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Memoria y secuelas del 15 N: El concierto pírrico de la Revolución cubana (Parte I)

El terror se fabrica con preámbulos. Los desenlaces no son terroríficos, son un alivio. Y es así, porque resulta difícil que quien se prestó para esgrimir un garrote, se sienta satisfecho por no haberlo utilizado.

(Imagen cortesía del autor)

Al final resultó conveniente el cerco impuesto a los promotores de Archipiélago y a los que pretendían seguirlos el 15 de noviembre en la Marcha por el cambio. Los comunistas se robaron el show… y las rechiflas.

Por supuesto, fue una victoria desde la perspectiva del gobierno, no importa si pírrica. Los niños comenzaron sus clases gozando de la tranquilidad garantizada por el sistema. La “oposición terrorista” no pudo “aguar la fiesta”, como gustan decir. Y en la noche celebraron la visita de los Pastores por la Paz, esos evangélicos que bendicen la faena política del Estado cubano. Lástima que llegaran tarde para presenciar un acto de repudio. A tiempo, en cambio, para armarle la contraparte a la Iglesia católica, que esta vez ha tomado parte y cuerpo en la protesta cívica. Puede que ahora el Papa Francisco se pronuncie si ha sentido jalada su sotana.

No se desató la violencia temida y anunciada. Al menos no la que le achacaban a la intención de los marchantes. Se desató la consentida por el gobierno como manifestación revolucionaria en “legítima defensa”. Se ha comentado con cierta mordacidad, que hubiera sido preferible la lluvia de palos a la lluvia de rostros desquiciados y ofensivos. La lluvia de palos obligaba a un desenlace. La lluvia de los rostros prolonga la crueldad del suspense. Stephen King puede corroborarlo: el terror se fabrica con preámbulos. Los desenlaces no son terroríficos, son un alivio. Y es así, porque resulta difícil que quien se prestó para esgrimir un garrote, se sienta satisfecho por no haberlo utilizado. Es bueno saberlo ahora que las demandas de Archipiélago, según comunicado oficial del grupo, permanecen vigentes hasta el 27 de noviembre. Ojo con la violencia contenida en los preámbulos. Atención a las sagas.

Pero los rostros evocaron lo acontecido en 1980, cuando tomaron vuelo los actos de repudio contra la “escoria”. De entonces se aprendió que el rostro descompuesto que hoy grita improperios, es el mismo que mañana dice con desfachatez que “lo obligaron por el trabajo”.

Incluso, es el mismo que aparece luego en una directa desde Ulán Bator pidiendo a gritos un bombardeo masivo sobre Cuba. Y más, puede ser el mismo que critique las dificultades del capitalismo desde el capitalismo, para seguir viviendo como traficante de ambigüedades. Es menester decir que, en esta ocasión, el cubrebocas ha aportado sus ventajas, también ambiguas: un poco rostro, un poco máscara. Nada de humano.

Era tan previsible que mueve a risa. Sin embargo, ¿qué tal si en lo previsible estaba el dolo? Ingenuidad, candor e inocencia no son términos que apetezca la política. Son rechazados por los que hacen carrera en ella. Desde el civismo, son útiles para mejor explicar algunas intenciones o para no explicarlas en lo absoluto y dejarlas en vilo. La política es un oficio que también requiere de improvisación en su momento. Tal vez por eso los artistas e intelectuales son los más perseguidos y acallados en los sistemas totalitarios. En Cuba, desde los episodios de San Isidro, son los que cantan en la brecha, de la cual Archipiélago parece ser un momento penúltimo.

La Revolución cubana, como todo movimiento político, es un sistema caótico de segundo orden. Es capaz de reaccionar a las predicciones sobre ella. Y su éxito en reaccionar, radica precisamente en el acaparamiento del poder. Luego, puede adelantarse a las consecuencias de una crisis, pero nunca a la crisis.

Aprendiendo de los fracasos (de otros), la Revolución cubana ha sido experta en macerar intenciones, situaciones y personas. Tiene el poder, puede darse el lujo de esperar. Sin dudas, desde su particular perspectiva, el gobierno cubano ganó la batalla del 15 de noviembre. Allá los incautos finlandeses que se tatúan la imagen del Che Guevara en alguno de sus brazos. Debieran comenzar por preguntarse: ¿qué batalla?

Los intentos por subvertir el sistema político de Cuba, han gustado del secretismo a voces y, por eso mismo, padecido una chapucería digna de récord Guinness. Más tarde o más temprano aparece el consabido espía o chivato que enarbola el comprobante de las últimas compras que hicieron los implicados. Y puede que la visión esté invertida y la chapucería pertenezca a los que pudiendo hacer mucho, no hacen nada.  Es un tanto vergonzoso que la política de un país se elabore sobre la base del precio de un jamón que no tiene sabor a jamón y que, para colmo, le llaman Ibérico. Nada para asombrarse si se tiene en cuenta lo que se ha tenido que pagar en Cuba (y se sigue pagando) por una revolución que dejó de serlo cuando triunfó y se sigue llamando democrática, entre otros jamones.

En ese sentido y contra todas las banderas, Archipiélago ha mantenido cierta inmunidad, no obstante la languidez del agente Fernando, a quien no le sirvió siquiera el peso de la carga simbólica que depositaron sobre él. En efecto, baza quemada, el agente fue relevado y revelado el 1ro. de noviembre, Día de Todos los Santos, posterior a la noche de Halloween. Toda una lección de sincretismo para la colonización de almas espurias.

Ayudó también que una gran parte de los miembros de Archipiélago, no tenían historial de militancia opositora y no estaban vinculados a partido o grupo explícitamente contrario al gobierno cubano. Más que nada, el grupo ha descubierto la importancia del compromiso cívico, más allá de posturas políticas, pero también como base de la participación política.

Entonces, después del 15 N, ¿cuál es el saldo de la convocatoria de Archipiélago?

 

Continuará…

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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