Cuba te Cuenta

La delgada línea entre lo correcto y lo incorrecto en Cuba

En esa constante lucha, que resulta tan abrumadora, la mayoría de las familias se debaten entre la legalidad o el vivir al margen de la ley, como única opción de supervivencia.

Para nadie es un secreto que en Cuba, la mayoría de las familias tienen que recurrir al mercado negro para poder subsistir. Llevar, por ejemplo, un plato de comida a la mesa es una tarea muy compleja como lo es también construir o reformar una vivienda, o lidiar con el transporte para trasladarse de un lugar a otro. La familia cubana se desvanece entre “la izquierda” —como se le conoce al mercado negro—, donde hay más opciones; y el mercado estatal, donde cada vez hay menos.

En esa constante lucha, que resulta tan abrumadora, la mayoría de las familias se debaten entre la legalidad o el vivir al margen de la ley, como única opción de supervivencia. Entre las disyuntivas que surgen están, por ejemplo, el decidir si comprar o no productos de primera necesidad, a sabiendas de que su procedencia es ilícita. Para ponerlo un poco más claro, elegir entre hacer lo correcto que en Cuba equivale a conformarse con la escasez extrema, u optar por lo incorrecto, que significa tener más oportunidades de salir adelante.

¿Cuán cuestionable sería en este escenario, la actitud de los cubanos que deciden comprar el arroz que vende el bodeguero por detrás de la cortina, mismo que sustrae de la cuota a sus consumidores; o el aceite, el pollo o picadillo que “sobra” de la venta por tiques,  y que, en realidad,  se reduce de la asignación; o, también, los medicamentos de producción que se distribuyen tanto en la red de farmacias como en los centros hospitalarios, que son revendidos por los propios trabajadores del sector, amen de que muchos son controlados, para la atención de enfermedades crónicas?

Seguramente en otros ámbitos, el hecho de beneficiarse de una actividad ilegal, que resulta, en cierta medida, en el perjuicio directo o indirecto a terceros, sería, como mínimo, reprochable. Sin embargo, en Cuba la necesidad influye y a veces determina el poder de decidir de las personas. Este fenómeno, sin duda alguna, acarrea una problemática aún mayor: la pérdida de valores y principios en la sociedad. Y es que en la medida que las personas reinciden en este tipo de práctica, la línea entre lo que está bien y lo que está mal es cada vez más delgada. Por ende, en la isla, un ser humano común podría ser un transgresor en potencia, aunque esa conducta pase desapercibida, sea tolerada o aceptada por todos.

Este contexto es mucho más difícil en un país donde la ilegalidad está instucionalizada. A lo largo de los años, han estallado varios escándalos de corrupción alrededor de funcionarios estatales cubanos. Incluso, fuera de la isla, se han comprobado los nexos del régimen cubano con el narcotráfico en América Latina. A niveles más bajos, siempre se ha sabido sobre el desvío de recursos en todas las dependencias. El contrabando de productos de elaboración netamente nacional, que son sustraídos de almacenes estatales con la venia de sus encargados, que en su mayoría, pertenecen a las Fuerzas Armadas Revolucionaria (FAR), quienes además del poder político, gestionan el 30% de las empresas nacionales.

Ante semejante hostilidad social, la dignidad en su máxima expresión es utopía. No se puede reparar en “honestidades” cuando la lucha es por sobrevivir, pues quien mejor se adapta al medio es quien tiene más posibilidades; tal como en la selva, donde impera la ley del más fuerte.

Orlando Pérez

Bloguero de Cuba te cuenta.

Comentario

Facebook

Suscribete al Newsletter

Síguenos

Don't be shy, get in touch. We love meeting interesting people and making new friends.

Most popular