Cuba te Cuenta

“Me gustó, me quedé”: La Covid-19 en Cienfuegos

Puede uno asomar la nariz por la ventana y ver cómo se llevan al vecino. La muerte, tiene nombres, apellidos y cercanía filial. Y sobre todo: la muerte del otro puede ser la mía.

Parecía que Cienfuegos se salvaba de los embates de la Covid-19. Así fue desde que se declaró la emergencia, allá por el mes de mayo de 2020. Cienfuegos pudo salir de la primera cuarentena sin mucho que lamentar.

Por ese tiempo, en Cienfuegos fue un escándalo el hecho de que la primera secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en la provincia se diera una escapada hasta Ciego de Ávila, que entonces había entrado en crisis. De regreso, continuó sus actividades como si en vez de viajar por su cuenta hubiera sido abducida. Nada en la prensa oficial, por supuesto.

Sin embargo, este incidente marcó un giro en la duda acerca de las estadísticas. Ya el Dr. Francisco Durán García, Director Nacional de Epidemiología, era un cliché televisivo en sus conferencias diarias a las 9 de la mañana para ofrecer la información de casos de la jornada anterior. Él era la referencia. Y le fue bien mientras los números se mantuvieron en la discreción de las decenas. El “caso FMC” señaló un desfasaje entre la estadística oficial y los casos conocidos personalmente.

La supuesta benevolencia del virus permitió que en septiembre se reanudara la mayor parte de las actividades, entre ellas el curso escolar, que dedicó un mes a terminar el anterior. Terminar era dar por terminado con simulacros de exámenes. Hace muchos años, el “ser aprobado” es una manía en las escuelas para respaldar (otra vez) las estadísticas. Un país que exhibe la educación como uno de sus pilares fundamentales, no puede darse el lujo de la honestidad y reconocer que un examen calificado con rigor, puede ser reprobado por la totalidad del estudiantado.

Como todo el país, Cienfuegos pasó los últimos meses del año 2020 tratando de desentrañar la viabilidad y el alcance de la Tarea Ordenamiento, anunciada por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez y apuntalada por la presencia en mute de Raúl Castro Ruz. Fueron suficientes pocos días de enero de 2021, una vez comenzada la susodicha Tarea, para encontrar y resumir las respuestas: no tiene sentido. A la par, habían comenzado los vuelos internacionales y puesto de moda las tiendas en MLC, con sus consecuentes e inevitables aglomeraciones.

Después, la pesadilla. Cienfuegos comenzó a multiplicar el número de contagios y de muertes. El “colapso” y sus derivados se hicieron jerga común y temida: hospitales colapsados, morgues colapsadas, sistema de salud colapsado. Psiquis colapsadas… El Dr. Durán se vio en aprietos. No es lo mismo hablar de 80 casos que de 8 mil, como tampoco anunciar el fallecimiento de 90 personas, incluidas embarazadas y niños. La culpa: el bloqueo y la variante delta del coronavirus, más agresiva; si se quiere, más imperialista. Luego, las manifestaciones del 11 de julio dieron el puntillazo. El pueblo demandó ayuda internacional. El gobierno respondió diciendo que todo estaba bajo control… de las porras y los golpes. La vida sigue igual. O la muerte.

Durante el mes de agosto, Cienfuegos ha permanecido entre las provincias más complicadas. No obstante, según el presidente, deberíamos estar orgullosos por haber logrado postergar la segunda ola pandémica, aunque sea un tsunami. Es decir, tener casi cien muertes diarias en el último mes, es un logro. En el 2020, hubiera sido un fracaso.

Sin dudas, es difícil pensar y discernir en la tribulación. Son las aguas donde navega el gobierno cubano, ayudado por la suerte de huracanes, roturas y mantenimientos, planificados o no. El arte de la postergación es macabro y socialista. Siempre hay una justificación para reprimir, acallar, violentar. Hasta el famoso totí, ese pájaro negro que por negro carga con todas las culpas, según dicho popular, ha sentido vergüenza y se ha teñido las plumas.

La muerte ya no es un hecho aislado con tiempo para ritos fúnebres como Dios manda. Ahora es un hecho a la mano. Puede uno asomar la nariz por la ventana y ver cómo se llevan al vecino si tuvo la buenaventura de morir en casa. La muerte, ahora, tiene nombres, apellidos y cercanía filial. Y sobre todo, amenaza: la muerte del otro puede ser la mía.

Ya no se bromea con la posible composición espuria de las vacunas cubanas. El gobierno ha prometido que, en diciembre de 2021, la totalidad de la población cubana estará vacunada. De manera que, hasta entonces, debemos aceptar como normal la muerte de algunos cientos de personas. El problema no es cuántos, sino quiénes, porque todos queremos saber el número, no ser uno de sus dígitos.

Los bandazos informativos, sutiles entre tanto triunfalismo, dicen primero que hay Abdala para toda la población, y luego se apean con que van a introducir la vacuna china Sinopharm. No se entiende por qué, en provincias con poca incidencia de casos, como fue Cienfuegos, comenzó la vacunación cuando las cifras eran astronómicas.

Cienfuegos siempre ha conjurado los maleficios con la cercanía del mar. Ahora, los eslóganes de su belleza parecen burlas del ángel de la ciudad, emparedado por el cinismo. “Me gustó, me quedé”, dice un eslogan escrito en ómnibus que son la antítesis de la belleza, lo mismo que hubiera escrito Drácula en el ataúd de su preferencia. “Cienfuegos encanta” es el otro eslogan que aprovecha cualquier fachada derruida, solo para cumplir con un proyecto que persigue “darle vida a la ciudad”.

Por el momento, es la pandemia quien está seducida por los eslóganes. Mas, siempre amanece. Solo rogar los que sobrevivamos para que la noche no se trague nuestra memoria.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

Comentario

Facebook

Suscribete al Newsletter

Síguenos

Don't be shy, get in touch. We love meeting interesting people and making new friends.