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Itinerario de los cubanos

Itinerario de los cubanos: Sucede que antes de emigrar en busca de oportunidades, los cubanos deben estudiar la oportunidad de emigrar. Y no hay lugar como Cuba para demostrar que la oportunidad es calva, por bien peinada que esté la peluca que le calcen al sistema.

No es seguro que Adán y Eva fueran expulsados del Paraíso. Más bien se les hizo insoportable el Paraíso luego de la imposición de algunas normas coercitivas. Si había que parir con dolor y ganarse el pan con trabajo, era mejor largarse a un lugar donde existieran la anestesia y el aire acondicionado. Y donde el amor fuera libre, no liberado.

En Cuba, símbolo paradisíaco de la izquierda sonámbula, no se contempla el destierro como condena a la subversión política, al menos no en las causas penales. El esquema es más simple: una pecera a la que se le extrae agua en cada “oportunidad histórica”. Los que saltan, mueren. Y si no mueren, son matados. Los que se quedan están obligados a la alabanza del absurdo. De ahí la locura de observar con apetito el agua sucia que se va por los tragantes cuando limpian la habitación. Los tragantes llevan al mar, a la libertad.

Sucede que antes de emigrar en busca de oportunidades, los cubanos deben estudiar la oportunidad de emigrar. Y no hay lugar como Cuba para demostrar que la oportunidad es calva, por bien peinada que esté la peluca que le calcen al sistema. Así lo decidieron los 12 peloteros cubanos que abandonaron la selección nacional, aprovechando su participación en el Campeonato Mundial Sub-23, celebrado en México a finales de septiembre. Saltaron fuera de la pecera.

El gobierno cubano resolvió el asunto con el fregado ético de los discursos políticos y lo recluyó en la finca de las excepciones. Fuga, traición, abandono, deserción. La jerga militar aplicada a lo doméstico. Jit, el sitio oficial del INDER, fue un tanto más folclórico y dijo que, en buen cubano, “había sido una mierda en todo el sentido de la palabra”. En buen cubano… ¿Qué dirían Fernando Ortiz y Jorge Mañach? Es necesaria una revisión exhaustiva del contenido idiosincrático nacional, que ha desbordado el ajiaco que ilustraba el primero para convertirse en el choteo que describía el segundo.

De cualquier manera, es escaso el intento por reivindicar la acción migratoria de los peloteros cubanos hablando de prospectos y potenciales. Desde otra perspectiva, se estaría reforzando el manido expediente del “robo de talentos”, un modo sutil de llamarles subnormales puesto que se dejan engañar tan fácilmente por los “cantos de sirena” y los “inescrupulosos traficantes” que se dedican a mercantilizarlos. Han aprovechado su oportunidad y está bien, aunque duela a los chovinistas y aficionados cuya única esperanza de vida radica en que la Serie Nacional funcione dentro del calendario prescrito.

Que se vayan (de Cuba) o se queden (en otro país) los deportistas, no debe minimizar el hecho de que el fenómeno migratorio de la isla es la primera lectura que acusa a su gobierno. Ahora está de moda por el escándalo de este grupo de 12 peloteros, el mayor número de “quedados” de una sola vez. Pero ha sucedido con los médicos, con los opositores, con periodistas y artistas independientes. Está sucediendo, sobre todo y en mayor número, con la población cubana que emigra sin respaldos, la que tiene que reinventar sus talentos o descubrirlos al calor de la decepción.

Hay responsabilidad individual en lanzarse al mar en una balsa o en cruzar selvas desconocidas cuando solo se tiene la experiencia de un campismo. También la hay en arriesgar la economía hogareña en empresas ilegales de cruce de fronteras con dudoso éxito. Sin embargo, todas apuntan a la desesperada esperanza de “llegar al otro lado”, esa ribera identificada con Miami, pero que poco a poco se ha ido definiendo como “cualquier lugar que no sea Cuba”.

Nadie puede decir que la solución sea la emigración total y definitiva. Es un anhelo generalizado que nunca podrá generalizar su realización. Por ello, hay que recuperar las historias personales de los que se quedan, de los que se han ido y de los que no han llegado. Las historias personales más allá del esplendor de la gloria. Nadie dirá nunca que abandonó su país porque adoraba viajar y tenía por ídolo a Thor Heyerdahl, el de la expedición de la Kon-Tiki.

Ni siquiera Adán y Eva han podido reconocer el Paraíso a su regreso. Han vuelto como turistas, adoradores del sol y del mojito. Patriotas edénicos. Por obra y gracia de las mareas del Golfo, no está descartado que en Varadero los turistas dormiten sobre restos de cubanos mezclados con la arena. Y eso duele. Téngase en cuenta que los totalitarismos solo hablan de libertad cuando mencionan al “pueblo” y solo mencionan nombres propios cuando hablan de líderes y mártires. Téngase en cuenta, porque las estrellas seguirán cambiando su destino y el Paraíso nunca será encontrado.

 

 

 

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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