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Ómicron o la guinda del pastel

Ómicron: Los sistemas totalitarios se alimentan de adversidades y de esta manera justifican sus recursos represivos ¿Cuba volverá a la prisión dentro de la prisión?

Aún es pronto para alarmarse por ómicron, la recién estrenada variante del SARS-CoV-2. Eso dicen los especialistas. Sin embargo, los profanos coinciden en que siempre es mejor que las alarmas resuenen a tiempo, es decir, cuanto antes.

Sea como fuere, hay que vivir con la verdad: nunca es fácil rastrear el pedigrí de un virus. Al final solo se obtienen códigos y una nomenclatura engorrosa, inteligible para mentes como la de Stephen Hawking. Ómicron, identificada como una “variante de preocupación” por la Organización Mundial de la Salud (OMS), exhibe esta bella clasificación: B.1.1.529. Se calcula que la Vía Láctea tiene alrededor de 100 mil millones de estrellas, la cantidad suficiente para echar a perder el romanticismo de una noche a cielo descubierto.

Para el máximo común de los humanos, la cuestión generada por ómicron es más aterrizada: ¿otra vez enclaustramiento? En concreto: ¿Cuba volverá a la prisión dentro de la prisión? Que las mascarillas se hagan vitalicias, es algo que puede soportarse. Son válidas, incluso, las formas de saludo japonesas, inclinando la cabeza o el tronco. Aportaría cierto toque humorístico observar los esfuerzos de Esteban Lazo para inclinarse ante Miguel Díaz-Canel Bermúdez. Quizás en otras circunstancias. Como dice el dicho: el horno no está para galletitas. Al menos no en la ciudadanía.

La historia propicia reflexiones curiosas, desempolvadas, lamentablemente, cuando la única solución es salir corriendo. Y correr al son del coronavirus, es una acción que ha quedado para metáfora. Mas, no se pueden eludir las “coincidencias” que vinculan a ciertas enfermedades con el fin y el principio de períodos históricos, con el ocaso y el alba de los imperios, con la destrucción de las dictaduras y el nacimiento de las democracias. Las epidemias son, en este sentido, una especie de túnel del tiempo. Por un lado, precipitan las dinámicas agazapadas en una etapa; y por el otro, abren las oportunidades del cambio a la siguiente.

Por ejemplo, la Peste Antonina, primera epidemia de la que se tiene noticia en el mundo occidental, fue reportada por Galeno. Presumiblemente de sarampión o viruela, se desató entre los años 158 y 180 y, según los historiadores, surgió en Persia. De ahí, aprovechando la movilidad de las legiones romanas, se extendió por el imperio. El debilitamiento consecuente del ejército fue una de las claves de la decadencia.

Otro tanto sucedió en el siglo VI con la llamada Plaga de Justiniano. Se considera que fue un brote de peste bubónica que resquebrajó los cimientos del Imperio bizantino, empujando al mundo occidental hacia las tinieblas de la Edad Media. Un brote similar en el siglo XIV, despejaría esas brumas y daría comienzo al Renacimiento. La misma relación podemos encontrarla entre la sífilis y la conquista de América, la fiebre amarilla y la Revolución industrial, la gripe española y la Primera Guerra Mundial, el sida y la Guerra Fría. El coronavirus y… La sumatoria es simple: la crisis sanitaria lleva a la crisis económica, y ésta a la crisis política. Por eso el factor “revuelta social”, nunca está ausente en dichas épocas.

Y por eso también se habla del peligro de la Trampa de Tucídides. Es una manera de explicar la contienda entre la nación hegemónica y la nación emergente. En tiempos de Tucídides, era un fenómeno local, aunque influyente. Entonces fueron Atenas y Esparta quienes se enfrentaron. En el orden mundial actual -desorden, según algunos-, el fenómeno es determinante gracias a la globalización. Ahora es China quien le pisa los talones a los Estados Unidos, si no se ha metido ya en sus zapatos. El asunto con la Trampa de Tucídides, es que su pronóstico dicta una alta probabilidad de terminar en guerra. Se pudo evitar en 1962, cuando la Crisis de los Misiles, en la cual Cuba estuvo implicada.

Por lo pronto, con la salida del virus de Wuhan, es China quien ha tirado la primera piedra e insiste en estar libre de pecado. Y mientras tanto, sigue cosechando adeptos, entre los cuales se encuentra Cuba, por supuesto. Sin embargo, por muy globalizado que esté el mundo, la solución a una crisis política local, sigue siendo local. La crisis del mundo solo servirá para justificar que las cosas deben seguir como antes. Y es lo que ha sucedido. Retroceso democrático le llaman. Un informe internacional sobre el estado de la democracia en el mundo en 2021, confirma que “el 70 % de la población mundial vive en regímenes autocráticos o democracias en retroceso”.

De esta manera, no es desdeñable la tendencia a convertir la emergencia sanitaria en dictadura sanitaria. Si ómicron cumple su amenaza, volverán las restricciones, tal vez necesarias como medida profiláctica, pero contraproducentes para los anhelos de cambio social. Los sistemas totalitarios se alimentan de adversidades. Gracias a ellas, refuerzan su talante proteccionista y justifican sus recursos represivos, generando así el círculo vicioso conocido por todos.

Desde luego, ni siquiera una dictadura puede librarse del paso del tiempo ni del desastre generado por ella misma. Lo peor es que mientras vive, sus coletazos matan, y más en sus convulsiones finales. Qué pasará si ómicron se desencadena, es pronto para decirlo. Qué pasará en Cuba a pesar de ómicron… Sin dudas, ya está ocurriendo. Ha llegado el momento en que los cubanos no tienen nada que perder porque, haciendo cuentas elementales, nada han ganado. Ni siquiera aquellos bulos gratuitos que han servido al régimen como sustento ideológico. El pastel está servido y ómicron nos hace el honor de cortarlo. Veremos quién se come la guinda.

 

 

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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