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Revolución cubana: mentiras y represión

A pesar de esto, en Cuba existen decenas de grupos de la sociedad civil, que actúan en favor de la libertad de manera independiente. Dichas organizaciones operan al margen de la ley, porque no son reconocidas por el Gobierno, mismo que, en cambio, lleva a cabo una cruda ola represiva en contra de sus integrantes. Aun así, la lucha pacífica por la democracia se consolida cada día más.

(Cubanos en la calle. Marcha pacífica del 11 de julio. Imagen de The New York Times)

Desde su triunfo, el primero de enero de 1959, la Revolución Cubana mostró señales de ser en un movimiento de marcada falsedad y oportunismo. En ese entonces, su líder, el ya fallecido Fidel Castro Ruz rechazó vehementemente la filiación del naciente gobierno con el comunismo.

“Sé que están preocupados por si somos comunistas. Pero ya lo he dicho muy claramente: no somos comunistas. Que quede bien claro”, expresó Castro en su primera visita oficial a Estados Unidos en abril de 1959.

Sin embargo, su “visión política e ideológica” cambió radicalmente hacia finales de 1961. Fue el 22 de diciembre cuando se declaró socialista frente a miles de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución, en La Habana.

¡Esa capacidad de crear, ese sacrificio, esa generosidad de unos hacia otros, esa hermandad que hoy reina en nuestro pueblo, eso es socialismo! Y esa esperanza, esa gran esperanza de mañana, ¡eso es socialismo!, y por eso ¡somos socialistas!, y por eso, ¡siempre seremos socialistas!, ¡por eso somos marxistas-leninistas!, ¡y por eso siempre seremos marxistas-leninistas!”, exclamó en aquel discurso.

 Aunque desde 1960, en el marco de su “redescubrimiento” ideológico, Fidel anunció que nacionalizaría los bienes o empresas, propiedad de personas naturales o jurídicas nacional de los Estados Unidos; por vía de la expropiación forzosa.

En principio dichas nacionalizaciones incluyeron tierras y refinerías de azúcar, afectando los intereses estadounidenses por un valor de 1.000 millones de dólares, según datos oficiales. Esa fue la base para que el entonces presidente norteamericano, Dwight Eisenhower, estableciera el primer embargo sobre Cuba, que prohibió las exportaciones de ese país hacia la isla, exceptuando medicinas y algunos alimentos.

A principio de 1962, el gobierno de John F. Kennedy amplió el embargo, extendiendo las restricciones a las importaciones cubanas. Estas medidas permanecerían hasta Cuba avanzara en la compensación de los ciudadanos estadounidenses afectados por las expropiaciones. Durante décadas, esta medida ha sido extendida y aliviada en diferentes oportunidades. Más tarde fue incluida la ley Helms-Burton, que limitó las operaciones comerciales de otros países con la isla.

Por su parte, Fidel Castro, y sus sucesores, han utilizado el embargo o “bloqueo”, como le llaman, para justificar el fracaso del proceso revolucionario. Desde el inicio Cuba fue una economía subsidiada por la antigua Unión Soviética(URSS) hasta 1990, cuando cayó el campo socialista. De ahí en adelante, sin subsidios, el sistema mostró su verdadera naturaleza, con monopolio del Estado y escasa iniciativa privada.

Por más de 60 años, las políticas de control absoluto de los Castro sobre el pueblo, ha sido, en gran medida, justificada por el “asedio” del imperio norteamericano. Con base en esto, Fidel Castro implantó un terror casi general al modelo capitalista, y consiguió el aval popular para su fallido intento de socialismo. Los grandes argumentos que hasta ahora son utilizados por el régimen cubano, para defender las “conquistas” del sistema, son la medicina y educación “gratuitas”. Aunque en realidad estos servicios son cada vez más decadentes. A cambio, el gobierno cercenó los derechos y libertades de todos.

Con la nueva ideología, los cubanos comenzaron a ser adoctrinados para aprobar lo que se le antojara a la élite castrista. Pronto la gran mayoría dejó de cuestionar los procesos, y Cuba se convirtió en una sociedad conformista, sin voz y resignada a una forma de vida basada en la escasez y la miseria. Fidel consiguió que casi todo un pueblo lo alabara.  Al mismo tiempo, sembró el odio entre unos y otros, y persiguió a todos los que disentían de su sistema político.

Más tarde, en 1965, Castro reafirmó la hegemonía del movimiento con la fundación del Partido Comunista de Cuba (PCC), que hasta hoy es el único de su tipo autorizado en el país. Aunque solo agrupa el 6% de la población nacional, según fuentes oficiales.

A pesar de esto, en Cuba existen decenas de grupos de la sociedad civil, que actúan en favor de la libertad de manera independiente. Dichas organizaciones operan al margen de la ley, porque no son reconocidas por el Gobierno, mismo que, en cambio, lleva a cabo una cruda ola represiva en contra de sus integrantes. Aun así, la lucha pacífica por la democracia se consolida cada día más.

Antes, parte del pueblo guardaba silencio y criticaba en masa a los opositores, asegurando que tanto riesgo no tenía ningún sentido; pero el régimen se ha encargado de convertirse en una fábrica de disidentes. Lo vimos el 11 de julio cuando cientos de miles de ciudadanos tomaron las calles pacíficamente en más de 50 puntos del territorio nacional; no para pedir alimentos ni medicinas, sino para exigir un cambio de sistema. Aunque las autoridades respondieron de forma violenta, golpearon y encarcelaron a cientos de manifestantes, esas marchas que se extendieron por varias jornadas, marcaron el principio del fin.

Orlando Pérez

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