los principales detonantes del pasado 11 de julio.

La otrora región de Ariguanabo, compuesta por los municipios de San Antonio de los Baños, Bejucal y Quivicán (hoy Artemisa y Mayabeque) protagonizaron un histórico 11 de julio que no había tenido precedentes en 62 años de revolución. Los sucesos originados en la Villa del Humor[1], sirvieron de inspiración para que las protestas ciudadanas se trasladen a otras del país. Tal estallido, en magnitud y proporciones, bien pudiera situarse a la par de los alzamientos independentistas del 10 de octubre, el 24 de febrero y el 5 de septiembre.

La tensa situación que viene viviendo el pueblo cubano terminó por implosionar primero en la tierra de Abela[2]para luego expandirse precipitadamente por al menos 60 ciudades de todo el archipiélago. La falta de medicamentos, unido al colapso del servicio sanitario por el incremento de casos de personas contagiadas por la COVID-19; la escasez de alimentos que solo se comercializan en Moneda Libre Convertible (MLC), incluso tras la polémica “penalización” del dólar, la falta de libertades y violación de derechos humanos, así como la irrupción de un masivo programa de apagones como parte de las dudosas averías presentadas en las principales termoeléctricas del país, constituyeron los principales detonantes del pasado 11 de julio.

En una verdadera y espontánea jornada de protesta nacional, miles de artemiseños y mayabequenses se lanzaron a las calles, como en casi todas las provincias, para protestar pacíficamente y desmontar de una buena vez, las farsas esgrimidas por el régimen cubano a lo largo de su historia, tales como la falsa unidad de los cubanos, la plena satisfacción y apoyo al régimen y los discursos contrarrevolucionarios y desestabilizadores engendrados por el enemigo.

Esta vez fue Cuba, fue el pueblo, fueron decenas de miles de antillanos afectados por un insostenible clima de desabastecimiento y de vulnerabilidad los que se lanzaron a la calle. Con gritos de “Libertad”, “Patria y vida” y “No tenemos miedo”, la otrora Habana se enardeció. Municipios como San Antonio, Güines, Güira de Melena, Bejucal, Batabanó y Quivicán iniciaron las manifestaciones que, tras la alocución del presidente, se tornaron violentas en algunas localidades.

Numerosos fueron los enfrentamientos contra los revolucionarios quienes, portando banderas y pancartas como si fuera un primero de mayo, fueron enviados como soldados griegos al campo de batalla para tomar “sus” calles y hacerle frente a quienes de revelaban de forma apacible. Los resultados son harto conocidos y una vez más, las redes sociales dejaron en evidencia cómo actúa la dictadura que no permite las libertades de expresión y de manifestación y que en cambio arremete mediante el uso de la fuerza con bandas antimotines, oficiales del Ministerio del Interior (Minint) y tropas especiales.

La alocución del presidente apeló a la retórica de siempre: culpar a los Estados Unidos, al odio y al menosprecio de los cubanos que piensan diferente, a los que una vez más llamó mercenarios y/o confundidos. Pero nunca reconoció el descontento del pueblo, el rechazo de su gestión y a un sistema político caótico y obsoleto.

El régimen castrista ha insistido en catalogar los acontecimientos del pasado domingo 11 de julio de disturbios e indisciplinas sociales, y no de estallido social. Se trata de una vieja artimaña por minimizar los incidentes que buscan a toda costa, desterrar titulares y preservar el buen criterio de la opinión pública internacional.

A tres días de esos sucesos, algunas localidades del país siguen protestando. Esto ha sido solo el comienzo de una chispa que llegó para quedarse. Lamentablemente sobrevendrán capítulos sangrientos y violentos pues el régimen ha dejado claro que no habrá ningún tipo de reformas y/o concesiones por lo que, los aclamos de libertad solo serán alcanzados por encima del artículo 4 de la Constitución.

 

[1]Topónimo con el que se conoce a la ciudad de San Antonio de los Baños, Artemisa.

[2]Tierra natal de Eduardo Abela, célebre caricaturista de humor cubano.

Eddy Delgado

Se graduó como arquitecto del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría (CUJAE). Atiende el tema de la divulgación de la organización Centro de Estudios Políticos y Alternativos para la Transición Democrática (CEPADT), y está al frente del trabajo con los jóvenes.

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