Cuba te Cuenta

Cumbre y apagones de septiembre

En silencio, la gente se va a dormir temprano como si vivieran con horario rural. Intentan empujar la noche para olvidar que la mañana no traerá contenidos diferentes o alentadores.

En los apagones recuerdo a mi amigo Ernesto. Lo recuerdo en la reclusión de su cuarto, la sombra de su madre bailoteando en las paredes, inventando la comida de la noche. Ernesto en su eterna postura supina, sudando a mares. Un charco de resabios y decepciones. Ernesto era cuadripléjico y murió de una sepsis generalizada. Yo digo que murió de tristeza.

Ahora me preocupa un niño vecino. De día o de noche, el niño lloraba cuando interrumpían el fluido eléctrico y el calor lo exprimía sobre la cama. Era digna su protesta infantil en medio de la indignidad generalizada. Sus padres no podían acallarlo y tampoco apelar a razones que tuvieran sentido. Mas, en la última oleada de apagones no ha llorado. Ahí está, sentado en el vano de la puerta, sumiso, su madre abanicándolo con un ejemplar del periódico Granma, donde anuncian que se está trabajando “de manera ininterrumpida” en la solución de los apagones.

En silencio, la gente se va a dormir temprano como si vivieran con horario rural. Intentan empujar la noche para olvidar que la mañana no traerá contenidos diferentes o alentadores. En septiembre, por ejemplo, el mañana fue la presencia de Miguel Díaz-Canel en México, primero para las fiestas patrias del país azteca, y después para la Cumbre de la CELAC.

Que Díaz-Canel fuera invitado especial de Andrés Manuel López Obrador, le importa muy poco a los cubanos, escépticos de los protocolos y de los abrazos simbólicos. Pocos se enteraron de las críticas desde el propio gobierno mexicano y de la repulsa de grupos de cubanos residentes en México. Los medios de la isla priorizaron los encuentros de Díaz-Canel con otros cubanos residentes, simpatizantes y solventes. A todos les pasó el sombrero de las limosnas y aprovechó su nostalgia para hablarles de la posibilidad de invertir en Cuba, y de las “facilidades” creadas al efecto de los afectos revolucionarios. Fue curioso escuchar cómo este específico grupo de cubanos hablaban de José Martí y de la Revolución con el dejo de Jorge Negrete.

Sin embargo, el plato fuerte de septiembre sería la intervención del presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, en la Cumbre de la CELAC. Lacalle ⸺secundado por los mandatarios de Ecuador y Paraguay⸺, denunció el obstáculo que siguen siendo los gobiernos dictatoriales de Cuba, Venezuela y Nicaragua, para una pretendida unidad latinoamericana. Díaz-Canel replicó con su inevitable puerilidad, y Lacalle le citó, entonces, uno de los versos del conocido tema “Patria y vida”. Lacalle se convirtió en tendencia y poco faltó para que en Cuba se volvieran a convocar manifestaciones bajo el grito de “Con Lacalle… ¡pa´la calle!”.

Díaz-Canel regresó de México con memes y sin parches para arreglar las averías termoeléctricas. Para muchos la Cumbre fue un chasco, sobre todo teniendo en cuenta que coincidió con una resolución del Parlamento europeo que condenaba la represión de los manifestantes en Cuba el 11J. Excepto los presidentes mencionados, el resto la pasó bien asintiendo, condenando el bloqueo y bebiendo agua embotellada. En todo caso, el rifirrafe entre Lacalle y Díaz-Canel contribuyó a que los cubanos desplazaran a Uruguay al primer puesto entre sus preferencias migratorias.

Nada de esto hubiera sorprendido a mi amigo Ernesto. Estaba convencido de que nada cambiaría en Cuba. Decía que la isla vivía como él, muriéndose sin morirse, agotada, atada de pies y manos, chantajeada con gratuidades, coartándose a sí misma los impulsos liberadores, vendiéndose al mejor postor.

Mi amigo Ernesto no vivió para ver las manifestaciones del 11 de julio. Difícilmente hubiera participado en ellas, por su condición y por su escepticismo; pero tal vez lo hubieran ayudado a ganar en esperanza, a ver la luz al final de este larguísimo túnel que todavía transitamos. Porque hay que buscar la luz por encima de todo, por mínima que sea. Y solo a la luz puede uno aferrarse incondicionalmente. A pesar de los apagones.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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