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Crónicas de la Rebelión (Parte 1)

Ociosa es la discusión acerca de quién fue el que tiró la primera piedra. Cuando el presidente incitó al “combate” y a que la turba revolucionaria no se dejara arrebatar las calles, comenzó la debacle.

Las imágenes han sido tan inesperadas como elocuentes. Los medios oficialistas cubanos han intentado desmentirlas, apelando a escasos ejemplos de bulos que, cualquiera con sentido común hubiera descartado desde el principio.

Hay de todo en la “viña de internet”; pero no hay truco alguno en los videos de los cubanos marchando por las calles gritando sus ansias de libertad y su legítimo desprecio por los que detentan el poder, ni en los de las golpizas de los policías.

Se apeló a la investigación de un “analista español” que había rastreado e investigado el origen de #SOSCuba, y el “genio” descubrió que había sido replicado por inteligencia artificial, multiplicando su alcance. Aunque así fuera, ¿es mentira? Sobre todo, ¿por qué la voz del gobierno cubano es la que merece el crédito ciego de la honestidad informativa? ¿Por qué las “manifestaciones de apoyo” no pueden haber sido también replicadas y por qué los perfiles falsos no cuentan también entre ellas?

¿La violencia? Despreciable siempre en todos los casos. Conduce a más violencia y termina haciendo que se pierda el sentido de las razones que subyacen a ella. Por eso se dice que la solución de la violencia hay que procurarla desde ayer.

Lo que se necesita considerar en el presente, es si la violencia que no pudo atajarse ha sido el único recurso que le queda a una población cuyo descontento ha sido coartado durante años. Ociosa es la discusión acerca de quién fue el que tiró la primera piedra. Cuando el presidente incitó al “combate” y a que la turba revolucionaria no se dejara arrebatar las calles, comenzó la debacle. El periodismo oficial ha intentado luego rizar el rizo de las declaraciones del gobernante; pero las turbas no tienen escucha para los matices.

La ofensiva verbal de los manifestantes, también violenta, apunta asimismo a una tara del sistema sobre la cual se ha venido alertando. Pone en duda la calidad de una educación que se anuncia como elevada, independientemente de que quien se siente maltratado no busca palabras bonitas para expresarlo. La violencia verbal y la física, hablan también de un diálogo anterior que nunca tuvo lugar, de demandas desoídas, de promesas incumplidas, de sacrificios eternos para satisfacer una dignidad que es pura ideología monocromática, reafirmada solo por quien se alimenta de ella.

La cuestión del diálogo es la necesaria presencia de dos partes dispuestas a escucharse, entenderse y llegar a ciertos acuerdos para, al menos, no retroceder si el asunto es tan engorroso que no se pueda avanzar. Mas, en el caso de Cuba, ¿quién que no sea afecto al gobierno puede dialogar con él? Y siendo así, ¿puede hablarse de diálogo? Se apela a la “unidad del pueblo”; pero ¿a quién se une la parte del pueblo que no cree en el sistema y tiene derecho a expresarlo? ¿Su solución es quedar al margen y acatar a una mayoría que se traiciona a sí misma? ¿Dónde está la representación gubernamental del sector poblacional que no piensa como el sistema, que tiene otras ideas políticas y económicas, que no está de acuerdo con lo impuesto y que, además, quiere aportar sus soluciones y probarlas en la práctica?

Es ridículo seguir apelando al bloqueo como pretexto para toda convulsión en Cuba. Entre los cubanos tiene sus detractores y sus incentivadores, cada uno con sus razones para opinar. La política consiste, entre otras cosas, en tener razones y debatir sobre ellas antes de implementarlas, nunca imponerlas. Cuando hay imposición, siempre ganará el más fuerte.

No son pocos los que opinan que el bloqueo ha sido la peor de las políticas de los Estados Unidos contra Cuba, sobre todo mantenerlo después de la caída de la Unión Soviética y del bloque socialista. Sin embargo, las dudas residen en la manera en que el gobierno cubano maneja su economía. Sin cambios democráticos que conlleven a que los cubanos sean los absolutos dueños del dinero que puedan recibir y gocen de la absoluta libertad para invertirlo, ¿quién manejaría ese dinero si el bloqueo es eliminado? Cuando una persona está enferma, si tiene fe, probablemente pida un milagro; sin embargo, la propia fe denota una actitud de cambio, una apertura a nuevas (otras) soluciones, el olvido de posturas egocéntricas. Desde esta metáfora se desprende que solo permanecen sin cambio Dios y aquel (gobierno) que se cree Dios. Las conclusiones son obvias. No habrá milagro.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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