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Agítese antes de usarse

Lo peor del socialismo es que no tiene obsolescencia programada. Es una especie de (macabra) inteligencia artificial que se ha rebelado contra el mundo porque no tiene valor para asumir su caducidad.

En muchos sentidos, la Constitución de un país se parece a un prospecto y en Cuba no somos fanáticos a la lectura de prospectos.

En rigor, esta palabra se refiere a ese memorándum que acompaña a los medicamentos y que contiene sus instrucciones de uso. También se utiliza para designar a jóvenes peloteros cuyo talento incipiente los hace candidatos a ligas mayores. Hay muchos prospectos cubanos cruzando fronteras últimamente; pero no son el tema de este artículo.

Que los prospectos no tengan clubes de lectura se debe, sobre todo, a lo microscópico de su letra y a lo ininteligible de sus descripciones desde el mismo primer capítulo: “No consumir el medicamento si es alérgico a la prednisona o cualquiera de sus componentes”. Y al leer la composición del medicamento: “Prednisona”. Con ese principio de ignorancia, ya podemos desechar las advertencias, las contraindicaciones y la posología, para quedarnos con el uso, que el dolor es lo que duele. El resto se arreglará por el camino.

Lo mínimo que se le pide a una Constitución es que sea abierta y democrática. Al menos que tenga la decencia de dejar los enredos leguleyos para después que la gente se crea que vive en un país libre. Todo parece indicar que a la población le bastan algunos golpes de efecto para creerse libre; golpes que, en sentido general, replican sobre el resto de la población que no está de acuerdo.

Y todo por no haber leído la letra mínima de la Constitución. Las firmas de asentimiento no evitan los problemas, porque les falta comprensión. El resto nunca se arregla por el camino. El resto se queda en el camino. O se lanza a cruzar fronteras. Desde luego, son muchos años de lobotomía ideológica. Dice el prospecto político: “El socialismo es irrevocable”. No hay camino para el resto. Y el curioso pregunta: “¿Y de qué está hecho el socialismo?” La respuesta ideal y de culto es: “De prednisona”.

Por tanto, en Cuba no somos fanáticos a la lectura de ningún panfleto legal. Para alivio nuestro, hay que decir que lo mismo sucede en el mundo, aunque con diferencias sustanciales. Pero a los cubanos les interesa Cuba. ¿Cómo resolveremos la cuestión de las reacciones adversas si ya consumimos el medicamento?

Ni siquiera se trata ya de las consecuencias del socialismo sino de las consecuencias de que sea irrevocable. Los seres humanos deberían sospechar, en principio, de toda pretensión de eternidad. La vida es madre de todas las posibilidades, precisamente por su condición de finitud. Urge vivir, por tanto, urge crear oportunidades. Urge ser libres, en definitiva. Todas las leyes humanas deben estar en consonancia con este resorte natural, aunque incluyan las advertencias pertinentes para que el vecino no se robe las guayabas de mi patio.

Sobran los ejemplos históricos que narran las consecuencias de lo inamovible. Léase la historia de los países socialistas y enseguida se sentirá la necesidad de salir al aire libre. Por el ahogo. Parece fatuo, pero después de vivir rodeado de imágenes del Che Guevara y de Fidel Castro, es muy liberador llegar a vivir rodeado de propaganda de hamburguesas, bebidas y champú. La presencia (eterna) de los primeros, genera la ausencia de los segundos. Y la experiencia dice que se puede vivir comiendo hamburguesas sin llegar a ser un extremista; pero resulta muy difícil vivir consumiendo ideología y no llevar a los otros al pelotón de fusilamiento o, en su defecto, a ser machacados por la turba revolucionaria.

Visto el caso y volviendo a la trama: ¿qué hacer cuando ya hemos consumido el medicamento? Está claro que el prospecto deberá ser revisado y reelaborado. ¿Y mientras tanto? Lo primero es la purga, el consumo urgente de un laxante. Es necesario liberarse de una vez y por todas de las dudas, de la falsedad de las dicotomías. También en lo social existe un punto de no retorno a partir del cual todas las consecuencias son negativas, aunque estén respaldadas por el triunfalismo de un líder. Y con mayor razón.

Lo peor del socialismo es que no tiene obsolescencia programada. Es una especie de (macabra) inteligencia artificial que se ha rebelado contra el mundo porque no tiene valor para asumir su caducidad. El máximo dolor que se ha provocado a sí mismo, es el de cauterizar la fecha de vencimiento que tiene grabada en su piel, lo cual se traduce en el dolor perenne de todos los que viven bajo su égida, a riesgo de convertirse ellos mismos en máquinas calculadoras de intereses.

Está dicho: antes de asumir y consumir, hay que leer con detenimiento la Constitución y los prospectos. De cualquier manera y en todo tiempo y circunstancias, se impone la lucha contra lo inamovible. Nada mejor, entonces, que la aplicación de esa regla tan básica que, por fortuna, está siendo recuperada en Cuba: “Agítese antes de usarse”.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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