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El velo paralímpico cubano

No se es grande gracias a una mutilación, sino a pesar de ella. Por lo tanto, es cuanto menos ingenuo situar en primera plana el agradecimiento a una institución ⸺¡a un gobierno!⸺ cuya labor principal ha sido la mutilación de la personalidad de sus ciudadanos.

Imagen tomada de Diario AS, S.L.

Septiembre cerró el telón de los Juegos Paralímpicos de Tokio. Por suerte, fueron transmitidos por la televisión cubana. Los espectadores, aun los poco interesados, disfrutaron de un espectáculo inigualable.

Cuba tuvo una actuación pobre. Terminó en el lugar 35 (86 países participantes), con un total de 6 medallas: 4 de oro, 1 plata y 1 de bronce; distribuidas en solo 4 personas, una de ellas con 3 de las doradas. Estadística cansona, pero necesaria y referente, aunque cierta prensa, no solo nacional, pretendiera minimizarla con afán igualitario. El medallero apunta a la participación, y esta señala cuán en serio se han tomado los países el reto de la inclusión social de las personas con discapacidad.

El cuestionamiento recae, una vez más, sobre la labor de las asociaciones de personas con discapacidad en la isla: la ANCI (discapacidad visual), la ANSOC (discapacidad auditiva) y la ACLIFIM (discapacidad físico motora). Son ellas quienes promueven a sus afiliados. No existe ninguna otra con representación legal. Son oficiales y también oficialistas; se presentan como no gubernamentales, pero están subvencionadas por el gobierno. Las asociaciones de la sociedad civil independiente, como es el caso de la Red de Cultura Inclusiva, dedicada precisamente a las personas con discapacidad, no son admitidas y consideradas enemigas y desestabilizadoras.

El manejo político de las selecciones nacionales genera dudas sobre la justeza de las mismas. Dudas que no recaen en los que tuvieron la fortuna de ser elegidos, sobre todo si demuestran aptitudes, sino en los que nunca fueron “descubiertos” por algún cazador (ideológico) de talentos. El propio discurso de los narradores descubre la doctrina detrás de la selección de atletas. Y después, la opinión de los deportistas cuando son entrevistados. En los narradores, hay chovinismo excesivo y exacerbado. En los atletas, además, se trasluce el chantaje, la imposición de reiteraciones, el cliché ideológico.

Con la pertenencia y la representación, se aspira a la participación. En Cuba, esto significa asumir y esgrimir el agradecimiento a la Revolución como dadora por excelencia de oportunidades. Y al margen de estas oportunidades permanecen los múltiples casos cuyas opiniones no son oportunas ni oportunistas, sino críticas a la organización y el funcionamiento, políticas, al fin y al cabo, por el avasallamiento del sistema a sus instituciones. Finalmente, la opinión pública se decanta por el mensaje y las figuras que propone la prensa. En rigor, por tanto, no existe tal cosa como la opinión pública si solo es admisible el criterio que afirma lo que señala el dedo mayestático del gobierno.

Las nuevas miradas sobre la discapacidad proponen que el énfasis recaiga sobre la persona. Y es algo obvio. La discapacidad no define a la persona. Lo que vale en un atleta paralímpico, es su fuerza personal, su ánimo, su historia, los detalles referidos a cómo pudo superar la indignidad de un mundo que no está hecho a su medida. No se es grande gracias a una mutilación, sino a pesar de ella. Por lo tanto, es cuanto menos ingenuo situar en primera plana el agradecimiento a una institución ⸺¡a un gobierno!⸺ cuya labor principal ha sido la mutilación de la personalidad de sus ciudadanos.

Fue penoso cuando atletas cubanos declararon “no haber estado a la altura”, que le habían “fallado” a la Revolución y al pueblo, solo por no haber alcanzado medallas. “Hagámoslo por Cuba”, era la consigna bajo la cual se habían movido hacia Japón. Tiene mucho de infantil. Recuerda aquellos retos de la niñez: “El que llegue último es un cobarde”. Cobarde en el mejor de los casos. Los niños no suelen ser exquisitos en sus improperios. Y los deportistas que ganaron, sumamente predecibles en sus declaraciones: gracias a, gracias a, gracias a… Personas diluidas.

Por eso ha tenido tanto éxito la literatura testimonial de las personas que pertenecen a grupos vulnerables y vulnerados. Es un nuevo capítulo de su necesaria visibilidad, solo que, inconformes con la visión oportunista y manipuladora que ofrecen las asociaciones y gobiernos, estas personas han decidido mostrarse a sí mismas relatando sus historias particulares y su avance a pesar de los obstáculos. Necesitan ser descubiertas como lo que son esencialmente, más allá de sus capacidades o la ausencia de ellas. No es una literatura morbosa; pero sí descarnada, como lo es todo espejo.

La lógica del sistema cubano no permite llegar a ninguna cumbre a pesar de la Revolución. A la Revolución le siguen siendo ajena la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CRPD, por sus siglas en inglés). La discapacidad surge cuando la persona interactúa con “barreras que le impiden su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones con los demás” (Artículo 1º, inciso 1º, CRPD). Si la Revolución comulgara con este concepto, tendría que dedicarse a facilitar la accesibilidad como paso previo para que las personas logren autonomía individual. No es exagerado decir que la Revolución es, en sí misma, la mayor barrera.

Es una cumbre fantasma. Aun quien llega a la gloria, tiene que seguir agradeciéndole de forma perenne como a una divinidad insaciable que pide sacrificios y solo otorga raciones. Es triste cuando las historias personales y familiares son borradas de un plumazo o exhibidas a conveniencia. Y tanto peor si hay calidad. Pasará el tiempo, como es inevitable, y se impondrán la merma de las fuerzas y la jubilación, momento crucial para la memoria. Se descubrirá entonces que lo personal ha sido anulado.

Lo peor de un ciego no es la imposibilidad de mirar lo que le rodea, sino la incapacidad para observar sus horizontes interiores. Sirva la metáfora también para quien no escucha, para quien no camina, y también, por qué no, para quienes disponen de todas sus capacidades supuestamente intactas y libres, y no avanzan.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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