Cuba te Cuenta

Cuba: Sinónimos de guayaba

Cuba: Y si no alcanza la guayaba para los cocimientos, que lo sepan los nacidos y los que están por nacer… la culpa es de Dios, alineado como está con el bloqueo americano.

Cuba se ha complicado con la Covid-19. “Está ´enyerbá´, dice la gente apelando al argot tradicional que identifica en la miseria, aunque no salve. Los mensajes de auxilio parten en todas direcciones pidiendo antibióticos y antigripales, ofreciendo pagar con precios de boutique.

Y en medio del desespero, la guayaba, ahora de moda como tratamiento anti-pandémico. Curioso en un país que ha talado bosques y forzado a la tierra a parir caña de azúcar buscando hegemonía económica. La tierra también necesita algo más que alocados discursos que pretendan convertir la Ciénaga de Zapata, en la Holanda del Caribe. A menos, claro, que los renacuajos y mosquitos puedan exportarse.

La guayaba… La medicina verde fue rehabilitada en Cuba con el Período Especial, a principios de la década de 1990. Había sido condenada a prisión domiciliaria. No era “científico” hablar de yerbas por su vínculo con la tradición religiosa del animismo rural, algo inconveniente para la mentalidad del “hombre nuevo”. Conveniente, no obstante, para la óptica gubernamental, apresurada en anatematizar el pasado como superstición, ya fuera cubertería de plata burguesa o lectura del oráculo de Ifá. En Cuba, después de 1959, Dios nunca tuvo la oportunidad de jugar a los dados. Fueron los dados quienes jugaron con Dios. Dados trucados, por supuesto, como todo (lo) dado.

Los pensadores oscuros del sistema entrevieron los peligros que entrañaba el culto al espíritu de la ceiba, por ejemplo. Podía convertirse en inspiración para la disidencia, si esta descubría que los antiguos cimarrones, negros esclavos fugitivos, utilizaban sus ansias de libertad lo mismo para danzar sus creencias que para machetear a los enemigos. Por rito y por raíz, la ceiba era curativa. De manera que había que comenzar por lo sano: eliminar el culto y desprestigiarlo. Fuera los cocimientos, aunque algunos conocimientos quedaran fuera.

Sin embargo, ni el más egregio marxista pudo prever que la desaparición del campo socialista contribuiría al regreso de los supositorios de aloe vera como remedio poderoso contra las almorranas. Lo natural volvió a la palestra, los espíritus volvieron a sus plantas y los médicos dejaron de sentir vergüenza al recitar y recetar los cocimientos de las abuelas. La bruja de ayer será canonizada mañana, dice la sabiduría popular.

Los viajes de la comunidad cubana residente en Miami hicieron lo suyo. Fueron estrellas el Centrum (multivitaminas) y el Tylenol (analgésico). Asimismo, las mujeres estrenaban calzado para procurarse la anhelada ampolla en el talón y poder lucir las tirillas estampadas que llamaban “curitas”. Y si no hubiera sido por el Nescafé, la gente hubiera creído el rumor de que la aspirina cubana era mejor que la americana y que el Polivit era mejor que el Centrum. Era lógico, porque otro rumor decía que el gobierno estadounidense mezclaba las pastillas que se enviaban a Cuba, con vidrio pulverizado, polvo de comején y sabores subliminales que despertaban el vicio de la Coca Cola. “Enemigo rumor”, decía José Lezama Lima desde el espíritu de una ceiba.

Los cubanos habían tropezado con la estética. Hasta entonces, se había vivido de tosquedad y de realismo socialista. La mujer soviética, con su profusión de vello en axilas y piernas, había sido el ideal femenino de belleza. Los productos capitalistas pusieron de manifiesto que hasta un envase de píldoras podía tener su encanto y servir de juguete. Si antes se había aprendido inglés partiendo de los clásicos “Tom is a boy” y “Mary is a girl”, a partir de ese momento fue fundamental el “Push & turn” de las tapas de los frascos. Y nunca perdían la rosca.

Tales son los antecedentes revolucionarios de la guayaba. Y la guayaba, si alguna fama tiene, es por su capacidad astringente. Hablar de guayaba en Cuba, es hablar de mermelada con queso y de remedio para combatir la diarrea. La mermelada y el queso es imposible mencionarlos sin anegarse en lágrimas. La diarrea, en cambio, anda en boca de todos porque es uno de los principales síntomas de la Covid-19.

Andarán de fiesta los espíritus, porque cada día crece más el número de contagiados y de muertos. Y porque la guayaba, en última instancia, no nos exime de la muerte, sino que nos condena a ella privándonos de la útil relajación de los esfínteres. No es ninguna gracia morir por asfixia y por estar rellenos de porquería como si fuéramos un sándwich del infierno. Y peor: morir todos de la misma manera, colectivizados en la muerte, puro número de la culpa del prójimo, agradecidos, para colmo, porque es un logro haber postergado el pico pandémico, según dice el presidente.

Cuba está enyerbada. Cuando los números eran bajos, la gente suspiraba aliviada, pero incrédula. Ahora que los números son altos, la gente sigue incrédula y no puede suspirar por la falta de aire. El miedo embruja los límites. La pandemia tiene la culpa. La gente tiene la culpa. Ahora también los médicos tienen la culpa, según dicen los rollizos ministros del sistema. Y si no alcanza la guayaba para los cocimientos, que lo sepan los nacidos y los que están por nacer… la culpa es de Dios, alineado como está con el bloqueo americano.

Es triste, muy triste. No hay que olvidar que, en Cuba, guayaba también es sinónimo de mentira.

 

 

 

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

Comentario

Facebook

Suscribete al Newsletter

Síguenos

Don't be shy, get in touch. We love meeting interesting people and making new friends.