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La ruta perdida del marxismo cubano

El socialismo es el burro y el comunismo es la zanahoria que pende frente al burro mientras camina. Caminar no siempre es avanzar. Un poco de pienso y adelante, que la zanahoria es el futuro promisorio, ni siquiera prometido.

El marxismo-leninismo que se impartió en Cuba fue de manuales. Aún hoy se afirma que es el non plus ultra de la filosofía. Se imprimieron cantidades ingentes del “Manifiesto del Partido Comunista” y “El Capital”. También podían encontrarse las obras completas de Vladímir Ilich Lenin impresas en papel Biblia por alguna editorial soviética. Sin embargo, los manuales sintetizaban lo esencial de los exámenes y que luego podía aprovecharse para hacer gala de compromiso político. Eran una especie de breviario ideológico.

Resúmenes sesgados, no más. Primero, los soviéticos; y luego los añadidos, no muy explícitos, del ideario martiano (José Martí) y del refrito fidelista (Fidel Castro). En verdad, existen pocos marxistas que hayan leído a Carlos Marx. Leerlo (a Marx, Carlos, no a Groucho), lo hacen los estudiosos de la historia de la filosofía y, más que ellos, los opuestos al marxismo que buscan una conexión entre las propuestas de Marx y el auge de los totalitarismos en el siglo XX.

El sonajero del marxismo comenzó siendo la justicia social. Para lograrla, pretendía emancipar al proletariado. Es difícil entender cómo demandas tan genuinas resultaron en monstruosidades al estilo del fascismo y el socialismo con todas sus variantes. O puede que fueran monstruosidades precisamente por ser variantes. Una respuesta tentativa se encuentra en la principal herramienta teórica del marxismo: la dialéctica. Y tampoco era muy suya.

Ni los místicos que viven de zampar eternidades, niegan que el mundo está en perpetuo cambio. Y con el mundo, la historia. En este presupuesto se asientan los pilares ideológicos del marxismo: el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. Grosso modo: tanto la naturaleza como la sociedad, generan sus propias crisis que, al llevarse a término, crean un nuevo estado de equilibrio. Más adelante, cuando “están dadas las condiciones objetivas y subjetivas”, se pierde el equilibrio alcanzado y se cae en una nueva crisis. Y así, ad infinitum. Dicho al modo marxista: la tesis genera su propia antítesis y ambas crean la síntesis que, a su vez, se convierte en tesis para generar su antítesis y… Unidad y lucha de contrarios, también en argot marxista.

El vaticinio de Marx era que, gracias a la ineludible dialéctica, el capitalismo terminaría por desmoronarse, carcomido por sus propias contradicciones internas. Marx no conoció más que la sociedad capitalista de la Revolución industrial, con la mirada puesta en el comunismo, como síntesis definitiva. No previó que las sociedades reales aprenden de sus propias crisis y se renuevan y pueden dar lugar a democracias. Solo el capitalismo, está demostrado, puede ser democrático. Al no preverlo, Marx creía que el comunismo surgiría de las cenizas del capitalismo. Mas, siguiendo la dinámica social, el capitalismo demoraría en desaparecer unos cuantos miles de años, si antes no caía un meteorito sobre la Tierra.

Marx, quien vivía gracias a la caridad de su amigo Federico Engels, no tenía apuro. Fue Lenin quien intentó forzar las cosas. No tenía paciencia para esperar tanto tiempo y mucho menos al meteorito. Además, para que el capitalismo se destruyera en Rusia, primero tenía que instaurarse. Entonces pensó en dar el salto histórico. Y vaya si lo logró. El salto. Rusia pasó del feudalismo al socialismo y Lenin terminó con un infarto cerebral.

El socialismo se ocupó de limpiarle el camino al comunismo. Todavía se ocupa. La cuestión (histórica) fue que la crisis del capitalismo resultó ser más dialéctica de lo calculado. La guerra ayudó. Al concluir en 1945, el mundo quedó repartido entre los vencedores. Gran negocio que sentó las bases para que la Guerra Fría revelara el modo de ser dialéctico sin evolucionar. Es decir, mantenerse eternamente en una tesis. El gobierno de la triunfal Revolución cubana, aprovechó muy bien las lecciones. Así ha sobrevivido 62 años: a golpe de dialéctica trunca. ¿Cuántas veces se ha repetido de una manera u otra: “Ahora sí vamos a construir el socialismo”? El socialismo es el burro y el comunismo es la zanahoria que pende frente al burro mientras camina. Caminar no siempre es avanzar. Un poco de pienso y adelante, que la zanahoria es el futuro promisorio, ni siquiera prometido.

Quizás sea hora de pensar que la idea del socialismo, tal y como se sufre, es nunca llegar al comunismo. Conviene que siga siendo una utopía gracias al “enemigo”, puesto que no se destruye como vaticinó Marx. Por otro lado, el propio materialismo, base del marxismo, reniega de utopías. Es una contradicción. Las utopías se aprovechan a cabalidad, porque la verdad (dialéctica) más grande es que los materialistas se alimentan de idealismos, y los idealistas del pasto que les permite soñar. Unidad y lucha de contrarios. La almohada es almohada por la cabeza que sostiene; pero de la cabeza solo guarda el ahuecamiento y los remanentes de la alopecia.

No hay que asombrarse, entonces, si el III Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, insistiera en “regresar” al marxismo-leninismo. Se trata del reforzamiento de la tesis en una circunstancia (la pandemia) que aísla más la posible antítesis. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ninguna tesis es hermética. Mientras más rígida, más agrietamiento. La síntesis es inevitable y en forma de estallido, como un volcán sellado por mucho tiempo que estalla por el empuje inevitable de la lava en su interior. Léase 11 de julio.

El capitalismo ha entrado en Cuba por múltiples grietas. Y ha sucedido sobre todo por conveniencia, lo cual también es una grieta. La presión aumenta. ¿Qué esperar del marxismo “caneliano” en el 2022? Bueno, absolutamente nada. Malo, todo lo que hay en el fondo de un abismo. Y puesto que también es inevitable (el abismo), la mejor noticia es que no se puede ir más allá del fondo. Fondo: condición imprescindible para impulsarse y salir a flote. Puede que la orilla no se vea y sea preciso esforzarse y nadar. No existe otra manera de lograr la síntesis apetecida: libertad.

Tony Pino

Técnico Medio Nuclear. Trabajó como profesor en el Politécnico de la Central Electronuclear, en Cienfuegos. En 1990 fue separado del magisterio por cuestionamientos políticos a la viabilidad de la construcción de una planta nuclear en Cuba. Fue jubilado por enfermedad en 1992.

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